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11 de febrero de 2014

Lecturas 2013.

En el 2012 leí treinta y seis libros y me propuse en el 2013 leer más. Si bien leí treinta y nueve, no me incomoda la poca diferencia porque este año me vi en la situación de estudiar para poder quitarme tiempo de estudio de este año: uba xxi. Además estoy bastante contenta con los libros que leí.

• No. 6 volumen 1, 2 y 3 - Atsuko Asano.
• Death Note volúmenes 5, 6 y 7 - Tsugumi Oba.
• Último volúmenes 1 y 2 - Hiroyuki Takei y Stan Lee.
• Ciudad de Ángeles Caídos, Ciudad de las Almas Perdidas, Príncipe Mecánico, Princesa Mecánica - Cassandra Clare.
• La Pirámide Roja, El Trono de Fuego - Rick Riordan.
• Losing It, Faking It - Cora Carmack.
• Abzurdah - Cielo Latini.
• Beautiful Disaster, Walking Disaster - Jamie McGuire.
• El Hobbit - J. R. R. Tolkien.
• If I Stay - Gayle Forman.
• When Summer Ends -Isabelle Rae.
• Charade - Nyrae Dawn.
• Rebelión en la Granja - George Orwell.
• Breve Historia Argentina Contemporánea - Romero.
• Hermosas Criaturas - Kami Garcia.
• Traición - Scott Westerfeld.
• Peter Pan - James M. Barrie.
• Loking For Alaska, The Fault In Our Stars - John Green.
• Anna & The French Kiss, Lola & The Boy Next Door - Stephanie Perkins.
• 13 Reasons Why - Jay Asher.
• Crónica de una muerte anunciada - Gabriel G. Márquez.
• Literati - Barry McCRREA.
• Lucas - Kevin Brooks.
• Angelfall - Susan Ee.

Los marcados en negrita son los que más me gustaron y recomiendo. Son ocho porque no podía elegir cinco.


Voldemort.

15 de julio de 2013

Book me love.


Las hojas crujían bajo los pies de los caminantes. Los árboles comenzaban a quedare desnudos, si es que aún estaban vestidos. El jugo de frutas era menos frecuente, y las lluvias más. La preparación de café se olía desde el dormitorio. El sol no se quedaba tanto tiempo en compañía de los vivos de este lado del mundo como antes; ahora prefería otras compañías. Los desagües eran tapados inconscientemente por hojas, y destapados por buenas personas. O quizás no. Su alrededor cambiaba.

Lo que aún no cambiaba era la rutina de Amelia. Se levantaba temprano para ir a trabajar, y volvía después de las cuatro con el estómago lleno: comía de lunes a jueves en casa de una amiga, y los viernes en el bufet de su trabajo. A las seis de la tarde de todos los días, tomaba un café con poca azúcar y ni una pizca de leche. Previamente cambiaba su atuendo por ropa vieja, pero “presentable”, como diría su madre. Daba de comer a su dálmata, que ese año cumpliría siete, y miraba capítulos estrenos de sus series favoritos, que para su placer, se estrenaban casi todas en días distintos. Era monótono, y hasta en cierto punto, aburrido. Ya casi no se sorprendía: los capítulos eran predecibles. Imaginables.

Si sus amigas la invitaban a merendar, quizás diría que sí. Pero si lo hiciera, se aparecería luego de las cinco, habiendo visto el capítulo estreno de la serie que pasaran ese día. Tomaría un café de todos modos, reiría con las viejas anécdotas que sus amigas contaran, lloraría con las malas noticias, hablaría poco de ella, preguntaría mucho de las demás y se retiraría antes de las nueve y media, sonriente, contenta de haber pasado una amena tarde.

Si la invitaban a cenar, se ofrecería a hacer las compras, a llamar por teléfono al delivery, a cocinar, a lavar los platos, a barrer la cocina y a poner la mesa, esperando poder hacer todas, o casi todas, aquellas cosas, pero sabiendo que sus amigas no le dejarían todo el trabajo. Luego, cuando se encontraran sentadas en la mesa, diría que no le molesta ver ese programa de chimentos que tanto odia, porque no querría aburrir a sus amigas con los programas que ella acostumbraba ver. No se quedaría a dormir a menos que fuera viernes o sábado, y en tal caso se iría en la mañana del día siguiente.

Si no se quedaba a cenar, volvería a su hogar en colectivo, abriría la puerta y su dálmata festejaría su llegada moviéndole la cola. Prendería la televisión y, luego de cocinarse o pedir comida, cenaría sentada en el sillón y reiría a carcajadas con las comedias que pasaban en la noche. Seguramente luego leería un libro, y se iría a dormir tarde, no sin antes haber revisado su casilla de mail desde su celular: ese que dejaba en la mesa de la cocina casi todo el tiempo, razón por la cual contestaba tarde la mayoría de sus mensajes.

Si decidía que no quería merendar con sus amigas, les diría que estaba cansada, y aprovecharía la tarde escribiendo y leyendo. No realizaría el aseo a gran escala, porque estaba acostumbrada a hacerlo los domingos.

Los sábados, aun habiendo salido el viernes, o habiéndose quedado a dormir en casa de alguna de sus amigas, iría a la biblioteca comunitaria en la tarde. Saludaría a Carmen, la mujer que con una sonrisa recibía a todas las personas que ingresaban allí, y buscaría el libro que había dejado sin terminar el sábado anterior, o uno nuevo, en caso de haberlo terminado. Existía la posibilidad de que quizás hubiera encontrado tiempo entre semana para avanzar su lectura, pero quizás no.

Se sentaría en una de las mesas cerca de la sección “novelas”, justo en la misma en la que estaría sentado yo, desde media hora antes de su llegada. Me saludaría con un beso en la mejilla, me preguntaría cómo me encuentro, y yo le preguntaría a ella lo mismo, porque realmente estaría interesado en su respuesta. Hablaríamos por un rato, quizás nos reiríamos, quizás no. Pero seguramente el momento no sería incómodo, porque es fácil hablar con ella aún en el silencio. De libros. De música. De cualquier cosa.

Y entonces nos pondríamos a leer. Y disfrutaríamos de un silencio placentero, lleno de vida y palabras que no serían dichas en voz alta. Pero quizás mi mente se alejaría del libro y se concentraría en ella, distraída. La observaría y hasta me sonreiría. Porque ella era como los libros: estaba llena de magia e incógnitas, y todo lo que sabía de su persona era lo que había podido recolectar de nuestras conversaciones con el pasar del tiempo. Me intrigaba, y quería leerla. Quizás hasta me entendería, como muchos libros lo hacían. Seguramente me escucharía si yo lo necesitara, me abrazaría sin la necesidad de tocarme y me besaría sin posar sus labios sobre los míos.

Y desde luego volvería a enamorarme de ella, como ya lo estaba hasta entonces, y más si fuera humanamente posible. Me pondría contento cuando la viera reír. Y seguramente, cuando luego de un rato me mirara y me preguntara qué me sucedía, yo no encontraría palabras para expresarle ese amor quizás estúpido pero incontenible, terco, juvenil y tan loco como yo creía ser, y simplemente le respondería, con una sonrisa, que me distrajo su concentración, y que me tengo que ir.


(no recuerdo si lo escribí el 10 o el 11 de este mes, pero fue en clase.)
Voldemort.

20 de abril de 2013

El Demonio y la señorita Prym.



"Después, la voz —que se identificó como el príncipe de este mundo, el único conocedor de lo que acontece en la tierra— empezó a mostrarle las personas que tenía a su alrededor, en la playa. Al abnegado padre de familia que empaquetaba cosas y ayudaba a sus hijos a ponerse el abrigo le gustaría tener una aventura con su secretaria pero le aterrorizaba la reacción de su mujer. A la mujer le gustaría trabajar y ser independiente, pero le aterrorizaba la reacción del marido. Los niños se portaban bien por miedo a los castigos. La chica que leía un libro, sola en un bar, fingía indiferencia, pero su alma estaba aterrorizada por la posibilidad de pasar sola el resto de su vida. El chico que hacía ejercicio con la raqueta estaba aterrorizado porque debía estar a la altura de las expectativas de sus padres. Al camarero que servía cócteles tropicales le aterrorizaba la idea de que pudieran despedirlo en cualquier momento. La chica que quería ser bailarina, pero estudiaba derecho por miedo a a enfrentarse a la crítica de sus vecinos. El viejo que no fumaba ni bebía diciendo que así se conservaba en forma, cuando, en realidad, el terror a la muerte susurraba en sus oídos como el viento. La pareja que corría salpicando con le agua del rompiente, con una con una sonrisa en los labios, y el terror oculto de volverse viejos, aburridos, inválidos. El hombre que paró su lancha delante de todos y los saludó con la mano, sonriente, bronceado, sintiendo terror porque podía perder su dinero de un momento a otro. El dueño del hotel, que contemplaba aquella escena paradisíaca desde su oficina, intentando que todos estuvieran contentos y animados, exigiendo el máximo de sus contadores, con el terror en el alma porque sabía que —por más honrado que fuese— Hacienda siempre descubría errores en la contabilidad.
   Terror en cada una de las personas que había en aquella bonita playa, en aquel atardecer que dejaba sin aliento. terror de quedarse solo, terror de la oscuridad que poblaba la imaginación de demonios, terror de hacer alguna cosa ajena al manual de urbanidad, terror al juicio de Dios, terror de los comentarios de los hombres, terror de la justicia que castigaba cualquier falta, terror de arriesgarse y perder, terror de ganar y tener que convivir con la envidia, terror de amar y ser rechazado, terror de pedir un aumento, de aceptar una invitación, de ir a lugares desconocidos, de no conseguir hablar una lengua extranjera, de no tener capacidad para impresionar a los demás, de hacerse viejo, de morir, de hacerse notar por los defectos, de no ser notado por las cualidades, de no ser notado ni por defectos ni por cualidades.
   Terror, terror, terror. La vida era un régimen de terror; la sombra de la guillotina."
El Demonio y la señorita Prym, Paulo Coelho.
Voldemort.

25 de enero de 2013

"Absolutely Nothing"

Una vez en un pedazo de papel amarillo con líneas verdes él escribió un poema.
Y lo llamó "Chops", ya que era el nombre de su perro.
Y de eso se trataba todo.
Y su maestro le dio una A y una estrella de oro.
Y su madre lo colgó en la pared de la cocina y lo leyó a sus tías.
Ese fue el año en el que el Padre Tracy llevó a todos los niños al zoológico.
Y los dejó cantar en el autobús.
Y su hermanita nació con los pies pequeños y sin pelo.
Y su madre y su padre se besaron mucho.
Y la niña de la esquina le envió para San Valentín una firma con una fila de x y tuvo que preguntarle a su padre qué significaban.
Y su padre lo había metido en la cama por la noche.
Y estaba siempre dispuesto a hacerlo.

Una vez más en  un pedazo de papel blanco con líneas azules escribió un poema.
Y lo llamó "Otoño", porque ese era el nombre de la temporada.
Y de eso se trataba todo.
Y su maestro le dio una A y le pidió que escribiera más claramente.
Y su madre nunca lo colgó en la puerta de la cocina por la nueva pintura.
Y los niños le dijeron que el Padre Tracy fumaba puros.
Y que dejaba las colillas en los bancos de la iglesia.
Y algunas veces quemaba las bancas dejando agujeros.
Ese fue el año en que su hermana usó gafas gruesas y marcos de color negro.
Y la chica de la esquina se echó a reír cuando él le pidió ir a ver a Santa Claus.
Y los niños le dijeron por qué su madre y su padre se besaban tanto.
Y su padre nunca lo metió en la cama por la noche.
Y su padre se enojó cuando él le lloró para que lo hiciera.

Una vez más en un papel arrancado de su cuaderno de notas escribió un poema.
Y lo llamó "Inocencia: una pregunta" porque esa era la pregunta acerca de su chica.
Y de eso se trataba todo.
Y su profesor le dio una A y una extraña mirada fija.
Y su madre no la colgó en la puerta de la cocina, porque nunca se la mostró.
Ese fue el año en que murió el Padre Tracy.
Y él se olvidó de cómo era el final del credo de los Apóstoles.
Y atrapó a su hermana haciéndolo en el porche trasero.
Y su madre y su padre nunca se besaron o hablaron mucho.
Y la chica de la esquina llevaba tanto maquillaje.
Que lo hizo toser cuando la besó, pero la besó de todos modos, porque eso era lo que debía hacer.
Y a las tres a.m. se metió en la cama mientras su padre roncaba profundamente.

Es por eso que en la parte posterior de una bolsa de papel marrón trató con otro poema.
Y lo llamó "Absolutamente nada" porque eso es lo que era realmente.
Y el mismo se dio una A y un corte en cada maldita muñeca.
Y lo colgó en la puerta del baño porque esta vez no creía poder alcanzar o llegar a la cocina.



(Este es un poema/carta suicida que Charlie lee en The Perks Of Being A Wallflower, y que personalmente me llama mucho la atención y me gusta.)
Voldemort.

28 de diciembre de 2012

Lecturas 2012.


    Este año lo empecé leyendo por placer un libro que ya tenía en casa. Con el pasar de los meses, me propuse a mí misma leer veinte libros. Pero no cualquier libro, sino libros que me interesaran, que yo quisiera o quisiese leer. Y llegué a los veinte, y me propuse leer treinta, porque todavía había más libros que quería leer. Y seguí leyendo. En el colectivo, en clase, en mi casa, en mi habitación, en la computadora, desde el celular, en las casas de mis amigos, y en cualquier lugar en el que pudiera hacerlo. Quise leer cuarenta, pero me quedé en menos, en unos cuatro menos.
    Este año descubrí libros buenos y libros increíbles, personajes hermosos, historias fascinantes... y lo quiero compartir. Quiero reseñar brevemente mis lecturas de este 2012 que ya casi termina.

Trilogía Cósmica, C. S. Lewis.
Perelanda. 
Es el segundo libro de dicha trilogía (y el único que leí por ahora). Lo empecé a leer sin darme cuenta de que era el segundo, y me atrapó. Me gustó la historia, la forma en la que Lewis intenta explicar el origen de los diferentes mundos y de quienes los habitan. Tengo que admitir que se puso un poco denso en algunos momentos, y aunque no fue increíble, fue una muy buena lectura, ya que inconscientemente uno puede relacionar los análisis de los personajes con lo que nos sucede a nosotros día a día.

Trilogía The Hunger Games, Suzanne Collins.
Los Juegos del Hambre, En Llamas y Sinsajo. 
Me los habían recomendado hacía un tiempo y yo no les había dado bola, pero cuando me regalaron el primero (después de decidir leerlo en pdf) para mi cumpleaños, me di cuenta que me había perdido algo grande. Pude conocer esto antes, pero lo importante es que logré hacerlo. La trilogía en sí es genial, y me encanta que trate temas de la sociedad en su sociedad "ficticia" pero tan basada en el mundo en el que hoy vivimos. En mi opinión, En Llamas es el mejor de los tres libros, no solamente por los personajes que aparecen en el mismo, sino porque vos estás leyendo, y tenés una hipótesis, y dos capítulos después te das cuenta que todo era otra cosa. Y seguís leyendo, y estás seguro de algo... y nada que ver. El libro te sorprende todo el tiempo, tiene historias entrelazadas, detalles importantes... en fin, el tipo de libro que te engancha hasta el final.

Saga Hush Hush, Becca Fitzpatrick.
Hush, Hush, Crescendo, Silencio y Finale. 
¡Si abré odiado a Nora muchas veces! Ella se lleva el premio al personaje femenino al que más quiero golpear este año. Me puso nerviosa todo Crescendo, y en ciertos puntos de los cuatro libros sentí ganas de estrangularla, pero al final del día representa a muchas personas, con todas sus inseguridades pero su forma de ser fuerte y prevalecente. Para mí, Hush, Hush fue increíble, y si tengo que elegir el mejor de los cuatro libros... elegiría ese y Finale, porque en Finale hay tantas revelaciones, tantos sucesos importantes. De todas formas, sigo pensando que podría haber dejado la historia en un sólo libro, pero los otros tres me hicieron feliz. No puedo decir nada más que: si te querés enamorar, y envidiar a alguien por las personas que tiene al lado, tenés que leer estos libros. Vee, Patch y Scott se llevan un Oscar.

Saga Percy Jackson y Los Dioses del Olimpo, Rick Riordan.
El Ladrón del Rayo, El Mar de los Monstruos, La Maldición del Titán, La Batalla del Laberinto y El Último Héroe del Olimpo.
Espectaculares. La historia es atrapante, la forma en la que está narrada, sin hacerte querer saltear partes y obligándote a terminar, por lo menos, el capítulo antes de hacer cualquier otra cosa. Los personajes son muy geniales, y lo que me encantó es como las historias de cada uno en algún punto se conectan, o tienen que ver con lo que pasa en el presente de cada libros. Percy es un chico normal (dentro de todo), y a pesar de ser un semi-dios tiene todas esas incógnitas adolescentes, todas esas cuestiones que uno va tratando al crecer que hacen que el personaje sea más real. Además, es genial que los típicos personajes malos no sean justamente los culpables de todo. El final fue increíble, de verdad. No me lo esperaba, ni remotamente. Definitivamente el mejor libro de los cinco es El Último Héroe del Olimpo.

Trilogía Divergente, Veronica Roth.
Divergente e Insurgente.
Si digo que los amé ¿es poco? Porque no sé cómo describirlos. ¿Si son increíbles? Me encantaron. Desde la trama, la causa, los personajes, hasta los finales, las ideologías, todo. Son tan... reales pero ficticios, con todo ese egoísmo en algunas facciones y esa forma de ser tan desapegada en otras. De los dos, Insurgente es el que más me gustó (aunque la primera vez que lo empecé a leer leí dos capítulos, me indigné y no lo toqué por dos semanas). Porque además de tener toda una trama de la que es casi imposible despegar un ojo por más de media hora, tiene ese final que... que lo vale. Vale el arruinarse la vista. Creo que voy a morir con el tercero cuando salga.

Trilogía Puro, Julianna Baggott.
Puro.
Otro libro que me encantó. Estoy enamorada de la forma en la que está narrado el libro, no siempre desde la misma perspectiva (o POV, ajkfhkjsdafhgd it's a fan fiction thing), exponiendo las visiones de los diferentes personajes y haciendo que no tengamos una sola visión de los mismos, porque a veces cuando está todo narrada desde el punto de vista de algún personaje se pueden distorsionar las personalidades de los otros en cuanto a lo que a nuestro personaje principal le pasa con ellos, y acá es nada que ver. Tenés varios puntos de vista y al final vos terminás decidiendo que tan malos o buenos son. Baggott se re pasó con el libro, es increíble. Espero con ansias el segundo.

Saga The Mortal Instruments, Cassandra Clare.
Ciudad de Hueso, Ciudad de Cenizas y Ciudad de Cristal.
Me encantaron los dos, porque la historia es original, y los personajes son todos tan distintos que me hacen acordar a mis amigos y a mí, que somos amigos a pesar de que tenemos enfoques diferentes. Y acá es igual, son un grupo de Cazadores de Sombras con una mundana que no es mundana, un mundano que termina siendo vampiro, un hombre lobo y un mago, y es tan en contra de lo que en el mismo libro se plantea que es genial. Sin embargo, la emoción de Ciudad de Hueso no tiene comparación. Es el mejor libro hasta ahora.

Trilogía The Infernal Divices, Cassandra Clare.
Ángel Mecánico.
¡Un personaje femenino que nos hace más justicia! Bueno, no sé si a todos, pero Tess es tan mandada a hacer que me fascina. Genial personaje. Y muy buena historia, aunque sigo prefiriendo la de TMI, ésta es muy buena. Tengo que admitir que tuve algunos problemas al leerlo, porque me indignaba con lo que pasaba, o me ponía nerviosa y no podía seguir leyendo, pero espero que el segundo libro me atrape tanto como el primero.

Saga Fablehaven, Brandon Mull.
Fableheaven.
No me pareció nada del otro mundo, pero sí me gustó la historia. Me hace acordar un poco a Spiderwick, aunque acá se trata de una reserva, y lo que está bueno es eso y todo lo que ella implica para los personajes como para el mundo en sí. Lo que sí me encantó, además de Lena, es la manera en la que describe a las hadas. 

Trilogía Los Lobos de Mercy Falls, Maggie Stiefvater.
Temblor.
Romántico hasta la médula, uno se endulza con solamente leerlo. Pero es tierno, nunca deja de ser adolescente y tierno y lo divertido de todo el libro es descubrir como de a poco llegás a un final que por ahí no esperás, pero que te deja boquiabierta esperando por más.

The Perks Of Being A Wallflower, Stephen Chbosky.
¿Qué puedo decir? Se convirtió en uno de mis libros favoritos. Me encanta la interacción con el lector mediante el "Dear Friend", me encanta cómo está narrado, cómo el autor hace que cuando lo lea me sienta identificada, cómo me hace sentir menos sola y más comprendida... Es un libro increíble, que de verdad está bueno para leer no solamente una sino las veces que sean, porque creo que se pueden sacar muchas enseñanzas del libro y que además llega a dejarte algo, inconscientemente quizás, o no, para vos. Una frase que te de fuerzas, o que te recuerde que las cosas pueden mejorar, o que te de ánimo... es un libro increíble. Increíble con todas las letras.

Trilogía Firelight, Sophie Jordan.
Firelight.
Una buena lectura. La historia en sí está buena, aunque es un toque cliché que el personaje principal femenino se enamore del masculino, quien, casualmente, resulta ser quién está detrás de ella ya asea asechándola/cazándola/protegiéndola, etcétera. Sin embargo, los dragones me pueden increíblemente, así que espero que el segundo libro me guste tanto como este.

El Túnel, Ernesto Sábato.
Está loco el personaje principal, pero se parece a mí. Cuando lo empecé a leer y me di cuenta de que le pasaban las cosas que a mí me quedé re emocionada. Después me di cuenta de que está un poco peor que yo, pero bueno, le tomé cariño a Sábato. Hasta el final, el cual, en mi opinión, es malísimo. El anteúltimo capítulo tendría que ser borrado de la faz de la tierra, pero bueno, eso también hace al libro, que, me gustó mucho.

Saga Las Crónicas de Spiderwick, Tony DiTerlizzi y Holly Black.
El Árbol Metálico, El Ogro Malvado.
Estos los empecé a leer hace como tres años y recién este año encontré los últimos dos libros (son cinco) y pude terminar la saga. Son lecturas cortas y rápidas, y además atrapantes, por lo que terminás uno y ya estás agarrando el otro. Lo que más me gustó de estos libros es que cuando los empecé a leer no había leído antes sobre mundos así de fantásticos, y por ahí es por eso que Fablehaven no me impactó, porque ya tenía un previo conocimiento de estos seres, pero además la manera en la que empieza, y la presentación con la carta y las advertencias, hacen que los libros además sean divertidos y te hagan sentir parte. 

Death Note, Tsugumi Oba.
1, 2, 3 y4.
Es un manga, y me está gustando bastante. La idea me parece hiper original, y los fundamentos de Light son comprensibles aunque no justificados... lo suficiente como para confundirme como lectora y no saber de qué lado estoy. 

Verónika Decide Morir, Paulo Cohelo.
De este se aprende. No solamente de cómo pueden llegar a maquinar las personas, sino de la vida, de lo que uno es, de la importancia de ser fiel a uno mismo y demás. Me fascinó. Lo leería de nuevo si tuviera la oportunidad.

Unsaid Things... Our Story, McFLY.
Es la autobiografía de la banda, y me encantó. Sobre todo porque son ellos contando su propia historia, sin filtros, sin miedo a lo que puedan decir, y siendo totalmente sinceros. Eso es lo que falta en la industria de la música hoy: sinceridad.

Aguas Oscuras, Claudia Gray.
Una forma genial de crear otra historia en el Titanic que no sea la que todos conocemos de Jack y Rose. Lo que también tiene de bueno es que además de enamorarte de los personajes, aprendés del trato de esa época, de cómo era la sociedad, y demás datos sociales que pueden servirnos para ver si tenemos o no un progreso.

Trilogía Tierra de Magia, Amanda Hocking.
El Viaje y La Caída.
Espero leer el tercero con ansias. ¡Trylles! Akjashfjksgh. Básicamente no me lo esperaba y como nunca había leído sobre Trylles el hecho de que se tratara de una princesa enamorada de su, por decirlo de alguna forma, "sirviente", no me molestó tanto aunque es cliché. Sin embargo, La Caída superó mis espectativas. Pensé que el personaje principal se iba a mostrar más débil, y ¡pum! Hizo lo correcto y no lo que quería, aunque por un lado sí quería hacer eso. Me encanta cuando los personajes que parecen egoístas te muestran su otra faceta.

    Espero que este 2013 pueda terminar las Sagas y Trilogías que tengo sin terminar, y que también pueda empezar con las que tengo en lista de espera. Recomiendo todos y cada uno de los libros que leí, pero sí tengo que hacer un top 5 de los mejores, eligiría: The Perks Of Being A Wallflower, Insurgente, Verónika Decide Morir, Puro y En Llamas.

Voldemort.

9 de agosto de 2012

Libros.


   ¿Saben lo que siente leer? Pero no hablo de esa lectura por arriba que hacemos cuando nos dan un texto que no nos interesa en Literatura, sino de esos momentos en los que las primeras tres palabras de lo que leemos nos cautiva, nos atrapa. Sea o no un libro para el colegio, sea o no un libro que nos llamó la atención por su nombre. ¿Saben lo que se siente?

   Yo sí. Amo ese sentimiento. Esa curiosidad que me generan ciertos libros. Amo que me interese tanto que llegue a sentirme parte, que me indigne cuando un personaje actúa como un idiota y que me avergüence cuando el mismo haga el ridículo. Incluso las lágrimas, las risas y las sonrisas que me sacan las diferentes historias me hacen feliz.

   También me hace feliz estar en otro mundo. Cuando leo me olvido de lo que me pasa. Puedo estar en un mal momento en mi vida y leer la mejor parte de todo el libro y ser feliz. Sentirme bien. O puedo estar leyendo la parte más triste y empezar a llorar. Quizás llore simplemente por eso, o puede que aproveche para descargarme. Pero los libros me teletransportan a mi mundo de colores en el que no sufro, y si sufro, no me hago la mala sangre que me hago yo en este mundo, en esta realidad llena de problemas que en mis libros se solucionan. Porque a medida que vas leyendo, te da cuenta que ellos también tienen problemas, están atravesados por situaciones que los ponen de mal humor, los enfrentan, separan, enojan, pero al final, hay una solución. Incluso si no tiene una buena resolución la ruptura de alguna relación, ya sea amistosa o amorosa, aprendés algo de ellos, podés llegar a aprender el por qué, y darte cuenta que alguna vez te pasó.

   Los libros tienen ese poder. El de despejarte. De enseñarte. Ayudarte. Los libros no son simplemente páginas llenas de letras, que forman palabras, que forman oraciones, que a su vez componen párrafos que unidos entre sí, y divididos por capítulos, actos, etc, tienen fragmentos de una historia que quizás alguna vez fue y quizás no. Son magia. No me refierro a que todos traten de magia, sino a que los mismo tienen una cierta magia que nos hace amarlos tanto. Por ahí es la forma en la que el autor o la autora une las palabras, por ahí un personaje en específico que nos hace recordar a alguien o a nosotros mismos, quizás la historia en sí... pero fuera de todo eso, tienen la magia de abrir mentes, abrir mundos. Nos abren la cabeza hacia cosas nuevas. Estamos a un libro de aprender algo nuevo, según yo creo. 

   Últimamente me veo rodeada de libros de carácter fantástico, futurista y quizás alguna que otra novela romántica o divertida. Brujos, semi-dioses, países destruidos después de la guerra, ángeles caídos, hombres lobo, reyes, príncipes, magos, vampiros, hadas, cazadores de sombras, faunos, centauros, elfos, muggles/mortales/mundanos, personas comunes, etc. Esos libros me sacan de esta realidad, y... me hacen sentir bien. Me basé más que nada en lo que leí hasta ahora para escribir lo anterior, pero, sin embargo, voy a continuar con mi lectura y espero poder introducirme un poco más en el realismo.

Los libros me hacen feliz.

Voldemort.
Pd: hoy señé un libro.

27 de julio de 2012

Dar por amor.


Si te molestan los spoilers, no leas lo que está en blanco. Te avisé.

   Hoy terminé de leer Cazadores de Sombras: Ciudad de Cenizas, y me puse a pensar en las semejanzas que tienen algunos de sus personajes con los de Percy Jackson y Los Dioses del Olimpo. Lo que me llevó a pensar en ello fue la determinación de los personajes en cuánto a las personas que más aman en el mundo.

   En los libros de Cazadores de Sombras, Jace y Simon están enamorados de Clary. Éste último, aunque al principio es un mundano, se empeña en acomplañarla porque tiene miedo de que le pase algo, y arriesga su vida al no saber nada de combate más que tiro al arco -y eso sirvió una sola vez- para protegerla. Por otra parte, Jace se enfrenta quién cree su propio padre, y a quién sea que se atreva a hacerle algo a ella, metiéndose reiteradas veces en situaciones de muerte. Incluso en el segundo libro, cuando se libra una pequeña batalla entre demonios y Cazadores en el barco en el que Valentine se transportaba, Jace busca a Clary apenas tiene oportunidad, no importándole tener que matar a nadie o morir en el intento de rescatarla de las garras de su padre.

   En el caso de los libros de Percy Jackson, Luke, aunque convertido al bando malvado por manipulación, se preocupa por Annabeth todo el tiempo. Percy, además, en cada combate está pendiente de todos los movimientos de ella, para acudir a su rescate si algo le sucediera. Es así que en el último libro, cuando Luke logra su destino, él y Percy son ajenos a todo lo demás, concentrados simplemente en lo que Annabeth tiene para decir, y en el estado en el que ella se encuentra.

   También en el caso del amor hacia los amigos, está la conexión por empatía que posee Percy con Grover -un fauno- por la cual se encarga de mantenerse informado del estado de su amigo. Porque si él se encontrara en problemas, Percy sería la primera persona en correr a socorrerlo. Y, por otro lado, el casi colapso de Jace cuando hieren a Alec, su parabatai, en combate y hace todo lo que está en sus manos por mantenerlo seguro y alejado de los peligros, así como siempre hizo.

   A lo que voy con ésto, es a lo increíbles que son los lazos que se logran con algunas personas, logrando que ni siquiera sus propias vidas importen, con tal de que a quienes aman estén bien. Si bien éstos son caso extremistas para nuestra realidad, por personas con ese valor para nosotros, seguramente haríamos lo mismo. Daríamos todo, lo mejor de nosotros, sin esperar nada a cambio. Arriesgaríamos nuestras vidas por el otro, ¿y por qué? Por amor. Por amor de pareja, de hermano, de amigo. De hijo. De compañero. 
Daríamos TODO, por amor.

Voldemort.

30 de marzo de 2012

Harry Potter.

—Al final, la locura se refleja en la carne.
—Bueno, tú sabes mucho de la locura en la carne, ¿no?
Sirius Black y Remus Lupin.
Harry Potter y el Prisionero de Azkaban.
J. K. Rowling.

The Hunger Games.

— ¿Sabes qué? Podríamos hacerlo —dijo Gale en voz baja.
— ¿El qué?
—Dejar el distrito, huir y vivir en el bosque. Tú y yo podríamos hacerlo —No sé cómo responder, la idea es demasiado absurda—. Si no tuviésemos tantos niños —añadió él rápidamente.
No son nuestros niños, claro, pero para el caso es lo mismo. Los dos hermanos pequeños de Gale y su hermana, y Prim. Nuestras madres también podrían entrar en el lote, porque ¿cómo iban a sobrevivir sin nosotros? ¿Quién alimentaría esas bocas que siempre piden más? Aunque los dos cazamos todos los días, alguna vez tenemos que cambiar las presas por manteca de cerdo, cordones de zapatos o lana, así que hay noches en las que nos vamos a la cama con los estómagos vacíos.
—No quiero tener hijos—digo.
—Puede que yo sí, si no viviese aquí.
—Pero vives aquí —le recuerdo, irritada.
—Olvídalo.

Primera Parte: Los Tributos.
 Página 18, capítulo 1.
Suzanne Collins.

31 de enero de 2012

Perelandra III.



—La tragedia de mi vida —decía— y en realidad la del mundo intelectual moderno en general es la rígida especulación del conocimiento impuesta por la complejidad creciente de lo que se conoce. He compartido esa tragedia, ya que una temprana devoción por la física me impidió prestar la debida atención a la biología hasta que llegué a los cincuenta años. Para hacerme justicia, debo aclarar que el falso ideal humano me atrajo. Siempre quise saber con el propósito de obtener utilidad. Como es natural, al principio esa utilidad se me presentaba en aspectos personas: quería becas, una entrada de dinero fija y una posición reconocida generalmente por el mundo sin la cual un hombre no tiene influencia. Cuando logré estos fines, empecée a tener miras más amplias: ¡lo útil para la raza humana!
Hizo una pausa al terminar la parrafada y Ransom le indicó que continuara con un movimiento de caveza.
—A la larga —continuó Weston—, lo útil para la raza humana depende necesariamente de la posibilidad del viaje interplanetario y hasta interestelar. Solucioné ese problema. La llave del destino humano fue colocada en mis manos. Sería innecesario , y doloroso para ambos, recordarle cómo me fue arrancada en Malacandra por un mimbro de una especie inteligente hostil, cuya existencia, debo admitirlo, no había previsto.

C. S. Lewis.

Perelandra II.



—Lo que me has hecho ver es claro como el cielo, pero nunca lo vi antes —contestó la Dama—. Sin embargo ocurre todos los días. Una entra al bosque a buscar alimento y ya la idea de un fruto en vez de otro ha crecido en la mente. Después, puede ser que una encuentre un fruto distinto y no el fruto en el que había pensado. Una espera una alegría y es concedida otra. Pero nunca había notado antes esto: que en el momento mismo del hallazgo hay en la mente una especie de retroceso o de apartamiento. La imagen del fruto que no has hallado aún está por un momento ante ti. Y si lo desearas (si fuera posible desearlo) podrías mantenerlo ahí. Podrías enviar a tu alma en pos del bien que habías esperado, en vez de volverla hacia el bien que has conseguido. Podrías rechazar el bien real, podrías lograr que el fruto real fuera insípido pensando en el otro.


C. S. Lewis.

11 de enero de 2012

Perelandra I.

¿Era posible que esa ansiedad de tener las cosas otra vez, como si la vida fuera una película que pudiera proyectarse dos veces, o incluso hacia atrás, fuera la raíz de todo mal? No, por supuesto, era el amor al dinero la raíz de todo mal. Pero quizás uno valoraba el dinero principalmente como una protección contra el azar, una seguridad de poder tener las cosas otra vez, un medio de detener el paso de la película.


C. S. Lewis.

10 de enero de 2012

Perelandra.

En aquél momento eso me invadió. Seguí a los tumbos en el frío y la oscuridad, ya convencido a medias de que debía de estar entrando en lo que llaman demencia. Pero mi opinión sobre la cordura cambiaba a cada instante. ¿Había sido alguna vez algo más que una convención... un cómodo par de anteojeras, un modo acordado de tomar los deseos por la realidad, que excluía de nuestra visión la completa extrañeza y malevolencia del universo que nos vemos obligados a habitar?

C. S. Lewis.