21 de abril de 2014

Período de intermitencia

  Estoy sintiendo que mi vida es como la línea amarilla de las rutas. La ves, no la ves. La ves. No la ves. LA VES. NO LA VES. Estoy sintiendo intermitencia. Una ciclotimia que dejó de ser ciclotimia y pasó a ser un constante noséquémierdamepasa multiplicado por veinte. No es raro el cambio de humor, no es raro que algunas cosas te golpeen y de un momento al otro tengas un estado de ánimo completamente distinto, pero se me hace increíble (no-creíble) que me esté pasando así ahora. Porque ni siquiera sé porqué.

  Mis períodos se podían definir bastante bien, tenía buenos tiempos y otros no tanto, y otros malos. Los pasaba, andaba, caminada, y lo que fuera, y saltaba de uno a otro quizás con intención y quizás sin. Pero sabía dónde estaba parada. Ahora no sé. No tengo períodos, sino un período de intermitencia que está subdividido y me hace sentir... rara. No quiero decir que me gustaría que mi vida fuera una línea recta sin ningún tipo de emoción, sino que me gustaría saber porqué estoy en intermitencia. Porqué me siento mal sin razones (aparentemente), porqué todo esto me parece tan coherente en un momento y tan estúpido en otro, y una lista larga de otras pregunta que no tienen respuesta, por ahora.

No me estoy quejando de las emociones de mi vida eso sonó muy torpe sino de la falta de explicación para esto. PORQUE QUIERO UNA EXPLICACIÓN. QUIERO SABER QUÉ ME PASA. QUIERO DEJAR DE SENTIR DESGANA. No es aburrimiento, no es falta de cosas que hacer, es desgana de muchas cosas. De estar, de sentir, de hablar, de esto, lo otro. Por ahora no hay desgana de escribir por suerte pero ¿quién sabe? En período de intermitencia no se sabe.

Maldita intermitencia, aunque no sé ni porqué te maldigo.

Voldemort.

piezas faltantes

Ay.

Imaginemos que una persona es un rompecabezas, y que para encontrar el todo tenemos que unir cada pequeña pieza de ese rompecabezas de cien partes. Entonces, imagino que yo soy un rompecabezas. Y cada una de las cien piezas que tengo es una parte de mí, de lo que soy y represento y voy formando.

Entonces, el rompecabezas empieza a ser armado. Y cada pieza se va poniendo en dónde se cree que va, y se va conociendo más de la persona, si se trata de mi cienpiezas, se va conociendo más de mí. Todo va bien, hasta que llega un momento en el que hay un espacio vacío en el que ninguna pieza del rompecabezas parece encajar. Y probamos con todas. Pero no hay caso, no hay ninguna pieza que se adecue a eso. ¿Qué pasa entonces?

Seguimos armando el rompecabezas y seguimos descubriendo cosas, vos de mí, yo de vos, él de ella, y quién sea de quién sea, pero de repente, hay otro agujero. Y otro, y otro. No falta solamente una pieza, faltan varias. ¿Dónde están? ¿Adónde se fueron? ¿Somos distintos porque esas piezas no están, verdad? Seríamos otros si, casi inconscientemente, no hubiéramos entregado esas piezas a otros, y ahora siguieran en nuestro poder. Seríamos otros si todas las piezas estuvieran en su lugar. Pero no están todas en su lugar, nos damos cuenta. Algunas se movieron, algunas pueden estar en tantas partes a la vez que es confuso. Pero ninguna reemplaza realmente las piezas que faltan. Pueden funcionar, sí, pero no es lo mismo.

Porque nos falta, porque no están. Porque son partes de nosotros que entregamos y que quizás, y muy probablemente, nunca vamos a tener de vuelta con nosotros. ¿Qué pasa si las entregamos sin ser conscientes de esto? ¿Qué pasa si nos arrepentimos? ¿El actual dueño de esa parte de nosotros la cuenta como parte de su rompecabezas? ¿Nos gustaría tener una parte de alguien más, una pieza, un recuerdo del cariño, el amor, lo que hubo y no está, o quizás sí está? ¿Podemos tener eso de vuelta, podemos volver a ser los que éramos?

Probablemente no. Esa parte de nosotros ya no existe con nosotros solos, existe con nosotros y alguien más. No la vamos a recuperar, no va a parecer de la nada, y si lo hiciera no sería la misma pieza que antes. Quizás por eso seguimos. Quizás nunca conozcamos cada pequeño aspecto de alguien, cada pequeña pieza de lo que una persona es, pero vamos a conocer hasta dónde podamos, hasta dónde nos deje. Quizás sepas algo de esa pieza faltante, quizás la rellenemos, también puede pasar que no.

Sigo armando mi rompecabezas. Sigo encontrándome con piezas faltantes. Y quiero llorar, me quiero reír, quiero hacer chistes, me quiero olvidar y también me quiero acordar de lo que esas piezas tenían y tienen consigo, y de quienes las tienen. Porque yo no las voy a tener nunca más, y no voy a volver a ser lo que era con esas piezas, por más mínimo e imperceptible que sea el cambio que me hayan producido.

Todavía me faltan muchas piezas que encastrar.

Voldemort.