Me
imagino parada en el medio de la avenida principal de una gran ciudad cuyos
edificios se derrumban, cuyos árboles perecen, cuyos habitantes desaparecen.
Por momentos todo es desolado, todo es desierto: desierto en vida. Porque el
desierto es todo lo que yo veo pero no todo lo que hay. Hay más, mucho más que
yo no conozco y no veo, ciudades enteras, con edificios y torres y personas que
son felices.
¿Por
qué esas personas no se mudan a mi ciudad? ¿Por qué no llamo al mismo artista
para que dibuje mi paisaje? ¿Por qué acá todo perece y allá no? ¿Por qué mi
mundo se cae a pedazos mientras los demás mundos siguen en pie, siempre
fuertes, siempre valientes? ¿Por qué no soy como las personas felices, y
reconstruyo todo de una forma que me impida seguir cayéndome de vez en cuando?
Porque
puedo reconstruir. Puedo volver a pintar el paisaje. Y revivir a todos mis
muertos. ¿Pero de qué me sirve si eso no dura nada? Son segundos que muchas
veces no puedo aprovechar. Es tiempo que invierto en reconstruir desde la base
cuando tendría que construir incluso la base nuevamente. No soy una gran
edificadora de ciudades, no puedo ni siquiera mantener el primer edificio que
creé en pie, y pretendo darle vida a toda una ciudad. ¡Es una locura! Una
locura que por momentos me parece la mejor decisión que jamás voy a tomar,
porque esa locura me da esperanzas. Ver mi ciudad siendo lo que yo anhelo que
sea me da ganas de seguir caminando por las mismas calles, de estar y
participar y no solo mirar.
Ladrillo
por ladrillo reconstruí, ahora, casi todo lo que pensé que no tenía arreglo.
Hasta esos detalles que hubiera sido mejor dejar como estaban, en ruinas,
olvidados. Puse y pongo lo mejor de mí y ver que los árboles están floreciendo.
Sonrío, porque la ciudad tiene vida de nuevo.
Quizás
no sea la mejor decisión que tome en la vida, quizás tendría que dejar de
aferrarme tanto, quizás debería empezar a pensar que a veces para estar bien
tengo que hacer cosas que por momentos no me parezcan correctas y deteste,
¿pero no es estar bien lo que busco? ¿No es mi fin último la felicidad? Y no
esa felicidad ficticia que a veces se crea como clima en mi ciudad, sino esa
felicidad que dura segundos pero te hace sentir que tocás las nubes con las
manos, como si estuvieras en el edificio más alto de todos.
Así
que estoy caminando por las calles de mi ciudad contemplando todo y siendo
parte. Sé que hay cosas que tengo que cambiar, que mejorar, que quitar, que
aprender y demás, y con el tiempo voy a poder. O al menos espero poder.
Voldemort.
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