22 de noviembre de 2012

Dormir para siempre un ratito.


   Es un toque raro. Bueno, para mí no tanto. Pero estoy cansada. Y no de ese cansada de que me duelen los músculos porque hice gimnasia, o porque no dormí bien, o porque me golpeé, o nada que tenga que ver con la parte física. Estoy cansada de estar cansada de querer dejar de hacer todo y dormirse para siempre un ratito. Dormirse para siempre un ratito, eso sí es raro.

   Estar en el colegio es, una vez más, una buena patada en los ovarios cuando estoy en mi período (es la forma menos grosera que encontré para decirlo). No porque tengamos que hacer varios trabajos prácticos, y dar orales, y esas cosas que hacemos cuando está terminando el año. Puede que sea por decisión propia, o porque necesitamos nota en algunas materias (me suceden ambas). Cuando vaya a la facultad voy a tener que estudiar a montones, así que mejor que me acostumbre. Tampoco tiene que ver con las integradoras. Tiene que ver con que no estoy cómoda. No me gusta. Y no es que sea completamente normal que no me guste ir al colegio, porque hay tiempos en los que me gusta, lo disfruto porque sé que voy a ver a mis amigos y me gusta eso, aunque tenga clases, porque hay materias que sí me interesan y de las que quiero saber, y esas son cosas que sí disfruto. Pero ahora no, no disfruto ir al colegio a ver a nadie. No porque no quiera ver a mis amigos, sino porque no me encuentro. Está el curso, y estoy yo, y no me siento cómoda con ellos, y sé que a la gran mayoría le chupa un huevo. Y bueno, es lo que hay, pero no me dan ganas de estar ahí.

   Estar en mi casa, es, también, otra buena patada. Mi viejo está un toque más insoportable que de costumbre, lo cual me está empezando a alterar más. Pero ahora es como que de repente compensa las cosas. Está con dolores en los riñones por los cólicos, entiendo que le duela como la puta madre, pero no es mí culpa ☺. Mi vieja y yo nos estamos peleando más. Es como que yo estoy más irritable, y tienen un problema con casi todo lo que hago y digo, y me cansan, juro que no los soporto a veces. Sumémosle al eterno defensor de mi madre (hasta que no encuentra sus shorts de fútsal), es decir, a mi hermano, que me caga a pedos como si tuviera razón (que sea una histérica cuando me cansan no le da el derecho a decir que no tengo razón cuando me quejo porque él no hace una mierda y yo llego tres horas más tarde casi todos los días y nunca hay nada hecho). Básicamente, no me alegran la vida. No tengo ganas de estar en mi casa. Quiero estar en otro lado, y no en la escuela.

   Sin embargo, hago todo lo posible por llegar tarde a casa. Y a veces, a pesar de eso, tengo tan pocas ganas de hacer cosas que me vuelvo a mi casa. Esta semana los primeros tres días estuve en las casas de mis amigas, y fue tan relajante... no tener que escuchar a nadie del curso a quien no considere amigos, no tener que escuchar a mis viejos, no tener que ver qué hay que hacer en casa para que no me caguen a pedos a mí. Incluso estoy haciendo la tarea, cosa rara (porque muchas veces las hago en clase, no en mi casa, o a las termino el mismo día a la mañana temprano o en las clases anteriores), pero me distrae un toque. Pensar en la clasificación de los gastos, la trata de personas, el retorno de Perón, y lo que sea que estemos viendo en las otras materias, me está distrayendo. Aunque no tenga muchas ganas, a veces, de hacer nada.

   Así que básicamente, tengo esta cara de "hola, no me hables, pero me siento bien, así que no me jodas, porque estoy bien", y estoy, pero no sé si bien, sino que cansada, y con ganas de muchas cosas y con ganas de nada. ¿Me podré dormir para siempre un ratito? A ver si cuando me levanto entiendo algo.

Voldemort.

18 de noviembre de 2012

Ser arte y parte.


   Hoy fue el Festival Solidario Itinerante en el Centro Cultural No Me Olvides. La entrada era un juguete. Fuimos a la una para organizar todo, y empezó a las tres. Y aunque garuó, hubo mucha gente. Gente que se copó trayendo juguetes, y poquitas personas, que no consiguieron juguetes, llevaron alimentos no perecederos. Pero fueron.

   Hubo bandas en vivo. Se pintaron murales. Se transmitió la radio en vivo. Y estuvo genial. No solamente porque salió bien, sino porque la gente que fue se copó. Muchos no llevaron solamente un juguete, sino más. Incluso había juguetes nuevos, completamente nuevos. Todos en buenas condiciones, para nenas y nenes. Había un montón, de verdad. Y fue hermoso ver cómo cada vez había más gente y más cosas para hacer felices a los nenes de Corazones Felices (adónde vamos a llevar los juguetes y realizar, quizás, otro festival).

   Los murales se basaron en las ideas de democracia, igualdad y libertad de expresión. Y quienes querían pintaban... y había mucha gente pintando, muchos nenes pidiendo pinceles para pintar, muchas caras sonrientes, mucha gente cantando las canciones que sonaban y que las bandas tocaban. 

   Había mucha gente con ganas de ayudar. De hacer algo diferente. De pintar murales entre todos para decorar el Centro, de colaborar, de reírse, de pasar un buen momento dejando de concentrarnos en nosotros y nuestros círculos amistosos y familiares para pensar en personas que ni conocemos, pero que están ahí y que necesitan una mano. Nenes que con juguetes podrían ser mucho más felices. 

   No hay otras palabras para decirlo: fue una tarde increíble, siendo arte y siendo parte. Y espero se repita.

Voldemort.

2 de noviembre de 2012

Campamento Azul 2012.


   El domingo lo empecé a las cuatro y pico de la mañana, con una sonrisa en la cara. Sabía que me iba de animadora de campamento, sabía que iba a poder saltar y gritar y hacer a la gente reír como a mí me gusta. Sabía que me iba a ir con gente que aprecio mucho. También sabía que no iba a ver a mis amigos y a mi familia por cinco días, pero estaba bien con eso. Los iba a extrañar, pero me quería ir.

   A las cinco de la mañana llegué al colegio. Ayudé a entregar gorras, orientar a los padres, cargar la comida, los bolsos, contar a los chicos, y demás. Me subí al micro III, que era el mío. Para nuestra mala suerte, paró por un desperfecto y los tres micros se clavaron ahí una hora y media, dos horas, esperando a que llegara el otro. Bajamos las cosas y las subimos al otro micro. Subimos a los chicos. Los contamos. Salimos.

   Llegamos más tarde de lo previsto y empezamos a hacer las carpas. Las propias y a ayudar a los demás. Fuimos solamente tres a la reunión de animadores (quince minutos después), porque nos acordamos tarde, pero igual nos dieron las instrucciones. Numeramos a los chicos. Nos numeramos entre nosotros. Ese día empezaron los juegos con otros colegios, en los que nos juntábamos por número y animal. Cinco. Gato. En los mismos grupos nos conocimos, y encontré gente muy linda. Personas muy buenas, y algunas que no sé por qué fueron como animadoras, pero cosas que pasan.

   El lunes nos levantamos con lluvia. Servimos el desayuno y el almuerzo, más tarde, en el sum (salón de usos mútiples). Hicimos competencias por colegios. Hicimos juegos. Nos reímos, gritamos, saltamos. Servimos la cena en el sum, también. Esa noche íbamos a dormir todos ahí, pero no había lugar para muchos de nosotros... y dormimos en el baño. En colchones inflables, en el vestuario de uno de los baños. Y me cagué de risa.

   Martes. Contracturadísima, pero con todas las pilas. Sacamos todo. Repartimos nuestras bolsas y aislantes. Pasamos todas las comidas en nuestra acampada. Y el miércoles también. Ayudamos para todo: cortar la comida, pelarla, lavar los platos, juntar la mesa, repartir las frutas, poner la mesa, servir la comida, preparar el jugo, la chocolatada, servirla, y demás. Nos juntamos otra vez por número y animal. Y nos morimos de risa. Todas las veces que nos juntamos. Mandamos fruta cuando nos preguntaron las ventajas y desventajas de crecer, pero al final todos estábamos de acuerdo en algo: la ventaja es que sos más libre, la desventaja es que por eso tenés más responsabilidades. Jugamos a la búsqueda del tesoro. Representamos símbolos en la arena. Estuvimos en la playa, fuimos al centro, cantamos canciones para contrarestrar los gritos de los otros colegios. Nos dividimos en los grupos internos que ya teníamos. Nos quedamos en el quincho charlas con los animadores de otros colegios... nos levantamos para ir a ver el amanecer, con un profesor, a la playa. Y fue hermoso.

   Y el jueves nos volvíamos... Fue horrible levantarse y saber que ese día nos íbamos. Armamos los bolsos, desarmamos las carpas, ayudamos a los más chicos, desayunamos, y nos despedimos de los otros colegios. Intercambiamos gorras. Yo le di la mía a una chica de Tucumán a la que le tomé el re cariño y ella me dio la suya. Mi profesor de catequesis del año pasado me regaló su gorra del San José porque me la merecía. Lo amo. Es una persona sumamente increíble. Almorzamos.
El jueves también vomité, antes de subir al micro para volver, porque la comida de la noche anterior me había hecho muy mal. Dormí una hora y media, dos. Y después la pasé bárbaro en el micro con los chicos y los animadores y profesores. Y no me quería volver. Y llegamos. Descargamos. Y casa uno se fue para su casa. Me dijeron algo muy lindo, que no voy a repetir, pero que tengo en el corazón.

   ...y quiero estar allá. Me quiero ir allá otra vez. Fue hermoso poder animar a los chicos, hacerlos reírse, hacerme amiga de algunos, cantar, gritar, encontrar gente tan copada, reírme todo el tiempo, ayudar, sentirme útil... A pesar de que el grupo de chicos no se dejase animar tanto como el grupo que éramos cuando nosotros éramos los chicos y otros eran los animadores. Pero fue genial. Me encariñé con los nuestros y con gente de otros colegios. Fui feliz. Fui tan feliz que no sé como explicarlo con palabras. Me quedé sin voz, llegué con dolores de todos lados, y sin embargo... me encantaría estar allá todavía. Me encantaría. Por mucho que extrañé a algunas personas, y cosas como la ducha de media hora después de un día agitado, pero daría lo que fuera por estar allá, y seguir siendo feliz y pasarla increíble. Y por llevarme a algunas personas conmigo.

Voldemort.

For and because.

One, for all the moments where I felt stupid.
Two, for the panic inside myself.
Three, por the insecures.
Four, for the people I've lost.
Five, for my mistakes.
Six, for the times I've cried.
Seven, for the lies I told.
Eight, because I'm a coward.
Nine, because I feel ashamed.
Ten, for all the horrible things I said.
Eleven, for the times when I got hitted.
Twelve, because sometimes I want to give up.
Thirdteen, because I keep falling.
Fourteen, because I don't know how to live with myself.
Fifteen, for the horrible feelings I have inside.
Sixteen, for the egocentric person I am sometimes.
Seventeen, for the other fifteen I haven't put here.

                                                                                                                                            Anonymous.