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7 de julio de 2015

soltar(te)

Yo no sé soltar rápido, a mí me cuesta mucho. Me costó hasta ahora, y me pasó varias veces, pero creo que ya no puedo seguir haciendo esto.

Llega un punto en el que creo que tirar de la cuerda no sirve más, porque seguís llorando y sintiéndote culpable, cuando no deberías. Porque muchas veces no podemos ver que no nos merecemos lo que nos pasa. Por más que el llanto tranquilice, no es justo cuando solamente pasa de un lado, cuando hay uno sufriendo, y otro que no.

A veces no se puede hacer nada para cambiar una realidad que separa a quienes antes eran inseparables; a veces el para siempre que sentís vos no lo sienten los demás. Esperamos que las personas a las que queremos se preocupen por nosotros del mismo modo en que nosotros nos preocupamos por ellos, que nos extrañen de la misma manera, o que les parezcamos igual de indispensables. Porque al final todo se resume a eso, ¿no? Cuando dos, o más, partes de un rompecabezas se separan y no pueden volver a unirse porque una parte trata cuando la otra no, no sienten igual. Capaz no les cuesta tanto soltar(te) y seguir, y eso no está mal. Tienen esa facilidad, tienen una manera diferente de sentir que la tuya, y no es reprochable. Bien por ellos, mal por vos, claro.

Creo que también pasa que en algunos momentos dejás de ser lo que necesitan. Vos podés poner todo tu esfuerzo y tener las mejores intenciones, y eso puedo decantar en algo que no esperabas. Y así terminan las cosas. Vos ahí. No hay compañía. No creo que haya mucho más que decir después de eso, pero si no sabés soltar seguro te jugaste, seguro quisiste seguir y, te pudo haber ido bien, como no. Te entiendo. El cariño no se va de un día para el otro, ni de un mes para el otro, en mi casa, ni así. Yo extraño, yo añoro que algunas cosas siguieran pasando como antes y eso no se puede, y entiendo ahora que no es mi culpa.

No voy a decir chau. No me gusta despedirme como cuando las cosas se terminan, así que opto por un hasta luego. Por ahí nos pasa a todos los que no sabemos soltar así, por ahí a algunos, no sé. Pero quizás un día nos encontremos con esas personas importantes que no están más, tomemos unos mates y nos acordemos de los momentos que compartimos, y de las cosas que vivimos, y capaz no nos acordemos de lo que nos separó de esas personas. Pero seguro yo me acuerde, porque me siento marcada (y no sé decirlo de otra manera).


Maybe it's sad that these are now memories.
And maybe it's not sad.



Todavía te quiero. No creo que eso cambie hasta dentro de mucho, mucho tiempo. O quizás nunca cambie, y siempre te quiera en silencio y te recuerde por todo lo bueno. Fue un placer pasar por tu vida. Ojalá nos volvamos a encontrar.

Voldemort.
(Qué costumbre, citar The Perks. Pero qué adecuada la frase. Hay cosas que me encantaría compartir con personas con las que ya no puedo compartir cosas. Y quizás está bien.)

26 de junio de 2015

De eso se trata todo, ¿no?

Quiero hablar de muchas personas. De esas personas que se preocupan de verdad en cada oportunidad, no importa el horario, el mes, no importa nada: ellos están, no porque sea su deber, sino porque lo sienten, porque quieren.

Quiero hablar de esas sonrisas sinceras que me derriten el corazón. Esas que, ya sea que me las regale mi novio, madre, o un amigo, me hacen sentir que por lo menos algo en el mundo está bien; porque mientras pueda ver a las personas que amo sonreír así, algo siempre está bien.

Quiero hablar de esas miradas que son cómplices. De esas que cuando tus ojos se cruzan con los de la otra persona, te hacen sentir muy dentro de vos que te acabás de conectar con alguien. Una locura, conectarse con alguien. Pero es así, está en esa mirada que no necesita ni gestos ni palabras.

También quiero hablar de las palabras y frases que hacen que uno se acuerde de alguien. Cuando leo en un libro, o en un folleto, o en dónde sea, y me acuerdo de alguien a quien valoro. Porque es hermoso poder relacionar a una persona con una palabra, una canción, una frase de alguien más, o de ellos mismos.

De esos mensajes inesperados, que alegran. Que te roban una sonrisa, o una lágrima más que feliz. De cómo sin quererlo te hacen bien.

De mi mamá, para quién soy un desastre pero siempre me cuida y protege. De todas las mamás, que nos pueden retar pero nos van a querer igual, como la mía. Que es la mejor.

Del amor que siento por mi novio, que es la persona más hermosa que conocí y quien me demostró que vale la pena dejarse conocer. Porque todas las cosas que tenía desordenadas por dentro él las ordena, las cuida.

De mis amigos. Mis amigos, que son únicos. Que me abrazan con miradas, palabras. Que me soportan como nadie y escuchan cada cosa que quiero decir. Que me hacen reír y llorar, pero siempre ahí, al pie del cañón.

De salir adelante de todo. De ponerle onda, de caminar y correr de lo que nos hace mal, que no es un mérito menor. A veces cuesta mucho tiempo y otras veces no podemos salir del todo. Pero se sigue tratando, siempre.

De ser feliz. Porque lo siento muchas veces. Más que antes. Cuando estoy con las personas que amo. Cuando estoy estudiando lo que elegí. Cuando me voy a dormir y madre me viene a saludar. Cuando molesto a mi hermano y nos reímos.


De ser vos, y nadie más, y así estar bien. Supongo que al final, se trata todo de eso ¿no? Ser vos alrededor de todo el mundo. Y así, sentirte bien.


Voldemort.
Esta es un poco distinta. Sé que mis entradas son en su mayoría mis descargos, mis sentimientos más profundos y quizás también más horribles. Pero también tengo cosas buenas y lindas eh, y son estas.

14 de enero de 2015

Las manos negras del pozo.

Nada, todo, esto, aquello.
Te pusiste a pensar y la mente te jugó una mala pasada: caíste en el pozo del que pocas veces podés salir sin llorarte un mar y encima te enojaste porque no podés ser tan pelotuda. Te decís que es el karma, porque venías TAN bien que parece una joda.
Y no, no es una joda. No es la primera vez que te pasa, no es la primera vez que te decís que vas a superar todo eso y de repente algo mínimo te hace caer de vuelta. Ya no hace falta una razón válida, no hace falta que te dejen de lado, que te ignoren, que alguien te conteste mal. Estuviste tanto tiempo en ese pozo que cualquier cosa, literalmente, te puede arrastrar cual agujero negro adentro otra vez.
Ahí estás, rodeada de negro, con la vista perdida en la luz de arriba. Nostálgica. Al principio pensás que no vas a poder salir, que todo está mal de nuevo, que no podés creer como llegaste hasta ahí. Pero entonces, te acordás que ya saliste una vez. ¿Por qué sería distinto ahora? Si la primera, que estabas tan mal que pensabas en morirte, la contaste, ¿por qué ahora no podrías? Ya tenés práctica en esto, te decís. Sabés que es verdad, y que lo que te ata a la negatividad son esas dos manos negras que parecen estar con vos todo el tiempo, que intentan llevarte de nuevo a la profundidad de aquél pozo que tanto odiás, y que tan confortable te parece cuando te acostumbrás a él. Pero no querés acostumbrarte esta vez, querés ver luz, querés salir.
Una vez afuera, en la vida que llevabas antes de volverte a caer, intentás alejar todo tipo de pensamientos que puedan conducirte hasta ahí de nuevo. Lo evitás con todo tu esfuerzo, pero la realidad es que esas manos horribles y frías están ahí, en tus hombros, siempre presentes.
Convivís, sí. Aprendés que no es tan fácil como pensabas deshacerte de esos años y años de dolor y enojo que ahora te pasan factura porque te extrañan. Y de una u otra forma, intentás equilibrarte. Llorás, te enojás, sentís que odiás aunque realmente no lo hagas por cosas mínimas, y las manos te reconfortan, pero seguís. Le ponés buena cara, te reís un rato. Intentás que la balanza nunca tire mucho para ninguno de los costados, caminás por el borde del pozo y tenés miedo de caerte. A veces te caés, pero volvés. Siempre volvés, porque no importa que tanto pueda esa oscuridad reconfortarte cuando todo está mal, sabés que afuera hay luz, hay cosas mejores. Y querés todo lo que es mejor.

Un buen día, dejás de sentir esa presencia que ya era parte de vos. Sí, claro que seguís llorando. A veces es necesario hacerlo. Y sí, te sentís mal. Pero ese vacío y esa necesidad de desaparecer no están siempre presentes. Una sonrisa te cambia el día, un abrazo, un pequeño y mínimo gesto te recuerda que todo eso es pasajero y que seguís adelante. El pozo está destapado, pero las manos negras están ahí, no con vos. Las saludás como si fueran viejas amigas, sin recelo. Al fin y al cabo, fueron parte de vos. Y ojalá nunca lo vuelvan a ser.

Voldemort.
(siempre me imaginé la depresión como un pozo con una presencia negra dentro, que te intenta llevar. De ahí las manos negras)

11 de diciembre de 2014

Caricia (in)esperada.

A veces todo es un desastre.
No encontrás lo que querés. No hay, no es para vos. Estudiaste y te fue mal. Estudiaste y te tomaron algo que no entraba en el examen. Saliste a encontrarte con alguien y te cancelaron a último momento. Se te rompió esa pulsera que cuidás como si fuera tu propia vida. Viste algo que te gustó y no lo compraste porque el precio era una locura, o porque no es tu talle, es talle único. Hubo paro de trenes y tardaste dos horas más de lo calculado en volver a tu casa. Te antojaste de algo dulce y lo comiste, pero te acordaste que no podés comer esas cosas aunque quieras. Buscaste un libro por todas partes y está agotado, y te enterás que esa persona que nunca te lo prestaría o a la que nunca se lo pedirías lo tiene. Quisiste comprar la entrada para un recital y se agotaron. No te alcanzó la plata para comprarle el regalo que sabías quería y tuviste que optar por otra cosa. Te tropezaste en la calle. Te bocharon. Todos tus amigos se van de vacaciones juntos y vos no. Te enteraste de algo que te bajoneó. Lloraste toda la noche. Nada te sale como vos querés.
Y entonces te habló alguien a quién querés mucho, y te dijo algo tierno. 
Y entonces, a veces todo deja de ser un desastre.

Por ahí después encontrás eso que querías si tenés más predisposición. Si estudiás más la próxima seguro aprobás. Las alajas se pueden mandar a arreglar. No tenés que ser tan estricta/o con vos misma/o, podés comer lo que tengas ganas y no te tenés que sentir mal por eso. El orgullo lo podés dejar de lado si realmente querés leer ese libro. Quizás no lo vayas a ver en vivo ahora, pero puede llegar a volver. Te prometés que cuando puedas, vas a comprar eso que sabías que quería. Un tropezón no es caída. Todavía tenés tiempo y oportunidades para dar de vuelta. Las cosas las podés hablar. No todo es negro, ¿no?

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Estaba volviéndome a mi casa hoy en colectivo, de mal humor, convenciéndome de que no quiero eso que claramente no hay en mi talle, diciéndole a madre que no hacía falta ver ningún lugar más, y pidiéndole que se dejara de compadecer de mi, cuando recibo un mensaje más que tierno de un amigo al que quiero muchísimo, diciéndome que me extraña y me quiere ver. Y con eso, simplemente con esas palabras, se me fue el malhumor y llegué a mi casa riéndome y contándole a madre anécdotas con esa persona.

Me hizo pensar en el efecto que tiene las personas en nosotros. O por lo menos en mí. Que una acción tan pequeña, como decirle a alguien que lo extrañás de repente, porque te pintó, porque realmente lo sentís, pueda tener tanto impacto en el otro es increíble. Porque en realidad no todos saben lo bien que hacen con estas caricias inesperadas al alma. Esos pequeños mimos por los que a veces nos encontramos rogando, que cuando llegan te ponen una sonrisa en la cara que es indisimulable. Que una persona te pueda cambiar la forma de ver las cosas con un mensaje, eso es amistad. Cariño. Amor. De eso me quiero llenar en la vida.

Voldemort.

3 de diciembre de 2014

Yo hago, tú haces... o no.

¿Hacemos las cosas por nosotros? ¿Las hacemos por los demás? ¿Para ellos; para nosotros? ¿Para y por quién actuamos? ¿Nos mueve más la mirada que el otro tenga sobre nosotros, o lo que nosotros, tan críticos de nuestra propia vida como cualquier otro, podríamos llegar a pensar de lo que vamos, o no, a hacer? ¿Me duele más odiarme, o que me odien? ¿Me provoca más satisfacción mirarme al espejo y sentir que estoy bien así, o ver la sonrisa del otro cuando me ve y cree que no podría estar mejor? ¿Te estás vistiendo porque a vos te gusta lo que tenés puesto? ¿O porque alguien a quién aprecias mucho te dijo que no le gustaba lo que tenías antes? ¿Te reíste de ese chiste porque te pareció gracioso o porque lo hicieron todos los demás, y vos no querés desencajar? ¿Te reíste porque sabés que de lo contrario se van a reír de vos por no entenderlo? ¿Estudias una semana entera para un examen porque te querés demostrar que sos capaz de tener la mejor nota o porque estás cansada de que tus viejos te carguen por no tener todos dieces? ¿Te gusta siquiera la modalidad en la que estás, o sacrificaste tu elección por seguir viendo a las mismas personas? ¿No pensaste nunca que quizás te arrepientas? ¿O lo pensás y te autoconvencés de que seguramente no sea así? ¿No les cuesta dormir de noche cuando saben que en el día hicieron algo muy mal? ¿O reprimen el recuerdo, lo tiran a lo más profundo de sus mentes, y siguen como si nada? ¿Siempre pesa la culpa? ¿No nos convencemos a veces de que los demás también tienen culpa en este juego para no sentirnos tan mal con nosotros mismos? ¿Siempre aceptamos que no siempre tenemos razón? ¿Nos complace saber que estábamos en lo cierto aún cuando eso al otro lo perjudica, o nos sentimos mal aún habiendo ganado la lucha? ¿Te sentís una buena persona cuando ayudás a alguien? ¿Ayudás para sentirte bien, para satisfacerte a vos, o porque realmente crees que la humanidad sería mejor si todos pudiéramos dedicar algo de nuestro tiempo a ayudar al otro? ¿Le contás a tus amigos las cosas más increíbles que te pasaron con todo detalle, pero no las que te hacen quedar como alguien torpe? ¿Te hacen sentir mal? ¿Hacés vos sentir mal a tus amigos? ¿Considerás que una buena persona provoca el enojo en los demás? ¿O te convencés de que incluso las buenas personas le hacen mal a los demás? ¿Sentís que sos una mala persona, y que por eso te merecés todo lo que te pasa? ¿Y a veces, no sentís que hay gente peor que vos que está mucho mejor, y que aunque creas que obrás mal, tenés cierta bondad? ¿Te sentís egoísta al pensar que sos una buena persona? ¿Te da miedo decirlo, porque tus errores podrían significar lo contrario, y cualquiera podría atacarte con eso? ¿No mostrás lo que sos porque no querés que nadie tenga el poder de hacerte mal, y no sos al mismo tiempo quién más mal se hace? ¿Te gustaría ser alguien más? ¿Nunca te imaginaste, que si fueras alguien más, podrías no ser mejor, sino peor? ¿Te gustaría no sentir, no tener remordimientos, y no obrar por los demás de vez en cuando? ¿Sabés cuando estás obrando por vos, porque vos querés algo, y no porque alguien quiere algo para vos y el tiempo te llevó a creer que vos también querés ese algo? ¿No te dan ganas de pedirle al mundo que se calle porque vos no querés cambiar, y al mismo tiempo querés decirle a los demás qué es lo que ellos tienen que cambiar según vos? ¿No te molesta no sentirte bien; y sentirte bien no te hace pensar que lo malo está por volver? ¿Me podés decir qué está bien, y qué está mal? ¿Es malo hacer las cosas por lo que el otro pueda decir? ¿Está bien hacer las cosas porque yo lo quiera, sin que me importe como repercute en el otro?
Esto recién empieza.

28 de mayo de 2012

Words hurt.


   A veces parece que a nadie le importara el hecho de que la violencia no es simplemente física sino también verbal. Un padre puede pegarle a su hijo desde que es pequeño y el mismo puede, de algún modo, estar tan "acostumbrado" a ese abuso que a veces pareciera que ni le doliera. Pero las palabras son diferentes. Si bien un golpe deja un hematoma, ya sea en una parte visible del cuerpo o no, las palabras pueden cavar heridas que nada ni nadie podrá sonar. El maquillaje puede cubrir ese moretón que podés tener el el brazo, sí. Pero esa misma base no va a hacer que el que te digan que no servís para nada, que sos inútil, se disimule. Porque lo vas a manifestar. En algún punto, te van a herir tanto que hasta quizás lo aceptás. Aceptás que no servís, cuando en realidad sí lo hacés. Valés por quién sos y te estás dejando ningunear. A veces si nos lo dice una persona de la que no tenemos registro y a la que no conocemos, no nos importa tanto. Pero cuando alguien a quién conocemos, a quién le cedimos una parte de nuestros corazones, nos trata de ese modo, y nos hace sentir las personas más estúpidas y sin razones para vivir en el mundo, duele tanto que el hecho de dormir veinticuatro horas diarias por lo que resta de nuestras vidas se ve como una de las opciones más factibles.
   El dolor es parte de la vida. Si te duele vas a aprender algo. ¿O te pensás que al Universo le importa que a vos te duela? No. Tenés que pasar lo que tenés que pasar, sí. Pero cuando la vida se torna en un mundo gris en el que todo lo que sabés es que no servís, que las personas que querés se empiezan a alejar, en la que los problemas se intensifican todos los días, no te importa que de todo ésto puedas aprender. NO. Vos lo que querés es que la tormenta pare, que salga el sol. Y lo peor de todo es que en esos momentos sentís que de verdad no podés hacer nada por mejorarlo, porque en vez de cambiar de actitud te quedás llorando por todo lo que pasa. Y llorás un mar de lágrimas que te parecen pocas comparadas con todo el dolor que tenés adentro. Y te sentís realmente inútil. Sentís que tienen razón cuando se desquitan con vos por cosas de las que no tenés idea. Como si realmente tuvieras la culpa.
   Creo que ese dolor se puede comparar con una hoja. Vos tenés una hoja blanca que podés usar para muchas cosas, porque sirve para escribir, dibujar, pintar, etcétera. Y le escribís algo bueno. Y la hoja está bien. Pero entonces le escribís algo que no es bueno. Empezás a escribir cualquier cosa y terminás rompiendo la hoja porque no te sirve. Así es como a uno le rompen despacito y paso a paso el corazón. Empiezan diciendote las cosas de las que no sos capás, te dicen que no sabés nada, que no puede ser que tengas una ideología tan estúpida, y se burlan de todo lo que sos y pensás. Y de a poquito, la hoja se ennegrece, se arruina. Y de tantos golpes que recibís, se arruga. Mucho. Y pensás que no sirve. Pero, ¿te cuento algo? Si sirve. Si estirás el papel, vas a ver las marcas, pero también vas a ver que se recompone. Que se empieza a parecer a lo que era. Si lo planchás, vas a ver que está mejor. Y así, hasta que llegue al punto máximo, y no pueda ser mejor que eso. Y por ahí no va a ser igual que al principio, porque las marcas quedan, pero va a ser un papel que la peleó y que siguió adelante, frente a toda corriente en contra. Y un papel así vale la pena.

   El otro día me dijeron que nadie te puede decir que no servís para algo. Que vos mismo determinás si servís o no. Vos mismo decidís. El mismo día me propuse hacer oídos sordos a todas esas cosas horribles que me pueden llegar a decir. Por ahí a veces no pueda, y me suma en mi misma para llorar hasta no poder más, pero con intentarlo no pierdo nada. Y si yo misma voy a determinar si valgo o no, quiero determinar que valgo. Que considero que tengo cualidades que pueden ser y son útiles para muchas cosas diferentes.

Voldemort.

25 de febrero de 2012

Vos elegís.


¿Te gusta cantar? ¿Bailar? ¿Dibujar y pintar? ¿Y escribir? ¿Y leer? ¿Qué me decís de sacar fotos? ¿A vos te gusta? Si te gusta, HACELO. No importa si desafinás, si nunca fuiste a una escuela de danza, si dibujas personas con palitos, si te salís de los bordes al pintar, si te equivocás al escribir alguna palabra, si elegís un libro teórico o si las fotos que sacas salen oscuras. Si a vos te gusta, hacelo. No importa si a los demás no. Es TU vida, no la de ellos. VOS tenés que elegir qué te hace feliz, qué cosa te saca una sonrisa. No te preocupes por lo que los demás quieran para vos, es tu camino y vos elegís tus metas. Y quizás mañana no puedas hacer ninguna de estas cosas, o incluso otras. ¿Y si te arrepentís de no haberlo hecho? 
Aprovechá que podés y hacelo, por más malo que seas en eso. DIVERTITE, que de eso se trata crecer.

20 de enero de 2012

¿Qué es crecer?




crecer.
1. Aumentar de tamaño, cantidad o importancia. Desarrollarse.
2. En una labor de punto o de ganchillo, sumar puntos.
3. Adquirir mayor autoridad, importancia, atrevimiento o seguridad.

A veces me pregunto de qué se trata crecer. Cuándo es que en realidad crecemos.
Metabológicamente crecemos cuando nuestro cuerpo cambia, aumenta de tamaño. Cuando a los hombres se les ensanchan los hombros y a las mujeres las caderas. Pero la realidad es que crecer no sólo abarca lo físico. Económicamente crecemos cuando aportamos algo más, cuando le sumamos un punto a lo que ya teníamos. Pero internamente crecemos todo el tiempo. Se dice que crecemos al adquirir más autoridad, cuando somos algo más de lo que éramos antes. Un ejemplo es cuando la nena de seis años que pide un juguete nuevo pasa a ser una adolescente de diecisiete que se queja porque no encuentra el par de zapatos que combine a la perfección con lo que lleva puesto. O cuando el nene de diez años que está feliz porque está en primaria y por lo tanto no tiene tantas responsabilidades pasa a ser un egresado que se debate si hacer los cursillos de la Universidad en Diciembre, Enero y Febrero o dejarlos para Abril. Uno crece internamente cuando aprende nuevas cosas, las asimila y adapta sus ideas a eso. Como cuando una nena que es chiquita piensa que el mundo es cuadrado y que uno se puede caer desde una de las puntas, y luego cambia aquél pensamiento por la información nueva y comprobada que el enseñan en la primaria, intentando entender que el mundo es redondo y que gira sobre su propio eje.
Crecemos en todos los aspectos. El físico, el económico, el educativo y ese crecimiento que más nos cambia que es el interno. El que abarca las emociones, los sentimientos. Crecer implica aprender, asimilar, adaptar y cambiar. Pero crecer nos hace entender, nos hace darnos cuentas de cosas que de chicos ni pensamos.
A veces nos da miedo crecer, por las responsabilidades, por la edad, porque todo pasa, por miedo a olvidarnos de lo que éramos. Pero si no crecés no vas a poder pasar por etapas que te van a seguir formando a lo largo de tu existencia. Porque aunque dé miedo, siempre hay que intentar crecer.

10 de enero de 2012

De qué va mi vida.

A veces no sé de qué va mi vida.
A veces va y camina como si nada, entre las otras, siendo una más.
A veces se destaca, dice "yo no quiero ser así" y cambia su rumbo.
A veces acompaña a otras vidas, no para no sentirse sola, pero sí para demostrar cariño.
Pero otras veces la hacen a un lado y se queda sentada en la vereda, viendo como las demás pasan sin notarla.
La mitad de las veces se adapta.
La otra mitad de las veces decide ponerse un gorro violeta en temporada de naranja y salir a caminar por la calle como si nada.
La tildan de rara y diferente. De divertida y cariñosa. De malhumorada y con carácter fuerte.
¿De qué va mi vida, entonces?
De ser distinta.

20 de diciembre de 2011

Débil.



débil
1. De poca fuerza o resistencia.
2. De carácter flojo, que cede con facilidad.

Aprendí que soy débil. Que me importan mucho las personas que me rodean, aunque a veces intente que me dejen de importar. Aprendí que cuando quiero hacer que los demás se sientan tan mal como yo, me retracto. Entendí que mi vida se basa, entre otras cosas, en la debilidad. En la poca resistencia que presento al momento de sostener una idea que va en contra de alguien que amo; en la forma en la que cedo ante la presión de perder a las personas que quiero. 
Sí. Soy muy débil.
Soy lo suficientemente débil como para llorar cuando lo que hago me sale mal. Lloro cuando me siento mal. Lloro teniendo y sin tener la culpa de lo que me pasa y rodea. Y lloro. Mucho. Más de lo que me gustaría, pero es mi manera de descargar la presión. Es otra de mis debilidades: llorar. Porque sí y porque no; porque no están y porque cambian.
Soy débil veinticuatro horas siete días a la semana, pero sobrevivo.
Vivo mi día a día en su mayoría con mi pie izquierdo. Me equivoco mucho, y me duele. Sí, lloro cuando me duele demasiado. Y sí, cedo cuando la causa de mi tropiezo es alguien más. Pero de todas maneras, sigo viva. Me sigo cayendo, pero me levanto. Empiezo con el pie izquierdo, pero de vez en cuando el derecho se adelanta. Y aunque sea débil, y ceda, y no resista, y siga llorando, intento ser fuerte. Intento pararme y no sentir, aunque eso me dure diez segundos. Trato, aunque a veces no pueda.
Soy muy débil, pero mi debilidad me hace crecer. 
Y creciendo espero aprender a ser más fuerte. 
Para un día, tratar y resistir. 
Sin llorar ni ceder. 
Simplemente resistir.

11 de diciembre de 2011

El cambio depende del cambio.

Todas las personas, y aquellas que digan que no les importa también, le damos un cierto valor a lo que los demás dicen de nosotros. Aunque no queramos, los insultos, además de los halagos, tienen una gran influencia en nosotros. En nuestra forma de ser y pensar. Pero también depende de quién nos lo diga. Quizás alguien que no conocés te dice que sos horrible, y a vos no te importa. Pero si alguno de tus amigos lo hace, te va a doler en lo más profundo. ¿Por qué? Porque esa persona tiene un lugar especial en vos, y eso hace que todo lo que diga lo recibas diferente. ¿Por qué? Porque querés a esa persona lo suficiente cómo para creer lo que dice. Pero eso no quita que duela. Duele más. Que alguien que querés te diga algo de vos que no esperabas escuchar hace que lo analices. Que busques entre todos los momentos que tenés grabados en la cabeza cuándo fuiste de tal o cuál manera. Eso ya es influencia. ¿Por qué? Porque si no te lo hubiera dicho alguien a quién valorás demasiado quizás nunca lo hubieses pensado. Aunque por otro lado, podrías haber hecho toda esa búsqueda porque alguien que no conocés te dijo algo que no te gustó de vos. Es según el tipo de persona que seas; según el grado de valor que le des a lo que piensan los demás de tu persona.
Todas las críticas que recibimos, sean o no constructivas, nos afectan. Nos hacen pensar. Y cuando pensamos las diferentes ideas que tenemos en la mente se cruzan y surgen preguntas, tales como "¿qué tiene de malo ser así?" "¿por qué soy así?" y la muy conocida "¿qué puedo hacer para cambiarlo?". Sí, todos queremos cambiar algo de nosotros. Ya sea la forma en la que caminamos como en la que hablamos. Algo nos desconforma. Siempre. Y las cosas que más deseamos cambiar son esas que nos dicen que no están bien, que no son buenas, que no son lindas. Ese sentimiento de querer cambiar va de la mano con la adaptación. Queremos cambiar para adaptarnos. A veces cambiamos, y el cambio nos gusta, así como no; a veces no cambiamos. Pero el sólo hecho de querer hacerlo significa un cambio, porque estamos considerando algo diferente: ser más o menos de lo que somos.

4 de diciembre de 2011

Crecer I.

Te dicen que un amigo va a estar siempre para todo. Te dicen que un amigo es esa persona que deseamos que esté siempre a nuestro lado. También te dicen que los amigos verdaderos son esos que nos acompañaron siempre y que a pesar de todo nos quieren. Pero nadie nunca te dijo que esos mismos amigos te hieren peor que un enemigo. Nadie dice que duele tener amigos porque ellos te desplazan. Si dicen que los aman, no que les gustaría que las cosas sean distintas. Todos crecemos creyendo que esos amigos de verdad nunca nos van a dar la espalda. La realidad es que no es así. Va a llegar un día en el que necesites que estén, y sin quererlo ellos no lo van a notar. Ese día vas a entender que no existe un amigo perfecto, por más mejor amigo que sea. Porque nadie quiere que crezcas con inseguridades, inseguridades que a lo largo de tu vida vas a tener. No pretenden que aprendas de errores que no cometiste, quieren que cometas los tuyos y de eso saques conclusiones. Que aprendas a vivir a tu manera y te hagas fuerte, aunque te tenga que doler. ¿Para qué te van a decir que los amigos pueden no estar siempre? ¿Para que no confíes plenamente en nadie? Te dicen la mitad de la historia para que a lo largo de la vida descubras la otra mitad. No pretendas nunca que te cuenten toda la verdad, porque siempre va a haber un detalle que te vas a estar perdiendo.