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28 de junio de 2015

Me arrebataste el cielo y lo adornaste.

No me sentía especial en el mundo, ni importante. No me sentía como la primera opción de nadie, y entonces apareciste. Te cruzaste en mi vida, y de repente, me llenaste de felicidad. Me llenaste de amor. Me llenaste de muchas cosas que no sé explicar pero que sé no se comparan con nada. Me hacés sentir especial, única, la primera opción. La persona que elegís todos los días, como yo te elijo a vos, y como te voy a elegir para siempre.

“Pasional como sutil, me arrebataste el cielo y lo adornaste. Y con el tiempo me enseñaste qué es el amor, y que en la cama no hay restricción.”

Te amo. Gracias.


Voldemort.
(Estoy enoramoradísima, eso me pasa)

3 de junio de 2014

Basta por favor.

Últimamente me estoy sintiendo como la mierda de vuelta. Pero como la mierda en serio.

No puedo parar de ponerme a llorar. Me tiro en la cama como la pelotuda que soy a llorar sin hacer ruido y a quejarme internamente de todo lo que me molesta de mí más que nada. Y ya me cansé, ya no quiero más esto y no sé cómo hacer.

Me quiero acostumbrar. No quiero andar con este humor de mierda. No quiero llorar tanto. No quiero sentirme una inútil e inservible, aunque lo sea para casi todo. No quiero que estén tan enojados conmigo.

¿Le tengo que rezar a algo? ¿A alguien? Ya no sé ni qué hago mal. Por favor, basta. Estoy cansada.

Voldemort.

21 de abril de 2014

Período de intermitencia

  Estoy sintiendo que mi vida es como la línea amarilla de las rutas. La ves, no la ves. La ves. No la ves. LA VES. NO LA VES. Estoy sintiendo intermitencia. Una ciclotimia que dejó de ser ciclotimia y pasó a ser un constante noséquémierdamepasa multiplicado por veinte. No es raro el cambio de humor, no es raro que algunas cosas te golpeen y de un momento al otro tengas un estado de ánimo completamente distinto, pero se me hace increíble (no-creíble) que me esté pasando así ahora. Porque ni siquiera sé porqué.

  Mis períodos se podían definir bastante bien, tenía buenos tiempos y otros no tanto, y otros malos. Los pasaba, andaba, caminada, y lo que fuera, y saltaba de uno a otro quizás con intención y quizás sin. Pero sabía dónde estaba parada. Ahora no sé. No tengo períodos, sino un período de intermitencia que está subdividido y me hace sentir... rara. No quiero decir que me gustaría que mi vida fuera una línea recta sin ningún tipo de emoción, sino que me gustaría saber porqué estoy en intermitencia. Porqué me siento mal sin razones (aparentemente), porqué todo esto me parece tan coherente en un momento y tan estúpido en otro, y una lista larga de otras pregunta que no tienen respuesta, por ahora.

No me estoy quejando de las emociones de mi vida eso sonó muy torpe sino de la falta de explicación para esto. PORQUE QUIERO UNA EXPLICACIÓN. QUIERO SABER QUÉ ME PASA. QUIERO DEJAR DE SENTIR DESGANA. No es aburrimiento, no es falta de cosas que hacer, es desgana de muchas cosas. De estar, de sentir, de hablar, de esto, lo otro. Por ahora no hay desgana de escribir por suerte pero ¿quién sabe? En período de intermitencia no se sabe.

Maldita intermitencia, aunque no sé ni porqué te maldigo.

Voldemort.

piezas faltantes

Ay.

Imaginemos que una persona es un rompecabezas, y que para encontrar el todo tenemos que unir cada pequeña pieza de ese rompecabezas de cien partes. Entonces, imagino que yo soy un rompecabezas. Y cada una de las cien piezas que tengo es una parte de mí, de lo que soy y represento y voy formando.

Entonces, el rompecabezas empieza a ser armado. Y cada pieza se va poniendo en dónde se cree que va, y se va conociendo más de la persona, si se trata de mi cienpiezas, se va conociendo más de mí. Todo va bien, hasta que llega un momento en el que hay un espacio vacío en el que ninguna pieza del rompecabezas parece encajar. Y probamos con todas. Pero no hay caso, no hay ninguna pieza que se adecue a eso. ¿Qué pasa entonces?

Seguimos armando el rompecabezas y seguimos descubriendo cosas, vos de mí, yo de vos, él de ella, y quién sea de quién sea, pero de repente, hay otro agujero. Y otro, y otro. No falta solamente una pieza, faltan varias. ¿Dónde están? ¿Adónde se fueron? ¿Somos distintos porque esas piezas no están, verdad? Seríamos otros si, casi inconscientemente, no hubiéramos entregado esas piezas a otros, y ahora siguieran en nuestro poder. Seríamos otros si todas las piezas estuvieran en su lugar. Pero no están todas en su lugar, nos damos cuenta. Algunas se movieron, algunas pueden estar en tantas partes a la vez que es confuso. Pero ninguna reemplaza realmente las piezas que faltan. Pueden funcionar, sí, pero no es lo mismo.

Porque nos falta, porque no están. Porque son partes de nosotros que entregamos y que quizás, y muy probablemente, nunca vamos a tener de vuelta con nosotros. ¿Qué pasa si las entregamos sin ser conscientes de esto? ¿Qué pasa si nos arrepentimos? ¿El actual dueño de esa parte de nosotros la cuenta como parte de su rompecabezas? ¿Nos gustaría tener una parte de alguien más, una pieza, un recuerdo del cariño, el amor, lo que hubo y no está, o quizás sí está? ¿Podemos tener eso de vuelta, podemos volver a ser los que éramos?

Probablemente no. Esa parte de nosotros ya no existe con nosotros solos, existe con nosotros y alguien más. No la vamos a recuperar, no va a parecer de la nada, y si lo hiciera no sería la misma pieza que antes. Quizás por eso seguimos. Quizás nunca conozcamos cada pequeño aspecto de alguien, cada pequeña pieza de lo que una persona es, pero vamos a conocer hasta dónde podamos, hasta dónde nos deje. Quizás sepas algo de esa pieza faltante, quizás la rellenemos, también puede pasar que no.

Sigo armando mi rompecabezas. Sigo encontrándome con piezas faltantes. Y quiero llorar, me quiero reír, quiero hacer chistes, me quiero olvidar y también me quiero acordar de lo que esas piezas tenían y tienen consigo, y de quienes las tienen. Porque yo no las voy a tener nunca más, y no voy a volver a ser lo que era con esas piezas, por más mínimo e imperceptible que sea el cambio que me hayan producido.

Todavía me faltan muchas piezas que encastrar.

Voldemort.

8 de septiembre de 2013

BRC2013.

¿Qué me guardo?

Me guardo toneladas de risas. Con amigos, coordinadores, gente nueva, desconocidos, conocidos. Toneladas de risas que reflejan lo increíble que fue el viaje, la ida, la vuelta, la estancia, todo. Me divertí tanto que no puedo no sonreír cuando me acuerdo de mi viaje de egresados.

Me guardo un poco de llanto. Llanto en la Cena de Velas cuando todos nos sensibilizamos  Por cosas que pasaron, por cosas que están pasando ahora, y por cosas que vemos venir. Porque extrañaba al que no estaba allá con nosotros pero sí acá en Buenos Aires. Porque amo a mi familia y a mis amigos, y mis amigos son parte de mi familia. Llanto de emoción: emoción de estar ahí con la gente que me llena el alma a más no poder.

Me guardo todos los gritos que uno se pueda imaginar. Para bajar a comer, para cambiarnos, para despertarnos, para lo que fuera. De los coordinadores y de cualquier persona. Me llevo gritos de alegría y de tristeza y también de enojo, tanto míos como de otros. Gritos que se superaron y que ahora causan gracia.

Me guardo miles de recuerdos. En todo momento, en todo lugar, con mis amigos, mis conocidos, desconocidos, gente nueva, coordinadores. Miles de recuerdos felices que hacen que diga "la puta madre, ¡quiero volver!". Cosas tan chiquitas y otras tan gigantes.

Me guardo los mates en la playita privada con amigos. Me guardo a las amistades que me traje. Me guardo todas las canciones que canté con mi promoción. Ese "bueeeeenaa Linkin. Sos una genia" que me dijo un chico que no sé quién es mientras yo subía las escaleras y él las bajaba. Ese "vení vos también, dale" de Mono y el abrazo que le siguió en la Cena de Velas. El "sos como una hermana para mí" de uno de mis amigos más viejos. El abrazo en el que le expresé a mi mejor amigo y hermano de la vida todo lo que yo lo amo y que siempre voy a estar con él. El darme cuenta de lo mucho que amo a mis amigos. Lo ebrio que estaba mi cuasi hermano cuando bailábamos. La ida a la fiesta de disfraces con mi mejor amigo gritando "¡¡Aguante Adam Smith!!", una de mis amigas respondiendo "¡¡Viva Marx carajo!!" y yo diciendo "¡¡Aguante el socialismo, loco!!". Las siestas en la habitación de los "p". Me guardo haber quedado empapada de barro, haber tragado nieve, haberme caído esquiando, haber tirado bolas de nieve, haber manchado con barro a la gente, haberme reído a más no poder.

Me guardo tantas cosas que no sé como me entran. Yo veía mi viaje de egresados como algo que nunca iba a llegar, y de repente me estaba subiendo a un micro en el que venía la banda de Pergamino tomando vino y haciendo quilombo. Y de repente estábamos todos escuchando música y riéndonos. Y de repente estábamos en el huemul inspeccionando las habitaciones de toda la gente que conocíamos. Y ya se pasó. Y no pudo ser más increíble. Las excursiones, las noches, las comidas, nada pudo ser más increíble.

Pero nada, nada fue más increíble que pasarlo con mis amigos. Levantarme y ver a mis amigas durmiendo como morsas, turnarnos para bañarnos, salir al pasillo y encontrarme con más amigas y compañeras de curso y gente de mi promoción. Subir y bajar las escaleras y seguir con gente. Fue vivir con mi promoción, fue vivir con mis amigas. No se me ocurre un viaje más increíble que éste porque éste tuvo todo; salidas, excursiones, risas, llantos, y amigos. Familia, porque mis amigos son mi familia. Y Bariloche me hizo reafirmar que los amo con mi vida y que no podría vivir sin ellos.

Bariloche te pasaste volando, pero me hiciste feliz. Gracias mamá y papá por dejarme ser feliz así. A ustedes también los amo.

Voldemort.

1 de abril de 2013

La tristeza de la necrópolis.

   Ayer, treinta y uno de Marzo, se cumplió un año del fallecimiento de mi abuela paterna -a la cual sí conocí- y el seis de Abril se van a cumplir veinte años del fallecimiento de mi abuelo paterno -al cual no conocí- y la verdad es que tuve tiempo suficiente para reflexionar que por muchas cosas que me pueda haber gritado con mi abuela y de lo mal que nos hayamos llevado muchas veces, yo la amaba y la amo y no puedo decir eso de mi abuelo porque no lo conocí y en mi casa no hablaban mucho de él cuando mi abuela vivía y ahora eso es todavía más nulo. Y también está enterrado el hermano de mi papá, con su urna en el mismo nicho en el que está mi abuelo pero de eso sí que no sé nada, más que existió y falleció de muy chiquito.

   Por estos motivos, fui al cementerio el domingo pasado (ayer) y seguramente vaya el sábado que viene, y creo que hay pocas cosas que detesto más que los cementerios. No solamente por el hecho de que hay una infinidad de muertos enterrados o puestos en nichos. Me pasó que una de las veces que fui todo el pasto de atrás estaba híper crecido, y en esa parte también había tumbas. Tumbas viejas y que quizás ya nadie va a ver, pero no hay necesidad de no cuidarlas de esa manera. Es disgustante. Me pone mal de verdad ver lo poco que cuidan esas tumbas aunque seguramente las remuevan pronto si nadie las va a visitar, y el único granito de arena que puedo aportar es el de enderezar las cosas que se caen (como ejemplo de explicación, ayer cuando fui, acomodé el florerito de una tumba y el caballo de otra, porque no me gusta ver las cosas así).

   Cada vez que piso un cementerio llego a la misma conlusión: quiero que me cremen. A mí no me gusta entrar en las necrópolis porque me inunda la tristeza. No me gusta esta especie de ritual que consiste en ir y llevar un ramo de flores o lo que sea para depositar en el monumento, lápida o tumba de la persona que ya falleció, que está abajo de la tierra, en un cajón, pereciendo. Todo eso, las flores, los objetos, las fotos, las piedritas y el mármol, son formas de, supongo, consentir un poco a quien ya no está. Es más que nada también decoración; es algo visual. Y la realidad es que esa persona no está para verlo y no sirve de mucho hacer todo eso, porque ese alguien está muerto de todas formas.

   Escuché a mi viejo decir que quiere no sé qué cosa para que cuando estemos muertos estemos todos en el mismo lugar, o algo así. No sé bien como se llaman esas cosas, pero no va a servir de nada que lo haga. Si él se quiere enterrar bueno, yo me quiero cremar. No quiero que nadie me vaya a visitar en ningún lado, no quiero estar en un cajón abajo de la tierra, abajo de mármol y piedritas, y que haya personas, si es que las hay, que me dejen flores y esas cosas. No quiero que haya cruces, así como no quiero que haya nada. Tampoco quiero que mis cenizas estén en una urna. No. Quiero que cuando me muera y me cremen tiren mis cenizas en algún lugar que, a la persona que tiene las cenizas, le recuerde a mí. O a algún lugar que yo elija. Si tengo la mala suerte de morirme y que nadie se acuerde de mí solamente espero que si me creman no me pongan en una urna y me tiren por ahí. Voy a estar muerta, no quiero conmemoraciones del tipo físicas. Sí, una foto en la mesita de luz, bueno. Pero nada más.

    No quisiera someter a nadie a ese ritual que tanta tristeza me da y, en realidad, es mi decisión, así que no voy a someter a nadie a eso.


Del polvo venimos y al polvo volvemos.

Voldemort.

17 de febrero de 2013

sigoestandobien.

  

Estoy bien.

   Tengo un sentimiento adentro que se llama cansancio. Nos conocemos desde hace una banda de tiempo, porque parece que le encanta estar cerca mío. Pero no es ese cansancio que uno siente después de hacer actividad física, o de leer dos horas seguidas. Es como una caja en la que se van metiendo diferentes cosas, cosas que hacen que la caja pese más.

   Parecía que todo estaba tranquilo, que las cosas estaban bien, porque para mí empezar el año relativamente de diez fue algo genial. Quitando algunas boludeces lo empecé genial. Y diciembre lo terminé sintiéndome... bien. Bien de verdad, podríamos decir. Pero no sé por qué, ni como, mi bien terminó en la aparición de esta caja. Me doy cuenta de que no sé cómo pasó ni cuándo, pero esas cosas insufribles que estaba tratando de superar aparecieron. Hola, me dijeron, personificadas en alguien, y se metieron en la caja. Y yo me bajoneé, porque no sé qué hacer, porque de verdad me empecé a sentir cansada.

   Se acumularon algunas cosas, sí, pero hay otras cosas que ya estaban ahí y nunca se fueron. Y ahora tengo la caja en la espalda y estoy cayendo directo en el pozo del cansancio. Yo sé que es híper raro, pero es como si todas las cosas más que molestarme simplemente me cansaran. Me sacaran las ganas de hacer cualquier cosa. Y me las sacan. No todo el tiempo, pero me pasa. Me dan ganas de dormir ocho días seguidos, no ver a nadie, y ser un ente que pase desapercibido. 

   Parezco estúpida, pero al mismo tiempo veo todo dos veces. Intento captar los detalles de las cosas, buscándole un lado positivo. Intento. Pero para mí es raro hasta intentarlo y de verdad me parece que está bueno que por fin esté haciendo esto. Aunque cueste.

   No hace falta que pase algo concreto para que esa caja esté ahí. Es un rejunte de diferentes momentos, palabras y pensamientos que se van acumulando hasta que la caja ya no la podés tapar más. Yo todavía tengo espacio, y encontré una solución, otro camino: empezar a sacar cosas de la caja. Hice un primer intento y aunque todavía no dio frutos, en breve va a pasar. Es una charla que tengo encima, que necesito, que va a ser un peso menos. Simplemente necesito hacer eso con las cosas de mi caja antes de que se rebalse, o desfonde.

Pero sigo estando bien.

Voldemort.

31 de diciembre de 2012

Not my weekend, not my year.

   Este 2012 fue raro. Lo empecé como el culo, caliente y de mal humor, enojada con mis amigos, sintiéndome sola. Y ahora lo estoy terminando con buenos recuerdos de las mismas personas, con mejores relaciones, con más buena onda que como lo empecé.

   Creo que este año fue tanto bueno como malo porque tuve variedad de ambos momentos. Fue un año de primeras veces (nada sexual, aclaro) que no sé si están buenas, de arranques horribles de bronca, de gritos, de malos pensamientos, de peleas, de dormirme llorando, de llorar en cualquier momento del día, de odiar todo de verdad, de odiarme incansablemente, de estar perdida, de alejarme de personas importantes, de malas noticias y de muchas otras cosas. Las cosas malas y feas me las voy a acordar siempre, porque son de esos momentos que no son fáciles de olvidar...

   ...Pero rescato bastante. Y esta noche, voy a brindar por esto:

→ Los mundos que conocí.
→ Las bandas y cantantes nuevos (para mí) que empecé a escuchar.
→ El acercamiento a personas increíbles.
→ Las risas.
→ Que me afiancé más a mis amigos.
→ La gente que conocí en twitter con la que puedo hablar de cualquier cosa y que me bancan aunque no estén físicamente al lado mío (Bender, Andrea, Mica, Geraldine, Danita, Mica Bellatrix, Snowhore, Mati).
→  Las alegrías.
→ El Campamento Azul 2012.


    Como ya había dicho antes, este año tuve una frase en la mente, una que dice "Maybe it's not my weekend, but it's gonna be my year" y me estuve preguntando todo el tiempo qué me pasaba con eso. Creo que llegué a la conclusión de que mi pesimista ser piensa que este no fue un año tan bueno, a pesar de que mi parte optimista, esa que no sale mucho a la luz, piensa que si sobrepongo todo lo bueno de este año sobre lo malo, y me olvido de las veces que lloré y lo reemplazo con las veces que me reí, y tapo los malos recuerdos con canciones y libros, y sonrisas con mis amigos, no fue un mal año. A pesar de muchas cosas. Porque aprendí bastante, cuando tiré la toalla en cuanto a algunos asuntos la volví a levantar, tuve gente que me bancó (y tengo), y me reí. Me reí, me divertí. Aunque, sin embargo, no fue mi año. Definitivamente, ni las mejores alegrías pueden hacer que este haya sido mi año.

   Para este 2013 espero conocer más mundos, introducirme a más buena música, seguir afianzándome a mis amigos, conocer gente nueva y copada y, por sobre todas las cosas, crecer. Aprender un poco más, quejarme un poco menos, seguir adelante e intentar dormirme sin llorar. No pido mucho, che.

Voldemort.

18 de diciembre de 2012

Not my weekend, but my year?



Definitivamente me encuentro fuera de foco. Se acerca fin de año, con ello el tan aclamado y esperado y temido y muchas cosas más "fin del mundo" -mentiras- y las reflexiones que no me dejan dormir de noche. Porque aunque de día me torturo lo suficiente, no faltan las charlas conmigo misma de noche, que me dejan pensando y que termino abandonando en la mitad porque Morfeo me viene a buscar para llevarme al país de los sueños. País que últimamente me hace levantarme con múltiples incógnitas ya que estoy siendo partícipe de sueños increíblemente raros. No les encuentro mucho sentido, pero quizás es eso lo que los hace tan lindos al mismo tiempo (en alguna otra oportunidad voy a contar algunos de esos sueños extraños).

   Las charlas con mi ser van más o menos así:

•••
—Che, se viene fin de año. Cómo pasa el tiempo...
—Sí, vuela.
Momento incómodo en el que mente uno y mente dos están deliberando quién va a hablar primero y romper con el silencio. Es entonces cuando mente uno recuerda una frase que tuve presente todo el año en voz alta.
—Maybe it's not my weekend, but it's gonna be my year...
—¿Vos decís? —Mente dos se ve intrigada, porque está deliberando qué onda con la frase.
—No sé... nos pasaron cosas buenas.
—Y cosas malas.
Mente uno mira con mala cara a mente dos porque la misma ha sido muy sincera, pero al mismo tiempo se le genera una gran duda interna.
—Tendríamos que poner en una balanza esto... y ver. ¿Habrá sido nuestro año?
—Hicimos cosas bastante malas como para decir que fue nuestro año.
Silencio. Se contemplan la una a la otra.
—Pero conocimos gente copada, y nos divertimos más... —contrapone mente uno.
Bajan la mirada. Nuevamente, no llegan a una conclusión.
•••

   Me vengo preguntando en lo que va del año qué onda con esa frase. La tengo en la cabeza, me la acuerdo cada vez que pienso en qué significó este año para mí, y no sé. No sé si fue mi año, no sé si fue un mal año, no sé si fue un buen año. Yo creo que fue un miti-miti, pero al mismo tiempo me parece que eso no le hace justicia. De verdad tengo esa duda presente, así que pensé en enumerar —en otra entrada, en otro momento— las cosas buenas y las malas que tuvo este año. Y ver, al final, qué puedo decir.

Voldemort.
(La frase es de la canción Weightless de All Time Low.)

22 de noviembre de 2012

Dormir para siempre un ratito.


   Es un toque raro. Bueno, para mí no tanto. Pero estoy cansada. Y no de ese cansada de que me duelen los músculos porque hice gimnasia, o porque no dormí bien, o porque me golpeé, o nada que tenga que ver con la parte física. Estoy cansada de estar cansada de querer dejar de hacer todo y dormirse para siempre un ratito. Dormirse para siempre un ratito, eso sí es raro.

   Estar en el colegio es, una vez más, una buena patada en los ovarios cuando estoy en mi período (es la forma menos grosera que encontré para decirlo). No porque tengamos que hacer varios trabajos prácticos, y dar orales, y esas cosas que hacemos cuando está terminando el año. Puede que sea por decisión propia, o porque necesitamos nota en algunas materias (me suceden ambas). Cuando vaya a la facultad voy a tener que estudiar a montones, así que mejor que me acostumbre. Tampoco tiene que ver con las integradoras. Tiene que ver con que no estoy cómoda. No me gusta. Y no es que sea completamente normal que no me guste ir al colegio, porque hay tiempos en los que me gusta, lo disfruto porque sé que voy a ver a mis amigos y me gusta eso, aunque tenga clases, porque hay materias que sí me interesan y de las que quiero saber, y esas son cosas que sí disfruto. Pero ahora no, no disfruto ir al colegio a ver a nadie. No porque no quiera ver a mis amigos, sino porque no me encuentro. Está el curso, y estoy yo, y no me siento cómoda con ellos, y sé que a la gran mayoría le chupa un huevo. Y bueno, es lo que hay, pero no me dan ganas de estar ahí.

   Estar en mi casa, es, también, otra buena patada. Mi viejo está un toque más insoportable que de costumbre, lo cual me está empezando a alterar más. Pero ahora es como que de repente compensa las cosas. Está con dolores en los riñones por los cólicos, entiendo que le duela como la puta madre, pero no es mí culpa ☺. Mi vieja y yo nos estamos peleando más. Es como que yo estoy más irritable, y tienen un problema con casi todo lo que hago y digo, y me cansan, juro que no los soporto a veces. Sumémosle al eterno defensor de mi madre (hasta que no encuentra sus shorts de fútsal), es decir, a mi hermano, que me caga a pedos como si tuviera razón (que sea una histérica cuando me cansan no le da el derecho a decir que no tengo razón cuando me quejo porque él no hace una mierda y yo llego tres horas más tarde casi todos los días y nunca hay nada hecho). Básicamente, no me alegran la vida. No tengo ganas de estar en mi casa. Quiero estar en otro lado, y no en la escuela.

   Sin embargo, hago todo lo posible por llegar tarde a casa. Y a veces, a pesar de eso, tengo tan pocas ganas de hacer cosas que me vuelvo a mi casa. Esta semana los primeros tres días estuve en las casas de mis amigas, y fue tan relajante... no tener que escuchar a nadie del curso a quien no considere amigos, no tener que escuchar a mis viejos, no tener que ver qué hay que hacer en casa para que no me caguen a pedos a mí. Incluso estoy haciendo la tarea, cosa rara (porque muchas veces las hago en clase, no en mi casa, o a las termino el mismo día a la mañana temprano o en las clases anteriores), pero me distrae un toque. Pensar en la clasificación de los gastos, la trata de personas, el retorno de Perón, y lo que sea que estemos viendo en las otras materias, me está distrayendo. Aunque no tenga muchas ganas, a veces, de hacer nada.

   Así que básicamente, tengo esta cara de "hola, no me hables, pero me siento bien, así que no me jodas, porque estoy bien", y estoy, pero no sé si bien, sino que cansada, y con ganas de muchas cosas y con ganas de nada. ¿Me podré dormir para siempre un ratito? A ver si cuando me levanto entiendo algo.

Voldemort.

18 de noviembre de 2012

Ser arte y parte.


   Hoy fue el Festival Solidario Itinerante en el Centro Cultural No Me Olvides. La entrada era un juguete. Fuimos a la una para organizar todo, y empezó a las tres. Y aunque garuó, hubo mucha gente. Gente que se copó trayendo juguetes, y poquitas personas, que no consiguieron juguetes, llevaron alimentos no perecederos. Pero fueron.

   Hubo bandas en vivo. Se pintaron murales. Se transmitió la radio en vivo. Y estuvo genial. No solamente porque salió bien, sino porque la gente que fue se copó. Muchos no llevaron solamente un juguete, sino más. Incluso había juguetes nuevos, completamente nuevos. Todos en buenas condiciones, para nenas y nenes. Había un montón, de verdad. Y fue hermoso ver cómo cada vez había más gente y más cosas para hacer felices a los nenes de Corazones Felices (adónde vamos a llevar los juguetes y realizar, quizás, otro festival).

   Los murales se basaron en las ideas de democracia, igualdad y libertad de expresión. Y quienes querían pintaban... y había mucha gente pintando, muchos nenes pidiendo pinceles para pintar, muchas caras sonrientes, mucha gente cantando las canciones que sonaban y que las bandas tocaban. 

   Había mucha gente con ganas de ayudar. De hacer algo diferente. De pintar murales entre todos para decorar el Centro, de colaborar, de reírse, de pasar un buen momento dejando de concentrarnos en nosotros y nuestros círculos amistosos y familiares para pensar en personas que ni conocemos, pero que están ahí y que necesitan una mano. Nenes que con juguetes podrían ser mucho más felices. 

   No hay otras palabras para decirlo: fue una tarde increíble, siendo arte y siendo parte. Y espero se repita.

Voldemort.

2 de noviembre de 2012

Campamento Azul 2012.


   El domingo lo empecé a las cuatro y pico de la mañana, con una sonrisa en la cara. Sabía que me iba de animadora de campamento, sabía que iba a poder saltar y gritar y hacer a la gente reír como a mí me gusta. Sabía que me iba a ir con gente que aprecio mucho. También sabía que no iba a ver a mis amigos y a mi familia por cinco días, pero estaba bien con eso. Los iba a extrañar, pero me quería ir.

   A las cinco de la mañana llegué al colegio. Ayudé a entregar gorras, orientar a los padres, cargar la comida, los bolsos, contar a los chicos, y demás. Me subí al micro III, que era el mío. Para nuestra mala suerte, paró por un desperfecto y los tres micros se clavaron ahí una hora y media, dos horas, esperando a que llegara el otro. Bajamos las cosas y las subimos al otro micro. Subimos a los chicos. Los contamos. Salimos.

   Llegamos más tarde de lo previsto y empezamos a hacer las carpas. Las propias y a ayudar a los demás. Fuimos solamente tres a la reunión de animadores (quince minutos después), porque nos acordamos tarde, pero igual nos dieron las instrucciones. Numeramos a los chicos. Nos numeramos entre nosotros. Ese día empezaron los juegos con otros colegios, en los que nos juntábamos por número y animal. Cinco. Gato. En los mismos grupos nos conocimos, y encontré gente muy linda. Personas muy buenas, y algunas que no sé por qué fueron como animadoras, pero cosas que pasan.

   El lunes nos levantamos con lluvia. Servimos el desayuno y el almuerzo, más tarde, en el sum (salón de usos mútiples). Hicimos competencias por colegios. Hicimos juegos. Nos reímos, gritamos, saltamos. Servimos la cena en el sum, también. Esa noche íbamos a dormir todos ahí, pero no había lugar para muchos de nosotros... y dormimos en el baño. En colchones inflables, en el vestuario de uno de los baños. Y me cagué de risa.

   Martes. Contracturadísima, pero con todas las pilas. Sacamos todo. Repartimos nuestras bolsas y aislantes. Pasamos todas las comidas en nuestra acampada. Y el miércoles también. Ayudamos para todo: cortar la comida, pelarla, lavar los platos, juntar la mesa, repartir las frutas, poner la mesa, servir la comida, preparar el jugo, la chocolatada, servirla, y demás. Nos juntamos otra vez por número y animal. Y nos morimos de risa. Todas las veces que nos juntamos. Mandamos fruta cuando nos preguntaron las ventajas y desventajas de crecer, pero al final todos estábamos de acuerdo en algo: la ventaja es que sos más libre, la desventaja es que por eso tenés más responsabilidades. Jugamos a la búsqueda del tesoro. Representamos símbolos en la arena. Estuvimos en la playa, fuimos al centro, cantamos canciones para contrarestrar los gritos de los otros colegios. Nos dividimos en los grupos internos que ya teníamos. Nos quedamos en el quincho charlas con los animadores de otros colegios... nos levantamos para ir a ver el amanecer, con un profesor, a la playa. Y fue hermoso.

   Y el jueves nos volvíamos... Fue horrible levantarse y saber que ese día nos íbamos. Armamos los bolsos, desarmamos las carpas, ayudamos a los más chicos, desayunamos, y nos despedimos de los otros colegios. Intercambiamos gorras. Yo le di la mía a una chica de Tucumán a la que le tomé el re cariño y ella me dio la suya. Mi profesor de catequesis del año pasado me regaló su gorra del San José porque me la merecía. Lo amo. Es una persona sumamente increíble. Almorzamos.
El jueves también vomité, antes de subir al micro para volver, porque la comida de la noche anterior me había hecho muy mal. Dormí una hora y media, dos. Y después la pasé bárbaro en el micro con los chicos y los animadores y profesores. Y no me quería volver. Y llegamos. Descargamos. Y casa uno se fue para su casa. Me dijeron algo muy lindo, que no voy a repetir, pero que tengo en el corazón.

   ...y quiero estar allá. Me quiero ir allá otra vez. Fue hermoso poder animar a los chicos, hacerlos reírse, hacerme amiga de algunos, cantar, gritar, encontrar gente tan copada, reírme todo el tiempo, ayudar, sentirme útil... A pesar de que el grupo de chicos no se dejase animar tanto como el grupo que éramos cuando nosotros éramos los chicos y otros eran los animadores. Pero fue genial. Me encariñé con los nuestros y con gente de otros colegios. Fui feliz. Fui tan feliz que no sé como explicarlo con palabras. Me quedé sin voz, llegué con dolores de todos lados, y sin embargo... me encantaría estar allá todavía. Me encantaría. Por mucho que extrañé a algunas personas, y cosas como la ducha de media hora después de un día agitado, pero daría lo que fuera por estar allá, y seguir siendo feliz y pasarla increíble. Y por llevarme a algunas personas conmigo.

Voldemort.

22 de octubre de 2012

Cosas mías.


A veces no me gusta estar sola en un lugar porque me pongo a pensar en un montón de cosas y a veces me siento tan mal que simplemente no lo soporto.

En el celular escribo con las dos manos, y si en algún momento por alguna razón hago un movimiento extraño con los dedos seguido de la marcación de algún número, me veo en la obligación de hacerlo con la otra mano.

Me veo en la necesidad de repetir varias veces que mi opinión es mía y no porque sea diferente de otra está mal cuando me dicen que está mal.


Si me trono tres dedos en la mano derecha o izquierda, me trono los mismos tres en la otra, ni uno más, ni uno menos.

Me pone nerviosa ver que las personas tengan el cierre de una cadenita muy cerca del dije, me veo en el necesidad de acomodárselos.

Cuando me muerdo las uñas de una mano, hago lo mismo con exactamente los mismos dedos de la otra.

Hay muchas cosas que no le digo a nadie, porque no sé cómo. Y siento vergüenza.

Cuando estoy muy nerviosa me arranco hasta la piel de alrededor de los dedos.

Hace tiempo que lloro casi tres veces por  semana.

No sé controlar el dolor.

Me suelo detestar.

Sobrevivo.


Voldemort.

30 de septiembre de 2012

Septiembre.


   Este Septiembre leí The Perks Of Being a Wallflower, mi nuevo libro favorito (además de Uncle's Tom Cabin). Fui a mi primer clase de Filosofía en la vida, gracias a que una amiga me contó de un seminario que dan en la Universidad de Lomas de Zamora. Salí con mi grupo de amigas del curso por primera vez con permiso de mis padres. Me entregaron el boletín. Empecé a ir al curso de Literatura que Alina en el colegio. Pero no fue el mes que yo esperaba. Esperaba de verdad que Septiembre fuera un mes muy, muy bueno. Y a pesar de todo, no lo fue.
   Mi vieja y yo estamos en constante pelea, y ella y mi viejo también. Me tiene harta haciéndose la que no pasó nada cuando me grita para callarme y se ofende. Después viene y me trata bien, me promete cosas que NUNCA, JAMÁS EN LA VIDA, NI POR CASUALIDAD, cumple. Cada día me molesta más el hecho de pedir algo y que NO ME DEN BOLA. Porque no es que no tienen plata, porque a mi hermano le compraron lo que pidió, y no pidió una boludez, sino una play 3, y un par de zapatillas de la re concha de la lora. En mi gastaron un cuarto, en libros. Porque no me quieren comprar una cámara en cuotas, no me quieren dejar ir a ver ninguna banda que me gusta, no me quieren comprar ropa. Pero, OJO, no me quieren dar esos anillos de mierda que tengo desde que soy chica y no uso que yo quiero vender, ni esas cadenas del orto de la virgen y qué se yo qué más, que no me importa porque no creo porque soy Atea, que también quiero vender. OJO. Además de todo eso, hay alguien que no está bien, hay personas con las que no hablo casi. Hay muchas cosas. Y no sé, estoy cansada, agobiada, harta... pero como dicen los filósofos
"no te apesadumbres, siempre hay una puerta abierta".
Saquen sus conclusiones y analicen de qué hablan.

Voldemort.

26 de septiembre de 2012

Turn to cry.



   Lloré porque no servía; porque no sirvo. Porque siento que no encuentro mi lugar en el mundo, en mi circulo de amigos, en mi familia. Por tener opiniones diferentes y por lo tanto ser tomada como una decepción. Por los gritos ensordecedores que escuché de chica y que todavía escucho, que me recuerdan lo poco que valgo, lo nada que soy. Por malas notas cuando realmente me había esforzado. Por las buenas noticias. De felicidad por alguien más o por mí. Por emoción. Por sorpresa. Por personas que valieron oro para mí y para las que yo no valía nada, o dejé de valer. Porque los extrañaba, porque los necesitaba. Porque me sentía completamente sola. Por dolores físicos y emocionales. Por ellos, por aquellos y por esos también. Por mí. Lloré mucho por mí. Me castigué llorando por no entenderme y por no saber qué pasaba, por no encontrar a las personas adecuadas. Lloré por personas que no saben que existo, y que aún así me sacan una sonrisa. Por mis mascotas. Por amigos y familia. Por un libro. Por finales felices y tristes. Por canciones que significan todo, que me recuerdan muchísimas cosas. Por recuerdos. Para descargarme. Por bronca. Porque no podía, aunque quisiera. Porque todo era inútil. Lloré mucho. 
   ¿No será tiempo de dejar que otro llore? Aunque sea un rato, quiero parar.

Voldemort.

20 de septiembre de 2012

Hipócritamente fumadores.



   Mis viejos fuman. No desde ayer, ni desde hace dos años, sino que desde que nací. Desde antes de que yo naciera, en realidad. Mi vieja no sé, realmente, pero sé que mi viejo fuma desde los dieciocho años. Tiene cincuenta y dos. ¿Mucho tiempo, no? Mi abuelo materno también fuma, bastante, no sé si tanto como mi viejo, pero están ahí. Mi abuela materna fuma uno cada tanto. Mi abuela paterna fumaba, pero fue hasta que empezaron sus setenta, y no fumó toda su vida. Además, era un cigarrillo cada dos semanas. Míos únicos dos tíos (el hermano de mi vieja y la prima de mi viejo; sí, están casados. En su casamiento se conocieron mis viejos), también fuman. Sé que mi tío desde los veinte, o por ahí. Mi tía un poco después, pero están los dos arriba de los cuarenta, como mi vieja, y siguen. Mis primos no (aunque la más chica no tiene edad para pensarlo, ni siquiera, jajaja). Mi abuelo paterno no sé, no hablamos nunca de él en casa, pero siempre quise, siempre. Sé que mis dos tías abuelas (una de las cuales es mi madrina) no fuman. Mi tío abuelo tampoco fumaba. Mi tío segundo está cerca de ser una de las personas más sanas del mundo.

   A lo que voy con esto es a que todas esas personas que fuman, se dicen las unas a las otras que no fumen más, que lo dejen, que hace mal. «Ese es el último que te fumás, ¿no?» «¿Cuándo vas a dejar de fumar? Te hace mal». Y después de un rato, cuando entienden que esa hipocresía, esa forma barata del haz lo que yo digo pero no lo que yo hago no sirve, empieza la realidad. «¿Me convidás uno?» «Eu, ¿no me lo prendés?» Pasan, en dos minutos, por ahí diez, o una hora, o tres, o el tiempo que sea que tenga que trascurrir, de hacerse los señores y las señoras "quiero preservar tu salud", a pedir fuego o un pucho. Es hipócrita. Porque después, cuando ven en la calle a un pendejo de dieciséis, diecisiete o dieciocho años fumando, se indignan. Dicen que no pueden creer como son tan descerebrados. ¿Descerebrados? Me imagino, que piensan lo mismo de ustedes mismos, ¿no?

   Creo que lo que me molesta es eso. No solamente de mi familia, sino de todo aquél que fume. Cuando vos fumás, vos sabés que estás entrando en algo de lo que te podés volver muy dependiente, como también podés fumar un cigarrillo cada tanto. Pero lo sabés, sos consciente de que te hace mal y es un peligro. Y si tenés cuarenta años, y fumás, y lo hacés desde tu adolescencia, ¿con qué cara vas a decir que son unos descerebrados? ¿Me estás jodiendo? Fumás. Vos también fumás. Que tengas cuarenta años no te hace menos descerebrada. Si los que fuman son descerebrados, entonces la mitad de la población del mundo, creo yo, es descerebrada, ¿no? No solamente los adolescentes. No solamente sus hijos. Porque la gravedad se ampare de todos nosotros cuando un padre descubre que su hijo fuma. Cuando un padre de estos, digo, lo descubre. «No te podés arruinar la vida así», dicen. ¿Pero no están ellos arruinándose la vida, también? ¿Y se quejan de nosotros?

   Es mí forma de verlo, obvio. Yo fumo cuando me pongo muy, muy nerviosa. Y cuando me convidan. No en presencia de mis viejos. Porque están en contra de que se me ocurra fumar en algún momento de mí vida. Aunque si alguna vez se dan cuenta, está bien... Me retarán, me dirán de todo, pero eso no cambia nada. Van a ser hipócritas siempre. Ellos fuman. Por lo mismo. Mi viejo fuma por los nervios, la tensión. Mi mamá también. ¿Entonces? Yo sé que una flaca de dieciséis años para ustedes no puede tener demasiadas presiones, ni tener los nervios a flor de piel, pero... están equivocados. Muy.

Cada uno se arruina la vida como tiene ganas, al final. 

Voldemort.

17 de septiembre de 2012

Lost.


   Me consume la incógnita de no saber qué. Qué me pasa, qué siento, qué tengo, qué quiero. Es uno de esos momentos en los que el aislamiento alimenta a mi cerebro a seguir pensando y sacando hipótesis. Dejo de estar para pensar y pensar, y me pierdo. Me siento perdida. Pero ese es el problema. Me siento perdida y al mismo tiempo bien, como si estuviera en dónde tengo que estar. Es un poco raro, ya sé. Pero así me siento.

   Tuve ese sentimiento horrible de que estoy a punto de querer a alguien como un espécimen masculino con futuro amoroso en mi vida. Ni jodamos, ya lo bloqueé. Me funcionó bastante bien. Estoy segura, y de verdad segura, de que los homo sapiens sapiens los veo como personas dables y como nada, nada más. Me hace feliz. No me gusta querer, me cansa, me duele. Por lo menos hasta ahora me dolió siempre.

   Escolarmente estoy bien. Dos bajas y una materia en diciembre, pero no es nada nuevo. Escolarmente a nivel compañeros también, podría decir. Hubo una clase de catequesis, hace poco, en la que de verdad me sentí bien en el curso y me di cuenta de que los quiero, a algunos más que a otros, y no siempre a todos, aunque algunos me parezcan insoportables, pero como curso los quiero. Al menos los quise en ese momento de felicidad pura en el que estábamos todos cantando desde canciones religiosas -aunque algunos seamos ateos- para reírnos hasta las canciones del curso.

   Leí un libro que se llama "The Perks Of Being A Wallflower", y me enamoré. No solamente de la historia y del personaje principal, sino también del autor. Me encanta como lo hizo, como lo narró y explicó paso a paso y a su debido tiempo. Es mi nuevo libro favorito, ahora. Creo que hacía mucho no leía algo así: simplemente increíble.

   Socialmente a nivel amistad estoy bien. No es ese bien de que las cosas están perfectas porque cada vez hay un abismo más grande entre algunas personas y yo, pero remontan vuelo. A veces me siento incómoda, sapo de otro pozo, y esas cosas que me pasan. Pero no estoy mal, todavía estoy definiendo internamente quienes me importan de verdad de las personas que considero mis amigos. Bueno, todos me importan, pero quiero saber quienes son esos amigos que se cuentan con las manos.

   Me siento perdida. Como si... estuviera en dónde tengo que estar pero hubiese otro lugar para mí, otro lugar que me podría hacer más feliz que este, otro lugar que me va a llenar los huecos que no sé con qué llenar que tengo. Es raro porque paso de un estado de felicidad a uno de estos, de sentirse perdida. Lejos, afuera. Invisible. Me da más tiempo para pensar, a veces. Me da ánimos para hacerlo, razones. Pero por ahí no es lo mejor. Por ahí maquino tanto que termino perdida.

Voldemort.

12 de septiembre de 2012

Sangre.


   Qué ciclotímica que es esta familia. Pasamos del enojo al amor... bueno, si es que es amor. No sé si lo es, a veces. Porque sí, ¿qué adolescente no siente que sus padres no entienden nada de todo lo que les pasa, etcétera-etcétera, y en un momento de enojo les dicen que los detestan? Aunque no sé si todos los adolescentes sienten lo mismo que yo. A veces tengo un nudo de bronca en el pecho y lo miro a mi viejo y... quisiera no tenerlo. Quisiera, por horrible que parezca, que trabajara toda la noche, para así no tener que verlo. Que se fuera. A veces me da tanta bronca que la miro a mi mamá y no sé cómo es que no se separa. No entiendo, de verdad, por qué no se le pasa por la cabeza el hecho de irse. Más allá del hecho de que con su sueldo ni en pedo nos va a poder mantener a mi hermano y a mí, ¿por qué lo soporta? ¿Por qué cuando no tiene razón no se lo dice? ¿Por qué lo deja sentirse el que todo lo sabe? Yo no puedo. Sé que me tengo que aprender a callar la boca, pero no puedo. Me parece tan estúpido cuando nos manda a callar porque no pensamos como él. No es que mi vieja no lo haga, tampoco. Pero es diferente.

   Estábamos haciendo la cola para pagar la patente del auto ayer martes con mi vieja, y le pregunté qué pensaba del voto para los pendejos de dieciséis años. Cuando me preguntó que pensaba yo le dije lo que yo de verdad pienso: que uno es grande para todo o no es grande para nada. Ella revoleó los ojos y no me dio más bola. Le pregunté qué pasaba y me trató como si fuese una estúpida. No es que no me pase, porque en esta casa de mierda me tratan como si fuese una estúpida todo el tiempo, pero de ella me molesta. Me molesta porque yo no la odio y no la trato así. Me dijo que no le tenía que decir esas pelotudeces a ella, que quejarme era al pedo, qué no se qué. Y yo fui yo enojada, me importó una mierda la gente que estaba en la cola y su cara de mierda porque sabía que yo le iba a contestar. No me tratés como una pelotuda porque no comparta tu opinión, le dije. Ya sé que no sirve de una mierda decirte las cosas a vos, pero me lo preguntaste. Me pidió que bajara la voz. Me reí. Que no compartas pensamiento o como sea no va a hacer que me calle, yo pienso así y punto. Pasó un rato y la tensión se fue. Le dije que no quería que se enojara pero que me rompía las bolas que me tratara como una idiota.

   Es algo que me pasa seguido. Me refiero a que me callan muy seguido. Mi mamá a veces lo hace por mi propio bien, porque no reconozco autoridad en mi viejo y me importa, realmente, muy poco lo que venga después. Se me forma ese nudo de mierda en el pecho y le discuto, porque no tiene razón. Porque me embola que me quiera pasar por encima y que tenga la caradurez de decirme que no me tengo que dejar pasar por encima. Me enferma que no le discutan, que le den la razón. Pero parece que para eso estoy yo. Para la reprimenda también eh, soy la primera. Tengo todos los números comprados. Mi vieja a veces ya ni le discute, se limita a asentir. Mi hermano a veces inicia una especie de pelea, en la que mi viejo se hace el que todo lo sabe, como de costumbre, y nos dice que somos todos una mierda. Y si todos somos una mierda, ¿por qué carajo no te vas y nos dejás de romper las pelotas a todos? Si tanto le molestamos, y si tanto le molesto yo como hija, ¿por qué mierda sigue acá? No lo entiendo. No entiendo qué tanto cariño me puede tener siendo como es. A veces me preguntó si de verdad me querrá.

   Ahora, estos días, estuvimos relativamente bien. Pero su tono de mierda está ahí y en las mínimas cosas. No le dije nada. Estoy un poco cansada. Cansada de no saber qué soy yo para él, y de pensar en cómo esta familia interfirió en la formación de mi carácter. Esta familia y el colegio, y las personas. Las nenas y los nenes que tenía por compañeritos  en primaria que se reían de mí. Todos. Sin embargo, con este carácter y todo, hay veces en las que creo que está "bien" ser como soy. Por lo menos sé que no me va a pasar por arriba como lo hace, ¿no? Qué se yo. Creo que soy buena discutiéndole, pero esa no es mi cualidad. Porque hay veces en las que salgo perdiendo incluso teniendo razón. A veces me pregunto qué siento yo. Y no sé.

Voldemort.

8 de septiembre de 2012

Wish: to talk.


   Hablemos de como no soportan ver a dos personas del mismo sexo demostrándose amor dándose un beso. Hablemos de la intolerancia que tengo yo hacia la carcajada constante ante absolutamente todo cuando uno intenta hablar en serio. Hablemos también de como se sienten cuando están con sus parejas, como sonríen, como se les mueve todo. Podemos hablar de como los mismos monstruos que siempre creímos que estaban debajo de nuestras camas viven en nuestras mentes, de como la situación cambió y nos ayudó a ver mejor lo que nos sucede, del aumento de los impuestos. Hablemos de esa vez que, y del día en que. De él y de ella. Y de la que está más allá, sentada y sola. Hablemos de ellos, de los que nos caen bien y de los que no, de los que nos gustaría ser amigos y de los que no. Tenemos tiempo suficiente, podemos incluso hablar de la importancia de las diferentes materias que tenemos en nuestra educación, de por qué la bandera Argentina es celeste y blanca con un sol en el centro, de las importaciones. Podemos hablar de qué carreras queremos seguir, aunque dudemos entre muchas, hablemos de eso. ¿Qué tal de la importancia de las redes sociales en la vida de los adolescentes? ¿De la relación de dependencia con nuestros celulares? ¿De las peleas que tenemos en nuestras casas porque no nos dejan ser?

   Si les interesa también podemos hablar de por qué la música es un escape, de por qué los libros son tan importantes en la vida de algunos adolescentes. Hablemos de la discriminación racial de todos, de absolutamente todos nosotros para con los demás. Mejorémosla mediante una charla. Hablemos de la diferencia de género y como la misma inside en nuestras vidas. De las series televisivas que vemos, de la música que escuchamos, de los libros que leemos. ¡Podríamos incluso hablar de la existencia de seres extraterrestres! ¡De la existencia de Dios! De como yo pienso que no existe y ella sí. De como él está en contra del comunismo y vos del capitalismo. De lo mucho que me dolía que me dejen de lado y de cómo vos disfrutabas riéndote con las personas que pensaste nunca te ibas a llevar. Hablemos de las presidencias argentinas y de la educación. Hablemos de vos y de mí.

   Hablemos y hablemos hasta que nuestras lenguas se traben de tanto hablar y estemos acalorados porque nos encanta el tema del que hablamos. Hasta que no podamos más y se nos acaben todos los temas de conversación que mencioné y que pueden existir. Me puedo quedar hablando sola, pero hablemos antes de eso. No pido nada más que eso. Estoy cansada de pasar de estar con quienes me rodean a no saber por qué me siento tan lejos. No quiero forzar relaciones, no quiero querer por costumbre y mucho menos que me quieran por lo mismo. Simplemente pido hablar. Quizás funciona, y nadie forzó nada. Quizás no, y las cosas estaban completamente forzadas, pero no sabemos. Nunca sabemos. ¿Y si intentamos? No es complicado, al final. Hablábamos de tantas cosas.

Voldemort.

3 de septiembre de 2012

Am I good at something?


   → Sé que en cuánto a orientación si tengo un cuatro, es bastante. Me acuerdo la ubicación de la Unión Europea, no me puedo parar en Lomas y decir cuál es España, Italia, etcétera. Por que no tengo idea, porque no me acuerdo, y porque me acuerdo de dónde veo las cosas por las casas y locales de alrededor.

   → Sé que para estudiar Matemática, Química o Física si tengo un cuatro, es un milagro. No porque sea incapaz, pero directamente no entiendo. No entiendo por qué mierda 0 por cualquier cosa da 0, si vos estás multiplicando algo por nada, ese algo se queda igual, porque no se alteró ¡¡¡no entiendo!!! Y tampoco me interesa mucho saber cosas sobre las fuerzas y las uniones químicas, etcétera.

   → Puede que en materias como Psicología, Economía, Biología y etcétera sea buena, pero... no sé. Me dan vagancia, y en el caso de Economía no caso, estudio del libro y bueno... nosotros en el libro tenemos todo 0-razonado y a la hora de razonarlo, como no lo hice en clase, me cuesta el doble y entiendo la mitad de las cosas al revés. Biología no me importa. Psicología fue una materia buena dada por una tarada, pero bueno...

   → El baile, el canto y el deporte no son lo mío. 

¿En qué soy buena? 

  Puedo aplicar lo visto en Literatura, Sociología, Historia, Geografía, Política y Cultura-Comunicación-y-Sociedad a lo que pasa hoy en día en el mundo. Puedo jugar handball bastante bien, creo yo. ¿Pero soy buena?

  Sé dibujar y expresarme mediante palabras, puedo pintar un dibujo que me identifique y crear un mundo en el que los personajes aprenden, después de caerse repetidas veces, a levantarse con la cabeza en alto, pero... ¿soy buena?

  Tengo buen oído para relacionar diferentes canciones de diferentes bandas con la situación en la que estoy o con las personas que me rodean. ¿Seré buena en dedicar canciones que ni siquiera escribí?

  La mayoría de las veces no me cuesta decir lo que pienso, y la sinceridad que tengo a veces molesta, así como el hecho de que sea una persona irritable y con otros gustos y que hace otras cosas. ¿Acaso me quieren dar a entender que soy buena diciendo lo que se me pasa por la mente sin filtrarlo?

  No sé... no sé en qué soy buena. Aunque a veces me considere buena en algo, después me digo que no. Porque aunque yo sea buena, hay un millón de personas en el mundo que son mejores, ¿no? -Homero J. Simpson lo dijo. Bueno, Matt Groening, en realidad- ¿Y si un millón de personas son mejores que yo, qué quiere decir? ¿Que puede que yo sea la mejor de un millón pero la peor de otro, y al mismo tiempo podría estar en el medio de otro millón? Quizás sí, quizás no. Si en algún momento descubro para qué soy buena de verdad, lo voy a escribir. Aunque puede que no sea buena en nada, y sea buena no siendo buena en nada, ¿no? Estoy bastante segura de que eso es posible.

Voldemort.
Oh captain, my captain!