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14 de enero de 2015

Las manos negras del pozo.

Nada, todo, esto, aquello.
Te pusiste a pensar y la mente te jugó una mala pasada: caíste en el pozo del que pocas veces podés salir sin llorarte un mar y encima te enojaste porque no podés ser tan pelotuda. Te decís que es el karma, porque venías TAN bien que parece una joda.
Y no, no es una joda. No es la primera vez que te pasa, no es la primera vez que te decís que vas a superar todo eso y de repente algo mínimo te hace caer de vuelta. Ya no hace falta una razón válida, no hace falta que te dejen de lado, que te ignoren, que alguien te conteste mal. Estuviste tanto tiempo en ese pozo que cualquier cosa, literalmente, te puede arrastrar cual agujero negro adentro otra vez.
Ahí estás, rodeada de negro, con la vista perdida en la luz de arriba. Nostálgica. Al principio pensás que no vas a poder salir, que todo está mal de nuevo, que no podés creer como llegaste hasta ahí. Pero entonces, te acordás que ya saliste una vez. ¿Por qué sería distinto ahora? Si la primera, que estabas tan mal que pensabas en morirte, la contaste, ¿por qué ahora no podrías? Ya tenés práctica en esto, te decís. Sabés que es verdad, y que lo que te ata a la negatividad son esas dos manos negras que parecen estar con vos todo el tiempo, que intentan llevarte de nuevo a la profundidad de aquél pozo que tanto odiás, y que tan confortable te parece cuando te acostumbrás a él. Pero no querés acostumbrarte esta vez, querés ver luz, querés salir.
Una vez afuera, en la vida que llevabas antes de volverte a caer, intentás alejar todo tipo de pensamientos que puedan conducirte hasta ahí de nuevo. Lo evitás con todo tu esfuerzo, pero la realidad es que esas manos horribles y frías están ahí, en tus hombros, siempre presentes.
Convivís, sí. Aprendés que no es tan fácil como pensabas deshacerte de esos años y años de dolor y enojo que ahora te pasan factura porque te extrañan. Y de una u otra forma, intentás equilibrarte. Llorás, te enojás, sentís que odiás aunque realmente no lo hagas por cosas mínimas, y las manos te reconfortan, pero seguís. Le ponés buena cara, te reís un rato. Intentás que la balanza nunca tire mucho para ninguno de los costados, caminás por el borde del pozo y tenés miedo de caerte. A veces te caés, pero volvés. Siempre volvés, porque no importa que tanto pueda esa oscuridad reconfortarte cuando todo está mal, sabés que afuera hay luz, hay cosas mejores. Y querés todo lo que es mejor.

Un buen día, dejás de sentir esa presencia que ya era parte de vos. Sí, claro que seguís llorando. A veces es necesario hacerlo. Y sí, te sentís mal. Pero ese vacío y esa necesidad de desaparecer no están siempre presentes. Una sonrisa te cambia el día, un abrazo, un pequeño y mínimo gesto te recuerda que todo eso es pasajero y que seguís adelante. El pozo está destapado, pero las manos negras están ahí, no con vos. Las saludás como si fueran viejas amigas, sin recelo. Al fin y al cabo, fueron parte de vos. Y ojalá nunca lo vuelvan a ser.

Voldemort.
(siempre me imaginé la depresión como un pozo con una presencia negra dentro, que te intenta llevar. De ahí las manos negras)

9 de noviembre de 2014

p u m, otra vez.

Odio, aunque quizás la palabra sea detesto, o la frase sea me molesta, ese momento en el que todo lo que tapo vuelve. Es un viaje de ida, sin pasaje de vuelta.

A veces, en esos momentos, me gustaría dividirme en dos personas y que la parte en mí que cree que esto es una tontería hiciera entrar en razón a la otra. Porque sé que es algo bastante vago para estar llorando (como estoy ahora), pero no toda yo lo entiende.

El problema es que, no quiero atención. Yo sé, ya lo asumí, que quiero más a las personas de lo que me quieren a mí. No me parece mal, y la verdad es que no me molesta. El otro problema es que, cuando aparecen más personas y me siento menos importantes que ellas, siento que todo ese cariño es en vano. Porque, hay cosas, que son para los más importantes. Yo sabía que no soy parte de ese grupo de elite, no me muero por serlo, pero tantas veces me hicieron sentir parte que me lo terminé creyendo. Y, pum, balde de agua fría. No lo sos. Y, pum, te avisé porque lo dijo alguien más. Y, pum, me junto con los demás. Y, pum, necesito algo. Y, pum, pum,
PUM!!!!!

Desearía mucho tener la capacidad de no ponerme mal por cosas tan estúpidas. Lamentablemente, no la tengo.

Voldemort.

3 de junio de 2014

Basta por favor.

Últimamente me estoy sintiendo como la mierda de vuelta. Pero como la mierda en serio.

No puedo parar de ponerme a llorar. Me tiro en la cama como la pelotuda que soy a llorar sin hacer ruido y a quejarme internamente de todo lo que me molesta de mí más que nada. Y ya me cansé, ya no quiero más esto y no sé cómo hacer.

Me quiero acostumbrar. No quiero andar con este humor de mierda. No quiero llorar tanto. No quiero sentirme una inútil e inservible, aunque lo sea para casi todo. No quiero que estén tan enojados conmigo.

¿Le tengo que rezar a algo? ¿A alguien? Ya no sé ni qué hago mal. Por favor, basta. Estoy cansada.

Voldemort.

21 de abril de 2014

Período de intermitencia

  Estoy sintiendo que mi vida es como la línea amarilla de las rutas. La ves, no la ves. La ves. No la ves. LA VES. NO LA VES. Estoy sintiendo intermitencia. Una ciclotimia que dejó de ser ciclotimia y pasó a ser un constante noséquémierdamepasa multiplicado por veinte. No es raro el cambio de humor, no es raro que algunas cosas te golpeen y de un momento al otro tengas un estado de ánimo completamente distinto, pero se me hace increíble (no-creíble) que me esté pasando así ahora. Porque ni siquiera sé porqué.

  Mis períodos se podían definir bastante bien, tenía buenos tiempos y otros no tanto, y otros malos. Los pasaba, andaba, caminada, y lo que fuera, y saltaba de uno a otro quizás con intención y quizás sin. Pero sabía dónde estaba parada. Ahora no sé. No tengo períodos, sino un período de intermitencia que está subdividido y me hace sentir... rara. No quiero decir que me gustaría que mi vida fuera una línea recta sin ningún tipo de emoción, sino que me gustaría saber porqué estoy en intermitencia. Porqué me siento mal sin razones (aparentemente), porqué todo esto me parece tan coherente en un momento y tan estúpido en otro, y una lista larga de otras pregunta que no tienen respuesta, por ahora.

No me estoy quejando de las emociones de mi vida eso sonó muy torpe sino de la falta de explicación para esto. PORQUE QUIERO UNA EXPLICACIÓN. QUIERO SABER QUÉ ME PASA. QUIERO DEJAR DE SENTIR DESGANA. No es aburrimiento, no es falta de cosas que hacer, es desgana de muchas cosas. De estar, de sentir, de hablar, de esto, lo otro. Por ahora no hay desgana de escribir por suerte pero ¿quién sabe? En período de intermitencia no se sabe.

Maldita intermitencia, aunque no sé ni porqué te maldigo.

Voldemort.

piezas faltantes

Ay.

Imaginemos que una persona es un rompecabezas, y que para encontrar el todo tenemos que unir cada pequeña pieza de ese rompecabezas de cien partes. Entonces, imagino que yo soy un rompecabezas. Y cada una de las cien piezas que tengo es una parte de mí, de lo que soy y represento y voy formando.

Entonces, el rompecabezas empieza a ser armado. Y cada pieza se va poniendo en dónde se cree que va, y se va conociendo más de la persona, si se trata de mi cienpiezas, se va conociendo más de mí. Todo va bien, hasta que llega un momento en el que hay un espacio vacío en el que ninguna pieza del rompecabezas parece encajar. Y probamos con todas. Pero no hay caso, no hay ninguna pieza que se adecue a eso. ¿Qué pasa entonces?

Seguimos armando el rompecabezas y seguimos descubriendo cosas, vos de mí, yo de vos, él de ella, y quién sea de quién sea, pero de repente, hay otro agujero. Y otro, y otro. No falta solamente una pieza, faltan varias. ¿Dónde están? ¿Adónde se fueron? ¿Somos distintos porque esas piezas no están, verdad? Seríamos otros si, casi inconscientemente, no hubiéramos entregado esas piezas a otros, y ahora siguieran en nuestro poder. Seríamos otros si todas las piezas estuvieran en su lugar. Pero no están todas en su lugar, nos damos cuenta. Algunas se movieron, algunas pueden estar en tantas partes a la vez que es confuso. Pero ninguna reemplaza realmente las piezas que faltan. Pueden funcionar, sí, pero no es lo mismo.

Porque nos falta, porque no están. Porque son partes de nosotros que entregamos y que quizás, y muy probablemente, nunca vamos a tener de vuelta con nosotros. ¿Qué pasa si las entregamos sin ser conscientes de esto? ¿Qué pasa si nos arrepentimos? ¿El actual dueño de esa parte de nosotros la cuenta como parte de su rompecabezas? ¿Nos gustaría tener una parte de alguien más, una pieza, un recuerdo del cariño, el amor, lo que hubo y no está, o quizás sí está? ¿Podemos tener eso de vuelta, podemos volver a ser los que éramos?

Probablemente no. Esa parte de nosotros ya no existe con nosotros solos, existe con nosotros y alguien más. No la vamos a recuperar, no va a parecer de la nada, y si lo hiciera no sería la misma pieza que antes. Quizás por eso seguimos. Quizás nunca conozcamos cada pequeño aspecto de alguien, cada pequeña pieza de lo que una persona es, pero vamos a conocer hasta dónde podamos, hasta dónde nos deje. Quizás sepas algo de esa pieza faltante, quizás la rellenemos, también puede pasar que no.

Sigo armando mi rompecabezas. Sigo encontrándome con piezas faltantes. Y quiero llorar, me quiero reír, quiero hacer chistes, me quiero olvidar y también me quiero acordar de lo que esas piezas tenían y tienen consigo, y de quienes las tienen. Porque yo no las voy a tener nunca más, y no voy a volver a ser lo que era con esas piezas, por más mínimo e imperceptible que sea el cambio que me hayan producido.

Todavía me faltan muchas piezas que encastrar.

Voldemort.

23 de febrero de 2014

miti-miti

   Supongo es parte de esto que llamamos vida el perder relación con algunas personas.

   Creo que es algo que se decide de a dos. A veces vos no querés saber más nada de la otra persona y te alejás, y cuando ese otro no hace nada revertir la situación, te está dejando irte. No es que vos decidís irte y la tenés fácil porque sí, si te vas sin más el otro te está dejando, sea por la razón que sea, y si el otro aparece es porque no quiere.

   Por lo menos a mí parecer esa es la lógica del asunto. Quiero ir al punto de que creo que en las relaciones humanas, esas en las que no soy muy buena que digamos, el granito de arena se pone de los dos lados. Vos no construís una fortaleza de confianza solo y el otro se mete, no. Se ponen las pilas y lo hacen de a dos, juntos. Cuando te importa alguien, sea el tipo de relación que sea, te interesás por la otra persona. Le ponés onda a saber de la otra persona.

   No estoy de acuerdo con quejarse porque el otro no le pone onda si vos no le ponés onda. ¿Querés saber como está? Hablale (esto lo aprendí a los tropezones, igual). ¿Te interesa? Entonces demostralo. Por ahí no es así en todos los casos, pero creo que en las amistades sí. Si vos te estás quedando sentado mirando como el otro no te habla, no te quejes después. Porque no estás haciendo nada que mirar las cosas como si vos no tuvieras nada que ver, y lo cierto es que estás dejando que el abismo que los separa se agrande. Entonces no es que el otro se alejó, es que te importó una mierda en el momento o cualquier otra razón, y ahora te hizo clic el cerebro. Delen seres humanos, media pila. Sentados no hacemos nada, movamos el culo y hagamos las cosas.

Echarle la culpa al otro porque no te da más bola si vos tampoco le ponés onda es una gilada. El esfuerzo se pone de ambos lados. 

Voldemort.

19 de febrero de 2014

agua y ajo muchacha.

  Hacía bastante tiempo que no me pasaba esto. Y cuando digo bastante me refiero a años.  

  No me gusta llorar por las personas, pero a veces es necesario. A veces me sale y no lo puedo controlar. Me acaba de salir de la nada. Mi problema no es sólo que no me guste que me pase esto, sino que me siento una estúpida. 

  Acá, yo, la que esperaba siempre una excusa para darse la vuelta e irse, una indirecta, algo que hiciera que yo entendiera lo que mi cerebro se cansó de repetirme. Lo que varias de mis amigas se cansaron de repetirme. ¿Y pasó? No, no tuve ese clic, por mucho que mi "situación" fuera compleja. Yo esperaba una respuesta mala, algo cortante, pero muy en el fondo creo que no quería que pasara. Tenía una pizca de esperanzas que acabo de machacar en un mortero y se la voy a tirar a la pizza como si fuera orégano.

  Otro problema es que me pongo en este estado de pelotudez por alguien a quien quiero mucho, y quiero mucho y ahí termina todo. Pero lo que supongo me duele un poco más es que yo era bastante buena con eso de ser resguardada y no confiar mucho en las personas, pero le entregué una parte de mí. Así como mis amigos y mi familia tienen una parte mía. Ahora, no tengo un imán que me traiga eso de vuelta, ya está, lo perdí, es de alguien más. Eso es lo que yo justamente intentaba evitar, pero bueno. Agua y ajo.

  Agua y ajo las pelotas, hubiera dicho yo en otro momento. Pero no me queda otra que bancármela porque estos problemas de minitah me iban a llegar en algún momento y el momento fue ahora. Parece que hice clic finalmente y estoy entendiendo que o me paro o me doy la frente contra una pared (otra vez, porque estúpida ante todo). He aquí a quien esperaba una mala respuesta llorando por una buena respuesta. Vedla eligiendo prevalecer del lado más adecuado para este momento. Y anoten esto porque si mis cálculos son correctos va a volver a pasar más o menos nunca, así que es un hecho que merece ser marcado en una agenda con muchos colores y referencias como el día en que Voldemort lloró porque le seguían constestando como siempre.

  Y si no me equivoco, porque evidentemente me equivoqué ya que me pasaron estas cosas de persona, decir todas estas cosas mezcladas con mi vocabulario entre lunfárdico y boludo me ayude un poco a entender. ¿O no? Voy a hacer de cuenta que un coro de voces me dijo que sí, mil gracias. 

Y si ya no queda nada que decirnos, que te vaya bien, un beso y adiós. 

Voldemort.

1 de enero de 2014

2013.

Apa.
Se me fue el último año de la secundaria. Ya se me pasó el upd, el festejo de los buces, bariloche, el uud, la fiesta de egresados y también la cena. Ya viví todo eso.
Se me hace increíble pensar en la cantidad de tiempo que esperé estas cosas y lo rápido que se me pasaron. Como cada vez que algo se me terminaba me quedaba pensando en lo que fue vivirlo. 
¡Egresé! (aunque adeudo una materia, pero egresé)
Se me hace raro pensar en esto. Siempre me pareció híper lejos este momento de mi vida: empezar un año en el que no tengo que ir reglamentariamente al colegio, en el que voy a empezar a estudiar para lo que yo quiero hacer y ser. Pero acá estoy, y se me hace increíble.
Ay, ay dosmiltrece...
Pasaron cosas que a veces son preferibles no recordarlas, pero viví tantas cosas lindas. Conocí tanta gente linda... Me llevo cosas muy lindas de este año que se fue. Conocí a personas increíbles, que espero estén en mi vida hasta mis últimos días. Me esforcé lo más que pude escolarmente, lo cual siempre dije que iba a hacer y por primera vez lo hice. Pude meter tres materias del CBC por UBA XXI (y me sentí bien conmigo misma, lo cual hace que cuente como un logro doble). Empecé Handball, ese deporte que hace millones de años quiero practicar y ahora lo puedo hacer. Aproveché mí último año y lo disfruté. ¡Me fui de campamento otra vez! Me hice amigos nuevos. "Misioné" y me metí en un grupo de gente muy linda con la que vamos a regalar sonrisas a un comedor. Soy un poco más positiva. Estoy más cerca de mis amigos y familia. ¿Qué más?
Reitero que este año tuvo sus bajas, sus verdaderas y dolorosas bajas, pero puedo decir que lo disfruté. Que lo recuerdo con bastante alegría.
Fuiste bueno, 2013.
Y espero que este 2014 sea mejor.

Voldemort.

12 de diciembre de 2013

Campamento azul 2013.



Tarde pero seguro.
Cuánta magia que tiene un campamento. Cuánta gente linda que puede conocer uno en un campamento. ¡Y cuántas sonrisas que podés regalar y recibir! Qué lindo es compartir momentos así con personas hermosas. Me llevo en el corazón el campamento azul 2013 y a las personas que conocí y con quienes compartí esos cinco días a pura risa y diversión. Da placer la gente así, siempre predispuesta, siempre ahí.
Me llenaron el corazón de alegría.

12 de octubre de 2013

Pará! Y corré.


No es como si tuviera derecho a quejarme, porque soy yo la que decide no mostrarse cómo es todo el tiempo y alejarse a la hora de hablar de lo que pasa. No es como si me pudiera quejar porque claramente la que no deja que alguien se acerque soy yo. Pero, ¿es mucho pedir que exista una persona que se de cuenta de estas cosas y que no tenga que ser yo la que suelte la bomba, sino que alguien me haga sentir en confianza y me lo pregunte, y yo pueda responder? ¿Realmente es mucho pedir?

Entonces no sé por qué tendría que tener "derecho" para quejarme, porque me estoy quejando igual y ni siquiera sé si es o no hipócrita, porque soy tan contradictoria todo el tiempo que ya ni entiendo.

Supongo que la etapa de sentir que todo se derrumba y se reconstruye no se terminó todavía, porque evidentemente o no la puedo superar o me quedan cosas que ver derrumbarse y reconstruirse, o quedarse en ruinas. Porque a veces las cosas se quedan en ruinas, ¿no? Das el cien por ciento de vos y ahí están los restos, que no van a volver a ser lo que eran, o siquiera un asomo de lo que eran. Se van a quedar así y lo vas a tener que aceptar y afrontar, porque nada de lo que hagas lo va a cambiar. 

Pero quiero que se termine. Quiero que pare, que las cosas se dejen de derrumbar, que el mundo no gire y que las ruinas desaparezcan. No se puede, pero ahora mismo quiero que pase todo eso, porque no puedo seguir caminando con tantas cosas en la cabeza y tampoco las puedo volcar en alguien más, porque no se lo  merecen. No quiero que se me caigan las paredes que construí con tanto esfuerzo, pero una a una las tengo que reforzar porque siento que en cualquier momento me voy a poner a llorar adelante de quien sea, porque no soporto mis propias reglas pero a la vez creo que son lo mejor. ¿Lo mejor para quién? Para mí seguro que no, pero no podría actuar de otra manera. No podría hablar con las personas cada vez que sintiera que algo va mal porque no me sentiría bien haciéndolo. Qué loco, no me sentiría bien haciéndolo y no me siento bien callándomelo, pero me siento mejor que si lo hiciera. Qué loco que es todo esto de sentir y ser adolescente y tener que caminar y seguir adelante con una mochila en la espalda.

Pero la preocupación se va a ir, porque dentro de poco va a pasar, entonces no tengo por qué preocupar a nadie más que no sea yo. Así que refuerzo las paredes, porque siempre es mejor prevenir, y me siento a esperar a que pase. A que se termine esta parte, la única parte que se cuando termina. ¿Y todo lo demás? Todo lo demás está ahí. Hay cosas que ya desaparecieron, hay otras que se van a quedar ahí siempre. Hay sentimientos que todavía no aprendí a ignorar, supongo que es cuestión de tiempo. Pero ¿cuánto tiempo? Eso tampoco lo sé.

Creo que lo que queda es mirar el lado positivo y el negativo y disfrutar el positivo mientras el negativo se alimenta a sí mismo, porque muchas veces no le hace falta que alguien más lo alimente. Pero hay que seguir caminando y sonreír, sonreír porque la vida sigue y en el futuro va a haber muchas cosas más por las que preocuparse o quizás no, y es mejor disfrutar lo que se puede. Porque las cosas mejoran, seguro que sí, y cuando todo está bien la vida es increíble.

Voy a correr hasta llegar a ese punto. Y después veremos. Como de costumbre, veremos.

Voldemort.

8 de septiembre de 2013

City of me.

Me imagino parada en el medio de la avenida principal de una gran ciudad cuyos edificios se derrumban, cuyos árboles perecen, cuyos habitantes desaparecen. Por momentos todo es desolado, todo es desierto: desierto en vida. Porque el desierto es todo lo que yo veo pero no todo lo que hay. Hay más, mucho más que yo no conozco y no veo, ciudades enteras, con edificios y torres y personas que son felices.

¿Por qué esas personas no se mudan a mi ciudad? ¿Por qué no llamo al mismo artista para que dibuje mi paisaje? ¿Por qué acá todo perece y allá no? ¿Por qué mi mundo se cae a pedazos mientras los demás mundos siguen en pie, siempre fuertes, siempre valientes? ¿Por qué no soy como las personas felices, y reconstruyo todo de una forma que me impida seguir cayéndome de vez en cuando?

Porque puedo reconstruir. Puedo volver a pintar el paisaje. Y revivir a todos mis muertos. ¿Pero de qué me sirve si eso no dura nada? Son segundos que muchas veces no puedo aprovechar. Es tiempo que invierto en reconstruir desde la base cuando tendría que construir incluso la base nuevamente. No soy una gran edificadora de ciudades, no puedo ni siquiera mantener el primer edificio que creé en pie, y pretendo darle vida a toda una ciudad. ¡Es una locura! Una locura que por momentos me parece la mejor decisión que jamás voy a tomar, porque esa locura me da esperanzas. Ver mi ciudad siendo lo que yo anhelo que sea me da ganas de seguir caminando por las mismas calles, de estar y participar y no solo mirar.

Ladrillo por ladrillo reconstruí, ahora, casi todo lo que pensé que no tenía arreglo. Hasta esos detalles que hubiera sido mejor dejar como estaban, en ruinas, olvidados. Puse y pongo lo mejor de mí y ver que los árboles están floreciendo. Sonrío, porque la ciudad tiene vida de nuevo.

Quizás no sea la mejor decisión que tome en la vida, quizás tendría que dejar de aferrarme tanto, quizás debería empezar a pensar que a veces para estar bien tengo que hacer cosas que por momentos no me parezcan correctas y deteste, ¿pero no es estar bien lo que busco? ¿No es mi fin último la felicidad? Y no esa felicidad ficticia que a veces se crea como clima en mi ciudad, sino esa felicidad que dura segundos pero te hace sentir que tocás las nubes con las manos, como si estuvieras en el edificio más alto de todos.


Así que estoy caminando por las calles de mi ciudad contemplando todo y siendo parte. Sé que hay cosas que tengo que cambiar, que mejorar, que quitar, que aprender y demás, y con el tiempo voy a poder. O al menos espero poder.

Voldemort.

23 de julio de 2013

Frutos sin tiempo.

No tengo tiempo.

Eso es lo que pienso cuando me empiezo a preocupar por cosas que no soporto: no tengo tiempo. A veces realmente no tengo tiempo para quedarme sentada como la estúpida que soy y preguntarme siete millones de veces las preguntas para las que no tengo respuesta. Pero a veces tengo tanto tiempo para hacerlo que me asusta: me asusta saber que puedo preguntarme todo eso y terminar como suelo terminar yo: llorando. Porque a veces pienso que hay pocas cosas que sé hacer bien (y es verdad), y una de esas es llorar después de pensar. Porque dos palabras dichas por cualquier persona en mí son miles de incógnitas que sacan lo más triste de mí. Me convierto en esa persona miserable que intento superar y no puedo dejar de sentirme mal por un rato. Y a veces ese rato dura horas, y días, y no tengo tiempo.

No lo tengo porque sé que sí lo tengo. Porque para mi el tiempo que invierto en mis pensamientos es demasiado. Me la paso dándole manija a lo que sé, a lo que imagino, a lo que supongo, a todo. Pero mis escenarios no son prometedores: es como mirar una de esas películas que apenas empiezan sabés que vas a terminar llorando. Mis escenarios son eso: deprimentes. No siempre, pero casi todas las veces. Lo más positivo que puedo llegar a pensar nunca suele envolver a mi entorno real, y las veces que sí, son momentos en los que toda la negatividad que poseo decide darme un respiro. O yo decido darme un respiro, porque en realidad la negativa soy yo.

Con la excusa del tiempo vienen enganchadas muchas otras oraciones que me impiden entrar en esos estados: tengo mejores cosas que hacer, mejores cosas de las que preocuparme, mejores problemas que atender. Parece una broma decir "mejores problemas", porque cualquier problema es eso: un problema, y no es mejor que otro si los contextos son distintos. O así lo veo yo, pero a las oraciones no les discuto. Si les busco la vuelta, si me empiezo a preguntar por qué no me ocupo de las cosas que quiero evitar, me voy a empezar a hacer la cabeza. Otra vez. Y no quiero.

No tengo ganas.

Y esa es la pura verdad. ¿De qué no tengo ganas? A veces parece que de nada. Me aburro mucho, me tiro en mi cama a mirar el techo y a pensar en cosas que no quiero recordar pero que me intrigan. Después, obvio, las tapo. Tengo muchas cosas en las que pensar. Incluso escribo mentalmente. O por lo menos lo intento, porque casi nunca me acuerdo exactamente las oraciones que voy pensando mientras camino, o estoy acostada, o como, o lo que sea. No tener ganas de nada puede traducirse en vagancia, pero no siempre es vagancia. A veces me quiero acostar y dormir y que no me molesten y quedarme así hasta encontrar algo que me llene. Y otras veces tengo ganas de hacer de todo (lo cual últimamente me pasa seguido) y me doy cuenta de que la verdad es que no tengo ganas de amargarme. No es que antes haya tenido ganas, no es que alguna vez tenga ganas de sentirme mal y aflorar mi odio, sino que, de alguna manera, encontré una especie de forma de no hacerlo.

No tengo ganas de amargarme porque éstas vacaciones no me siento como el año pasado o el anterior, y me parece un progreso. Mínimo, máximo, pero un progreso al fin. No me la paso amargada, lo cual no quita mi cuota de malhumor y odio y preguntas sin respuestas, pero no como antes. No tengo ni tiempo ni ganas de ponerme mal, y aunque poner todo en una caja y enterrarlo pueda no ser la mejor manera de hacer las cosas, no sé si ahora estoy bien de verdad, pero estoy mejor que hace tres meses y no me quiero poner de vuelta así. No importa si todavía no aprendí a decir todo esto en voz alta (porque no me sale, no encuentro el modo, y me sigue dando vergüenza), pero algo es algo. Y aunque no me guste el conformismo, voy a aceptar este progreso (y voy a admitir que algo me "sale bien"). 

Y cuando cuente con tiempo para martillarme el cerebro lo voy a hacer, pero para eso primero tendría que caminar un par de pasos más. Lo voy a necesitar, así como también voy a necesitar que alguien me de la cabeza contra una pared cuando me ponga en la piel de la persona estúpida que se siente miserable que suelo o solía ser, pero no me voy a compadecer de eso. No porque me sienta mal me voy a quedar mal, y apenas estoy viendo pocos de los frutos que realmente esperaba (he aquí un atisbo de las esperanzas que suelo negarme a tener pero que tuve y se cumplieron), y espero más.

Simplemente deseo no encontrar gusanos en las manzanas. Y si los hay, bueno, habrá que pisarlos.

Voldemort.
(Qué lindo es poner en palabras las ideas de uno cuando en la cabeza están todas desordenadas.)

26 de mayo de 2013

Felicidad: incógnita.


   No sé qué es la felicidad. O cómo es. O dónde está. O quién es, si es un quién. Yo supongo es aquellos momentos en los que estás solo o con personas que amás y vivís algo significativo que hace que tu alma sonría. Que hace que la sonrisa no la expreses con los labios sino con los ojos. Uno de esos momentos para mí es lo que la felicidad es.

   A través de experiencias propias, entiendo que la felicidad es pasajera, no es más que un estado en el que estás un rato y después desaparece. No es que crea que es imposible ser feliz, sino que creo que la felicidad trae consigo muchas otras circunstancias. O al menos a mí me atraviesan muchas.

   Soy feliz, no ahora, no ayer, y por ahí tampoco lo sea mañana, pero a veces, soy feliz. No sé si me doy cuenta en el momento o después, pero me pasa. Mi problema, es que parece a propósito. Cuando finalmente llego a ese punto de sonrisas y colores y cosas hermosas que yo creo muy lejano todo el tiempo, me dura lo que el agua en las manos. De repente, y seguramente porque en otra vida fui una tremenda hija de puta e hice sufrir a todo el mundo, pasa algo, lo que sea, que me hace replantearme el por qué de estar contenta, o, cuando son situaciones peores, noticias peores, etcéteras peores, entro en ese estado de llanto-sin-control-con-música-para-llorar por un rato hasta que me descargo, y entonces no puedo hacer nada para volver a tener una sonrisa en la cara, porque ya está, se pasó el momento.

   Otra cosa muy común en mí: que el momento se pase. El momento de quejarse, de hablar, de escuchar, de esto, lo otro y de aquello también. El momento se pasa y yo, porque así soy y no tengo ni idea de como se hace en estos casos para cambiar, los dejo pasar. Cuando estoy feliz, rara vez aprovecho a pleno el momento, aunque no estoy segura de si debería aprovecharlo, pero cuando el momento se va, pasa, termina, todo lo que hago es acordarme de eso e intentar, casi siempre sin éxito, nutrirme de buenas vibras y lindos pensamientos para tener de reserva cuando la bomba llegue. Porque literalmente, a la calma la precede la tempestad, y doy fe de eso con mis propias experiencias.

Voldemort.

21 de abril de 2013

Lazos a distancia.

   Tengo la, quizás, mala suerte de poder crear lazos a distancia.
   Suena raro, pero ¿vieron cuando empezás a hablar con alguien a quien no conocés y de repente te cae muy bien y de repente se están contando sus vidas y de repente hablar siempre que pueden porque les gusta hablar entre ustedes? Bueno, así. Es exactamente eso.
   Creo y contribuyo a la creación de lazos con personas que están detrás de una pantalla, que nunca vi, o que vi dos veces en mi vida, que, quizás, en algunos casos, algún día conozca. Pero son lazos en serio: son afectivos. Siento la necesidad de ayudarlos en lo que pueda, los quiero escuchar para que no se vean obligados a guardarse adentro todo lo que les pasa, les cuento mis cosas, nos reímos y gastamos y aconsejamos y parece una amistad de años, cuando en realidad se tardaron meses, quizás semanas para sentar las bases. 
   Y ahí estamos los que somos partícipes de estas relaciones, tiempo después, esperando a que la otra persona nos conteste, porque nos gusta hablar. Porque nos sentimos comprendidos, porque finalmente encontramos a alguien con quien hablar de lo que nos pasa sin sentirnos juzgados; porque desarrollamos algún tipo de cariño para con el otro y no nos importa nunca haber visto a la otra persona, lo queremos por lo que nosotros conocemos: por cómo nos escucha, trata, aconseja, reta, molesta, carga, burla: por cómo es para con nosotros. Todo eso hace que queramos al otro, y no nos importa como es físicamente, ni el color de los ojos, ni del pelo, ni el talle de pantalón, ni nada. No importa nada más que lo que esa persona es, y lo que es es lo que nosotros tanto queremos y por lo que seguimos hablando con el otro.
   Tengo de esos lazos, sí. Y los valoro mucho, y me pueden decir lo que sea, pero aunque no conviva con ellos como lo hago con mis amigos, aunque no sepa si es como conmigo con los demás, lo que yo conozco, lo que yo veo, es lo que para mí vale.  Y no puedo dejar de querer a una persona de un día para el otro porque no la conozco, y me duele no poder ayudar, y me encantaría estar cerca y abrazarlos. Suena completamente estúpido para algunos, pero de verdad mucha gente no tiene idea de lo reconfortante que es encontrar a alguien con quien hablar que no sepa nada de vos y por lo tanto no te pueda juzgar. Que simplemente te escuche desde cero.
   Lo malo de estas cosas es que se pierden. Que de repente no hablan más, y las cosas cambian y vos te quedás con el recuerdo de alguien a quien quizás nunca viste personalmente pero que conociste por internet, y dentro tuyo le agradecés mil veces todo lo que hizo por vos sin darse cuenta. Considero que esto es malo porque lo que más me gustaría es abrazar a esas personas y decirles que así como a mí me dicen que todo va a mejorar, para ellos también va a mejorar, y vamos a salir adelante todos juntos. Me quiero sentar a tomar mate, chocolatada o un vaso de jugo y hablar de cualquier cosa. Y muchas, muchas veces no se puede. Y eso es triste.

Maybe it's sad that these are now memories, and maybe it's not sad.

Voldemort.

14 de abril de 2013

Download.

Necesito canalizar. Mi enojo, mi tristeza, mis ganas de mandar todo a la mierda; necesito poner todo eso en algún lugar. No lo soporto, no lo aguanto, no puedo.
Soy una estúpida y me quejo de todo y en este momento me tiene sin cuidado. Me quiero morir pero no me voy a morir pronto y estoy cansada. Quiero dormir muchos días seguidos y levantarme solamente para llorar, porque así canalizo. No quiero hacer nada más.
No soporto nada, ni a mí misma. 

1 de abril de 2013

Soy una cucaracha, vió usté?

   No es nuevo que yo me queje de algo, porque siendo sincera me quejo bastante pero bueno, la verdad es que soy una pelotuda y necesito quejarme de las cosas de vez en cuando, más que nada porque conozco entes que disfrutan o a los que les gusta algo que a mí no y me preguntan sí me cabe y me veo en el dilema de si contestar amablemente lo que quieren escuchar (¡¿QUÉ?!) o contarles la triste verdad y expresarme de esta manera vulgar. Y bueno, nada, siempre es más divertido la manera vulgar, más que nada cuando te miran como si fueras un bicho raro. SÍ DOÑA, SOY UNA CUCARACHA, VIÓ USTÉ?

   Con todo esto intento ir a un momento en particular, del año pasado, en el que sucedió algo que me marcó mucho como persona y terminó de re definir mi vida (?): la madre de una amiga me dijo que estaba decepcionada. La situación fue algo así: yo, siempre simpática y buena persona, estaba en la casa de una amiga hablando con ella y con su madre, y esperando a que la mía llegara para tomar mates, también, cuando no recuerdo por qué -normalmente cuando algo no me interesa no recuerdo de dónde sale- se empezó a hablar de religión y yo sentí la necesidad de invocar a Hades tuve la genial idea de SEGUIR SIENDO SINCERA y comentar que soy atea, o que, en realidad, no creo en "Dios" (porque no niego que pueda existir alguna fuerza así, pero en "Dios" no creo). Haciendo un paréntesis, tengo que admitir que disfruto mucho la cara de "¡¿POR LA SANTA VIRGEN CÓMO ES ESTO POSIBLE?!" que ponen algunas personas adultas y creyentes cuando alguien confiesa no ser parte de la creencia en este señor inexistente a mi parecer. Y entonces, volviendo a mi interesante relato, la madre de mi amiga me regaló una mirada de incredulidad que rozaba con la molestia y me dijo que no lo podía creer. Palabras van y palabras vienen y, entonces, saca a relucir su lado creyente religioso o como sea y me dice que, según su opinión, que muchas veces me importó mucho y en ese momento me quise pasar por las bolas, no tendría que estar en un colegio católico, porque claro, como no creo no debería estar ahí. Debería pasarme a una pública o quéseyo. Y luego añadió un "la verdad que me decepcionaste con esto" o que el hecho de que no crea la decepciona, pero ambas cosas apuntan a lo mismo: yo la decepcioné porque no creo en este ente inexistente que denominan "Dios". 

   Increíblemente, para la sorpresa de mi propia persona, reaccioné casi como una persona normal y le comenté que a mí en el colegio me metieron por la enseñanza más que nada, porque si querían que me formara hípermegaresuper católicamente me podrían haber metido en algún colegio de curas, como al que iba antes. Y también dije que me parecía medio bobo que alguien se decepcionara por eso, pero que quésabíayo. Al rato llego mi madre, y le comenté la situación en broma -aunque me rompió los ovarios en serio que me dijera eso, porque ¡¿qué carajos?!- y que seguramente no me iba a dejar entrar más en su casa ahora que sabía de mi no-fé. La mujer se rió y me dijo que cómo no me iba a dejar entrar, que eso no cambiaba nadENTONCES POR QUÉ ME DIJISTE QUE ESTABAS DECEPCIONADA?! EXPLÍCAMELO, DALE.

   Después nos reímos, tomamos mate, y en ese momento tan decisivo de mi vida (?) terminé de resolver que: 
a) por más que quisiera nunca me iba a olvidar de ese momento de mierda en el que me dijo que estaba decepcionada por semejante pelotudez.
b) que me importa bastante poco la opinión de los demás sobre mi no-creencia porque si la gente puede andar por ahí profesando que cree yo puedo profesar que no y como ellos pueden decir que yo soy una pelotuda yo puedo decir lo mismo de ellos (aunque no me parece pelotuda la gente religiosa por serlo, sino algunos casos particulares) y que, al final, nos morimos todos y si me los encuentro en algún momento siendo simples almas me voy a reír mucho porque yo, la no creyente, estoy con todos esos creyentes y nada. LOL.

   Otro momento así fue uno en el que me negué a rezar en mi hogar, porque bueno, nada, soy re jarcor. Y se enojaron conmigo, y a mi me importó un huevo, porque no voy a ir en contra de mis creencias por satisfacer a otros. Y básicamente no sé, me quería quejar de que me pone muy de la concha de mal humor que me miren distinto por pensar de otra manera y esas cosas, y bueno, la verdad es que es el día de hoy que me acuerdo de ese momento y me re caliento pero la quiero, y la conozco hace años y bueno, voy a seguirle profesando mi no creencia por simple sed de venganza. Un besito.

Voldemort.

18 de febrero de 2013

Relaciones humanas.

   No soy buena para las relaciones humanas. Esto puede parecer una pelotudez, pero es la realidad. O lo que yo creo que es la realidad.

   Con relaciones humanas no me refiero a la simple interacción entre dos entes pensantes, sino a la decodificación que uno de los entes realiza de las señales que el otro ente emite quizás sin siquiera darse cuenta. Eso que se llama conocer. No porque no entienda como es que una persona puede llegar a conocer a otra, sino porque en las relaciones humanas uno deja que el otro lo conozca a conciencia con una previa demostración de confidencialidad por parte de la otra persona. Aunque a veces eso no hace falta, porque no sabés el motivo, pero las palabras parecen salir solas y todas esas cosas que le contaste a quizás dos o tres personas se atoran en una puerta para ver cuál contás primero. Eso es lo que no entiendo. Esa pseudo necesidad que se genera en uno de contar determinadas situaciones, determinados detalles, sucesos, recuerdos, etcétera, que intentamos esconder de todos los demás, del mundo. Me es raro pensar que puedo llegar a sentir eso con las personas, y no entiendo, sinceramente, cómo es que me pasa. Porque no soy de confiar mucho en la gente que casi ni conozco (incluso cuando mis amigos me preguntan cosas que yo no quiero decir, que quiero esconder, miento), y a veces en la que conozco tampoco. Porque no me sale, no nace de mí querer contarle todo lo que me pasa a las personas que valoro porque:

a) no quiero molestar a nadie con lo que me pasa.
b) me da vergüenza.
c) me siento pesada cuando bombardeo a alguien con todas mis inseguridades.
d) yo no me entiendo, así que no espero que alguien más lo haga, y contándole mis problemas no gano nada más que aburrirlos/molestarlos/etcétera.

   Pero a veces me sale, porque al ser humana (hasta dónde yo sé) tengo esos momentos en los que necesito realmente que alguien me escuche. No siempre es cara a cara, porque hay cosas de las que no podría soportar las caras de lástima o decepción de las personas, pero lo digo. Y me cuesta ojo y medio poder expresarme (cualquier persona que lea este blog se puede dar cuenta fácilmente de que me voy por las ramas para explicar un tema cuando no sé cómo explicarlo, y hablando o escribiéndole lo que me pasa a mis amigos es algo parecido).

   Y el punto es que no soy buena para la parte de las relaciones humanas que implica comunicación entre dos personas, que aunque decodifique los mensajes me cuesta mucho valor contestarlos a veces, porque la vergüenza vence, y la realidad es que no me gusta tener esa pseudo necesidad de querer contarle a alguien mis cosas, porque si me propuse por tanto tiempo guardármelas y contarlas cuando lo sintiera necesario, no me hace ninguna gracia que quieran salir todas la mismo tiempo, desafiando mis propios límites ya impuestos y casi siempre sin opción a renovación.

   Esto me hizo pensar no sólo porque no me gusta esa confianza que sale de la nada (aunque muchas veces termino agradecida de haber conocido a esas personas), sino que realmente me faltan un par de tornillos.

Cambio y fuera.
Voldemort.

17 de febrero de 2013

sigoestandobien.

  

Estoy bien.

   Tengo un sentimiento adentro que se llama cansancio. Nos conocemos desde hace una banda de tiempo, porque parece que le encanta estar cerca mío. Pero no es ese cansancio que uno siente después de hacer actividad física, o de leer dos horas seguidas. Es como una caja en la que se van metiendo diferentes cosas, cosas que hacen que la caja pese más.

   Parecía que todo estaba tranquilo, que las cosas estaban bien, porque para mí empezar el año relativamente de diez fue algo genial. Quitando algunas boludeces lo empecé genial. Y diciembre lo terminé sintiéndome... bien. Bien de verdad, podríamos decir. Pero no sé por qué, ni como, mi bien terminó en la aparición de esta caja. Me doy cuenta de que no sé cómo pasó ni cuándo, pero esas cosas insufribles que estaba tratando de superar aparecieron. Hola, me dijeron, personificadas en alguien, y se metieron en la caja. Y yo me bajoneé, porque no sé qué hacer, porque de verdad me empecé a sentir cansada.

   Se acumularon algunas cosas, sí, pero hay otras cosas que ya estaban ahí y nunca se fueron. Y ahora tengo la caja en la espalda y estoy cayendo directo en el pozo del cansancio. Yo sé que es híper raro, pero es como si todas las cosas más que molestarme simplemente me cansaran. Me sacaran las ganas de hacer cualquier cosa. Y me las sacan. No todo el tiempo, pero me pasa. Me dan ganas de dormir ocho días seguidos, no ver a nadie, y ser un ente que pase desapercibido. 

   Parezco estúpida, pero al mismo tiempo veo todo dos veces. Intento captar los detalles de las cosas, buscándole un lado positivo. Intento. Pero para mí es raro hasta intentarlo y de verdad me parece que está bueno que por fin esté haciendo esto. Aunque cueste.

   No hace falta que pase algo concreto para que esa caja esté ahí. Es un rejunte de diferentes momentos, palabras y pensamientos que se van acumulando hasta que la caja ya no la podés tapar más. Yo todavía tengo espacio, y encontré una solución, otro camino: empezar a sacar cosas de la caja. Hice un primer intento y aunque todavía no dio frutos, en breve va a pasar. Es una charla que tengo encima, que necesito, que va a ser un peso menos. Simplemente necesito hacer eso con las cosas de mi caja antes de que se rebalse, o desfonde.

Pero sigo estando bien.

Voldemort.

12 de diciembre de 2012

You know nothing.


Vamos a decir que "Jon Snow" es el nombre que reciben las personas que no evalúan la posibilidad de hablarle a otra persona porque les parecen feas; las que miran mal a alguien porque creen que es "gordo/a"; las que se ríen de quienes tienen problemas en el habla; las que se aprovechan de los demás cuando necesitan algo; las que prometen estar siempre y al primer indicio de que necesitás ayuda te dejan ahí y desaparecen; los que te acusan de cosas que no hiciste y ni siquiera te escuchan; a los que dicen que las personas se cortan solamente para llamar la atención; todos los que no dan segundas oportunidades, porque simplemente no quieren y no saben lo que es saber que te equivocaste y querer arreglar las cosas; los que usan la lástima para conseguir lo que quieren y no se esfuerzan; a quienes se creen mejor que el resto por tener dos puntos más en un examen; los que califican de burros a todos los que se llevan materias; a los que se ríen de los que estudian; los que tratan mal porque tienen un mal día; a los que refriegan las cosas buenas que les pasan en las caras de quienes quieren que les pasen esas cosas; las personas sin códigos tanto amistosos como amorosos; las que no fundamentan lo que dicen; los que no saben valorar a las personas que tienen a su alrededor; y a los que se equivocan y aunque saben que no tienen razón, no piden perdón; los que califican de cobardes a los que se suicidan; los que califican de exagerados a personas que les están contando que no la pasan bien; los que intentan manipular la opinión de los demás y a los demás; los que no respetan otras ideologías y califican a las personas de estúpidas por no pensar igual que ellos.

No sabés nada, de lo que los otros están pasando, de lo que necesitan, de cómo se sienten, de sus problemas, de su forma de ser, de ellos en sí, Jon Snow.


Voldemort.
(Quiero aclarar que yo califico en algunas de esas cosas y esto va también para mí. 
Otra cosa es que esto es una opinión personal, y digo "Jon Snow" porque es a él a quien le están diciendo que no sabe nada, no por otra cosa.
También quiero recomendar que vean Juego de Tronos, que es la serie de la que está sacado este gif. Está basada en los libros, que no leí pero quiero leer en algún momento, pero la serie está muy buena.)

17 de septiembre de 2012

Lost.


   Me consume la incógnita de no saber qué. Qué me pasa, qué siento, qué tengo, qué quiero. Es uno de esos momentos en los que el aislamiento alimenta a mi cerebro a seguir pensando y sacando hipótesis. Dejo de estar para pensar y pensar, y me pierdo. Me siento perdida. Pero ese es el problema. Me siento perdida y al mismo tiempo bien, como si estuviera en dónde tengo que estar. Es un poco raro, ya sé. Pero así me siento.

   Tuve ese sentimiento horrible de que estoy a punto de querer a alguien como un espécimen masculino con futuro amoroso en mi vida. Ni jodamos, ya lo bloqueé. Me funcionó bastante bien. Estoy segura, y de verdad segura, de que los homo sapiens sapiens los veo como personas dables y como nada, nada más. Me hace feliz. No me gusta querer, me cansa, me duele. Por lo menos hasta ahora me dolió siempre.

   Escolarmente estoy bien. Dos bajas y una materia en diciembre, pero no es nada nuevo. Escolarmente a nivel compañeros también, podría decir. Hubo una clase de catequesis, hace poco, en la que de verdad me sentí bien en el curso y me di cuenta de que los quiero, a algunos más que a otros, y no siempre a todos, aunque algunos me parezcan insoportables, pero como curso los quiero. Al menos los quise en ese momento de felicidad pura en el que estábamos todos cantando desde canciones religiosas -aunque algunos seamos ateos- para reírnos hasta las canciones del curso.

   Leí un libro que se llama "The Perks Of Being A Wallflower", y me enamoré. No solamente de la historia y del personaje principal, sino también del autor. Me encanta como lo hizo, como lo narró y explicó paso a paso y a su debido tiempo. Es mi nuevo libro favorito, ahora. Creo que hacía mucho no leía algo así: simplemente increíble.

   Socialmente a nivel amistad estoy bien. No es ese bien de que las cosas están perfectas porque cada vez hay un abismo más grande entre algunas personas y yo, pero remontan vuelo. A veces me siento incómoda, sapo de otro pozo, y esas cosas que me pasan. Pero no estoy mal, todavía estoy definiendo internamente quienes me importan de verdad de las personas que considero mis amigos. Bueno, todos me importan, pero quiero saber quienes son esos amigos que se cuentan con las manos.

   Me siento perdida. Como si... estuviera en dónde tengo que estar pero hubiese otro lugar para mí, otro lugar que me podría hacer más feliz que este, otro lugar que me va a llenar los huecos que no sé con qué llenar que tengo. Es raro porque paso de un estado de felicidad a uno de estos, de sentirse perdida. Lejos, afuera. Invisible. Me da más tiempo para pensar, a veces. Me da ánimos para hacerlo, razones. Pero por ahí no es lo mejor. Por ahí maquino tanto que termino perdida.

Voldemort.