2 de noviembre de 2012

Campamento Azul 2012.


   El domingo lo empecé a las cuatro y pico de la mañana, con una sonrisa en la cara. Sabía que me iba de animadora de campamento, sabía que iba a poder saltar y gritar y hacer a la gente reír como a mí me gusta. Sabía que me iba a ir con gente que aprecio mucho. También sabía que no iba a ver a mis amigos y a mi familia por cinco días, pero estaba bien con eso. Los iba a extrañar, pero me quería ir.

   A las cinco de la mañana llegué al colegio. Ayudé a entregar gorras, orientar a los padres, cargar la comida, los bolsos, contar a los chicos, y demás. Me subí al micro III, que era el mío. Para nuestra mala suerte, paró por un desperfecto y los tres micros se clavaron ahí una hora y media, dos horas, esperando a que llegara el otro. Bajamos las cosas y las subimos al otro micro. Subimos a los chicos. Los contamos. Salimos.

   Llegamos más tarde de lo previsto y empezamos a hacer las carpas. Las propias y a ayudar a los demás. Fuimos solamente tres a la reunión de animadores (quince minutos después), porque nos acordamos tarde, pero igual nos dieron las instrucciones. Numeramos a los chicos. Nos numeramos entre nosotros. Ese día empezaron los juegos con otros colegios, en los que nos juntábamos por número y animal. Cinco. Gato. En los mismos grupos nos conocimos, y encontré gente muy linda. Personas muy buenas, y algunas que no sé por qué fueron como animadoras, pero cosas que pasan.

   El lunes nos levantamos con lluvia. Servimos el desayuno y el almuerzo, más tarde, en el sum (salón de usos mútiples). Hicimos competencias por colegios. Hicimos juegos. Nos reímos, gritamos, saltamos. Servimos la cena en el sum, también. Esa noche íbamos a dormir todos ahí, pero no había lugar para muchos de nosotros... y dormimos en el baño. En colchones inflables, en el vestuario de uno de los baños. Y me cagué de risa.

   Martes. Contracturadísima, pero con todas las pilas. Sacamos todo. Repartimos nuestras bolsas y aislantes. Pasamos todas las comidas en nuestra acampada. Y el miércoles también. Ayudamos para todo: cortar la comida, pelarla, lavar los platos, juntar la mesa, repartir las frutas, poner la mesa, servir la comida, preparar el jugo, la chocolatada, servirla, y demás. Nos juntamos otra vez por número y animal. Y nos morimos de risa. Todas las veces que nos juntamos. Mandamos fruta cuando nos preguntaron las ventajas y desventajas de crecer, pero al final todos estábamos de acuerdo en algo: la ventaja es que sos más libre, la desventaja es que por eso tenés más responsabilidades. Jugamos a la búsqueda del tesoro. Representamos símbolos en la arena. Estuvimos en la playa, fuimos al centro, cantamos canciones para contrarestrar los gritos de los otros colegios. Nos dividimos en los grupos internos que ya teníamos. Nos quedamos en el quincho charlas con los animadores de otros colegios... nos levantamos para ir a ver el amanecer, con un profesor, a la playa. Y fue hermoso.

   Y el jueves nos volvíamos... Fue horrible levantarse y saber que ese día nos íbamos. Armamos los bolsos, desarmamos las carpas, ayudamos a los más chicos, desayunamos, y nos despedimos de los otros colegios. Intercambiamos gorras. Yo le di la mía a una chica de Tucumán a la que le tomé el re cariño y ella me dio la suya. Mi profesor de catequesis del año pasado me regaló su gorra del San José porque me la merecía. Lo amo. Es una persona sumamente increíble. Almorzamos.
El jueves también vomité, antes de subir al micro para volver, porque la comida de la noche anterior me había hecho muy mal. Dormí una hora y media, dos. Y después la pasé bárbaro en el micro con los chicos y los animadores y profesores. Y no me quería volver. Y llegamos. Descargamos. Y casa uno se fue para su casa. Me dijeron algo muy lindo, que no voy a repetir, pero que tengo en el corazón.

   ...y quiero estar allá. Me quiero ir allá otra vez. Fue hermoso poder animar a los chicos, hacerlos reírse, hacerme amiga de algunos, cantar, gritar, encontrar gente tan copada, reírme todo el tiempo, ayudar, sentirme útil... A pesar de que el grupo de chicos no se dejase animar tanto como el grupo que éramos cuando nosotros éramos los chicos y otros eran los animadores. Pero fue genial. Me encariñé con los nuestros y con gente de otros colegios. Fui feliz. Fui tan feliz que no sé como explicarlo con palabras. Me quedé sin voz, llegué con dolores de todos lados, y sin embargo... me encantaría estar allá todavía. Me encantaría. Por mucho que extrañé a algunas personas, y cosas como la ducha de media hora después de un día agitado, pero daría lo que fuera por estar allá, y seguir siendo feliz y pasarla increíble. Y por llevarme a algunas personas conmigo.

Voldemort.

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