8 de septiembre de 2013

City of me.

Me imagino parada en el medio de la avenida principal de una gran ciudad cuyos edificios se derrumban, cuyos árboles perecen, cuyos habitantes desaparecen. Por momentos todo es desolado, todo es desierto: desierto en vida. Porque el desierto es todo lo que yo veo pero no todo lo que hay. Hay más, mucho más que yo no conozco y no veo, ciudades enteras, con edificios y torres y personas que son felices.

¿Por qué esas personas no se mudan a mi ciudad? ¿Por qué no llamo al mismo artista para que dibuje mi paisaje? ¿Por qué acá todo perece y allá no? ¿Por qué mi mundo se cae a pedazos mientras los demás mundos siguen en pie, siempre fuertes, siempre valientes? ¿Por qué no soy como las personas felices, y reconstruyo todo de una forma que me impida seguir cayéndome de vez en cuando?

Porque puedo reconstruir. Puedo volver a pintar el paisaje. Y revivir a todos mis muertos. ¿Pero de qué me sirve si eso no dura nada? Son segundos que muchas veces no puedo aprovechar. Es tiempo que invierto en reconstruir desde la base cuando tendría que construir incluso la base nuevamente. No soy una gran edificadora de ciudades, no puedo ni siquiera mantener el primer edificio que creé en pie, y pretendo darle vida a toda una ciudad. ¡Es una locura! Una locura que por momentos me parece la mejor decisión que jamás voy a tomar, porque esa locura me da esperanzas. Ver mi ciudad siendo lo que yo anhelo que sea me da ganas de seguir caminando por las mismas calles, de estar y participar y no solo mirar.

Ladrillo por ladrillo reconstruí, ahora, casi todo lo que pensé que no tenía arreglo. Hasta esos detalles que hubiera sido mejor dejar como estaban, en ruinas, olvidados. Puse y pongo lo mejor de mí y ver que los árboles están floreciendo. Sonrío, porque la ciudad tiene vida de nuevo.

Quizás no sea la mejor decisión que tome en la vida, quizás tendría que dejar de aferrarme tanto, quizás debería empezar a pensar que a veces para estar bien tengo que hacer cosas que por momentos no me parezcan correctas y deteste, ¿pero no es estar bien lo que busco? ¿No es mi fin último la felicidad? Y no esa felicidad ficticia que a veces se crea como clima en mi ciudad, sino esa felicidad que dura segundos pero te hace sentir que tocás las nubes con las manos, como si estuvieras en el edificio más alto de todos.


Así que estoy caminando por las calles de mi ciudad contemplando todo y siendo parte. Sé que hay cosas que tengo que cambiar, que mejorar, que quitar, que aprender y demás, y con el tiempo voy a poder. O al menos espero poder.

Voldemort.

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