No sé si son la razón de mi vida, no sé si me salvaron, pero sí sé que me inspiran, que sus canciones me hacen sentir bien, que me identifican. La sensación de bienestar que me invadió el 03 de Marzo mientras iba camino al Estadio Ferrocarril Oeste con mi mejor amiga es una de las cosas más lindas que se pueden sentir.
No me caracterizo -por lo menos no en estos últimos años- por ser de esas personas que siempre están sonriendo y se sienten bien. Pero hace exactamente una semana, cuando estaba sentada en el auto yendo a ver a unas de mis bandas favoritas, no podía dejar de pensar en lo feliz que era. En que, después de esperarlo, estaba yendo. Con mi mejor amiga. Y mis viejos no estaban peleando. Y mi hermano me había deseado suerte y me había hecho reír todo el día. Y mi mejor amiga estaba feliz. Y yo estaba feliz.
Entre las cosas que iba pensando, se me pasaba por la mente que tengo que ser un toque más positiva, porque mi negatividad afecta lo que hago y digo, y quizás, solamente quizás, si fuera un poco más positiva pudiera disfrutar más de las cosas. No es que no disfrute de las cosas buenas, pero todo lo malo está ahí presente para que después de disfrutarlo me ponga a pensar que eso en comparación de lo demás es ínfimo, cuando en realidad, no es tan ínfimo. Ese momento de felicidad, de estar con mi mejor amiga sobre una silla saltando y gritando las canciones al ritmo de esos tres hermanos y toda la banda, que me hacen latir el corazón con más velocidad y siempre me sacan una sonrisa, fue único. Fue increíble. Perfecto. Feliz. Y eso es lo que vale, en realidad. Porque las cosas malas están, obvio, y son duras de aceptar, pero son los momentos de felicidad extrema, en los que sonreímos somos estúpidos, los que cuando nos estemos por morir nos van a hacer seguir sonriendo, y por los cuales podemos decir que vale la pena estar vivos.
Así que creo que puedo decir, una vez más, que a partir de una experiencia vivida gracias a estos tres hermanos, aprendo y reflexiono. No entiendo por qué la gente pregunta cómo es que alguien los puede tener de ídolos como yo los tengo. Son personas que por más que no sepan de mí existencia a partir de canciones me hacen sonreír y llorar, y que constantemente me inspiran: a ser mejor, a preocuparme por los demás, a no dejarme pisar, etcétera. No es solamente una banda pop adolescente, por lo menos no para mí.
Gracias por algo tan lindo como un concierto en vivo. Por siempre, sin notarlo, ayudar a sus fans a seguir adelante. Sonará idiota, pero les debo mucho. Y los amo infinitamente, como también amo a mi mejor amiga.
Voldemort.
No me caracterizo -por lo menos no en estos últimos años- por ser de esas personas que siempre están sonriendo y se sienten bien. Pero hace exactamente una semana, cuando estaba sentada en el auto yendo a ver a unas de mis bandas favoritas, no podía dejar de pensar en lo feliz que era. En que, después de esperarlo, estaba yendo. Con mi mejor amiga. Y mis viejos no estaban peleando. Y mi hermano me había deseado suerte y me había hecho reír todo el día. Y mi mejor amiga estaba feliz. Y yo estaba feliz.
Entre las cosas que iba pensando, se me pasaba por la mente que tengo que ser un toque más positiva, porque mi negatividad afecta lo que hago y digo, y quizás, solamente quizás, si fuera un poco más positiva pudiera disfrutar más de las cosas. No es que no disfrute de las cosas buenas, pero todo lo malo está ahí presente para que después de disfrutarlo me ponga a pensar que eso en comparación de lo demás es ínfimo, cuando en realidad, no es tan ínfimo. Ese momento de felicidad, de estar con mi mejor amiga sobre una silla saltando y gritando las canciones al ritmo de esos tres hermanos y toda la banda, que me hacen latir el corazón con más velocidad y siempre me sacan una sonrisa, fue único. Fue increíble. Perfecto. Feliz. Y eso es lo que vale, en realidad. Porque las cosas malas están, obvio, y son duras de aceptar, pero son los momentos de felicidad extrema, en los que sonreímos somos estúpidos, los que cuando nos estemos por morir nos van a hacer seguir sonriendo, y por los cuales podemos decir que vale la pena estar vivos.
Así que creo que puedo decir, una vez más, que a partir de una experiencia vivida gracias a estos tres hermanos, aprendo y reflexiono. No entiendo por qué la gente pregunta cómo es que alguien los puede tener de ídolos como yo los tengo. Son personas que por más que no sepan de mí existencia a partir de canciones me hacen sonreír y llorar, y que constantemente me inspiran: a ser mejor, a preocuparme por los demás, a no dejarme pisar, etcétera. No es solamente una banda pop adolescente, por lo menos no para mí.
Gracias por algo tan lindo como un concierto en vivo. Por siempre, sin notarlo, ayudar a sus fans a seguir adelante. Sonará idiota, pero les debo mucho. Y los amo infinitamente, como también amo a mi mejor amiga.
Voldemort.
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