No sé qué es la felicidad. O cómo es. O dónde está. O quién es, si es un quién. Yo supongo es aquellos momentos en los que estás solo o con personas que amás y vivís algo significativo que hace que tu alma sonría. Que hace que la sonrisa no la expreses con los labios sino con los ojos. Uno de esos momentos para mí es lo que la felicidad es.
A través de experiencias propias, entiendo que la felicidad es pasajera, no es más que un estado en el que estás un rato y después desaparece. No es que crea que es imposible ser feliz, sino que creo que la felicidad trae consigo muchas otras circunstancias. O al menos a mí me atraviesan muchas.
Soy feliz, no ahora, no ayer, y por ahí tampoco lo sea mañana, pero a veces, soy feliz. No sé si me doy cuenta en el momento o después, pero me pasa. Mi problema, es que parece a propósito. Cuando finalmente llego a ese punto de sonrisas y colores y cosas hermosas que yo creo muy lejano todo el tiempo, me dura lo que el agua en las manos. De repente, y seguramente porque en otra vida fui una tremenda hija de puta e hice sufrir a todo el mundo, pasa algo, lo que sea, que me hace replantearme el por qué de estar contenta, o, cuando son situaciones peores, noticias peores, etcéteras peores, entro en ese estado de llanto-sin-control-con-música-para-llorar por un rato hasta que me descargo, y entonces no puedo hacer nada para volver a tener una sonrisa en la cara, porque ya está, se pasó el momento.
Otra cosa muy común en mí: que el momento se pase. El momento de quejarse, de hablar, de escuchar, de esto, lo otro y de aquello también. El momento se pasa y yo, porque así soy y no tengo ni idea de como se hace en estos casos para cambiar, los dejo pasar. Cuando estoy feliz, rara vez aprovecho a pleno el momento, aunque no estoy segura de si debería aprovecharlo, pero cuando el momento se va, pasa, termina, todo lo que hago es acordarme de eso e intentar, casi siempre sin éxito, nutrirme de buenas vibras y lindos pensamientos para tener de reserva cuando la bomba llegue. Porque literalmente, a la calma la precede la tempestad, y doy fe de eso con mis propias experiencias.
Voldemort.
Soy feliz, no ahora, no ayer, y por ahí tampoco lo sea mañana, pero a veces, soy feliz. No sé si me doy cuenta en el momento o después, pero me pasa. Mi problema, es que parece a propósito. Cuando finalmente llego a ese punto de sonrisas y colores y cosas hermosas que yo creo muy lejano todo el tiempo, me dura lo que el agua en las manos. De repente, y seguramente porque en otra vida fui una tremenda hija de puta e hice sufrir a todo el mundo, pasa algo, lo que sea, que me hace replantearme el por qué de estar contenta, o, cuando son situaciones peores, noticias peores, etcéteras peores, entro en ese estado de llanto-sin-control-con-música-para-llorar por un rato hasta que me descargo, y entonces no puedo hacer nada para volver a tener una sonrisa en la cara, porque ya está, se pasó el momento.
Otra cosa muy común en mí: que el momento se pase. El momento de quejarse, de hablar, de escuchar, de esto, lo otro y de aquello también. El momento se pasa y yo, porque así soy y no tengo ni idea de como se hace en estos casos para cambiar, los dejo pasar. Cuando estoy feliz, rara vez aprovecho a pleno el momento, aunque no estoy segura de si debería aprovecharlo, pero cuando el momento se va, pasa, termina, todo lo que hago es acordarme de eso e intentar, casi siempre sin éxito, nutrirme de buenas vibras y lindos pensamientos para tener de reserva cuando la bomba llegue. Porque literalmente, a la calma la precede la tempestad, y doy fe de eso con mis propias experiencias.
Voldemort.

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