"Y el tiempo pasó". Años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos; todo eso pasó. Así como pasan las personas en nuestras vidas, así como pasa el viento. No se detiene, no espera a nadie; sigue. El tiempo no tiene dueño, no tiene un sitio de pertenencia. No tiene otra cosa que prisa por irse en algunos momentos, y deseos de quedarse en otros. El tiempo es como ese solcito de verano, que a veces decide desaparecer, y otras disfrutar de su posición por horas. Pero el tiempo también es divisor. Así como simplemente separa una hora de otra, separa continentes, separa sueños, separa personas. El tiempo es despiadado, pero al mismo tiempo generoso. Es una contradicción existente, pero que no existe ni a la vista ni al tacto. No camina, no vuela, ni corre. Sólo sigue. No te espera, ni te ayuda, simplemente se detiene. Pero lo hace cuando quiere, cuando está "a gusto". Aunque resulta estúpido hablar de que el tiempo se siente a gusto, porque el tiempo no siente, ni amor ni un roce, ni odio ni un golpe. Es algo que está pero no está; que aunque no comprendamos, va a seguir ahí.
Tiempo, qué incógnita que sos. Pero qué buena metáfora, al mismo tiempo.
¿Y si tu tiempo... es una persona?

1 comentario:
Que interesante tu definición del tiempo, me encanto, me gusto, me emociono.
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