21 de abril de 2013

Lazos a distancia.

   Tengo la, quizás, mala suerte de poder crear lazos a distancia.
   Suena raro, pero ¿vieron cuando empezás a hablar con alguien a quien no conocés y de repente te cae muy bien y de repente se están contando sus vidas y de repente hablar siempre que pueden porque les gusta hablar entre ustedes? Bueno, así. Es exactamente eso.
   Creo y contribuyo a la creación de lazos con personas que están detrás de una pantalla, que nunca vi, o que vi dos veces en mi vida, que, quizás, en algunos casos, algún día conozca. Pero son lazos en serio: son afectivos. Siento la necesidad de ayudarlos en lo que pueda, los quiero escuchar para que no se vean obligados a guardarse adentro todo lo que les pasa, les cuento mis cosas, nos reímos y gastamos y aconsejamos y parece una amistad de años, cuando en realidad se tardaron meses, quizás semanas para sentar las bases. 
   Y ahí estamos los que somos partícipes de estas relaciones, tiempo después, esperando a que la otra persona nos conteste, porque nos gusta hablar. Porque nos sentimos comprendidos, porque finalmente encontramos a alguien con quien hablar de lo que nos pasa sin sentirnos juzgados; porque desarrollamos algún tipo de cariño para con el otro y no nos importa nunca haber visto a la otra persona, lo queremos por lo que nosotros conocemos: por cómo nos escucha, trata, aconseja, reta, molesta, carga, burla: por cómo es para con nosotros. Todo eso hace que queramos al otro, y no nos importa como es físicamente, ni el color de los ojos, ni del pelo, ni el talle de pantalón, ni nada. No importa nada más que lo que esa persona es, y lo que es es lo que nosotros tanto queremos y por lo que seguimos hablando con el otro.
   Tengo de esos lazos, sí. Y los valoro mucho, y me pueden decir lo que sea, pero aunque no conviva con ellos como lo hago con mis amigos, aunque no sepa si es como conmigo con los demás, lo que yo conozco, lo que yo veo, es lo que para mí vale.  Y no puedo dejar de querer a una persona de un día para el otro porque no la conozco, y me duele no poder ayudar, y me encantaría estar cerca y abrazarlos. Suena completamente estúpido para algunos, pero de verdad mucha gente no tiene idea de lo reconfortante que es encontrar a alguien con quien hablar que no sepa nada de vos y por lo tanto no te pueda juzgar. Que simplemente te escuche desde cero.
   Lo malo de estas cosas es que se pierden. Que de repente no hablan más, y las cosas cambian y vos te quedás con el recuerdo de alguien a quien quizás nunca viste personalmente pero que conociste por internet, y dentro tuyo le agradecés mil veces todo lo que hizo por vos sin darse cuenta. Considero que esto es malo porque lo que más me gustaría es abrazar a esas personas y decirles que así como a mí me dicen que todo va a mejorar, para ellos también va a mejorar, y vamos a salir adelante todos juntos. Me quiero sentar a tomar mate, chocolatada o un vaso de jugo y hablar de cualquier cosa. Y muchas, muchas veces no se puede. Y eso es triste.

Maybe it's sad that these are now memories, and maybe it's not sad.

Voldemort.

20 de abril de 2013

El Demonio y la señorita Prym.



"Después, la voz —que se identificó como el príncipe de este mundo, el único conocedor de lo que acontece en la tierra— empezó a mostrarle las personas que tenía a su alrededor, en la playa. Al abnegado padre de familia que empaquetaba cosas y ayudaba a sus hijos a ponerse el abrigo le gustaría tener una aventura con su secretaria pero le aterrorizaba la reacción de su mujer. A la mujer le gustaría trabajar y ser independiente, pero le aterrorizaba la reacción del marido. Los niños se portaban bien por miedo a los castigos. La chica que leía un libro, sola en un bar, fingía indiferencia, pero su alma estaba aterrorizada por la posibilidad de pasar sola el resto de su vida. El chico que hacía ejercicio con la raqueta estaba aterrorizado porque debía estar a la altura de las expectativas de sus padres. Al camarero que servía cócteles tropicales le aterrorizaba la idea de que pudieran despedirlo en cualquier momento. La chica que quería ser bailarina, pero estudiaba derecho por miedo a a enfrentarse a la crítica de sus vecinos. El viejo que no fumaba ni bebía diciendo que así se conservaba en forma, cuando, en realidad, el terror a la muerte susurraba en sus oídos como el viento. La pareja que corría salpicando con le agua del rompiente, con una con una sonrisa en los labios, y el terror oculto de volverse viejos, aburridos, inválidos. El hombre que paró su lancha delante de todos y los saludó con la mano, sonriente, bronceado, sintiendo terror porque podía perder su dinero de un momento a otro. El dueño del hotel, que contemplaba aquella escena paradisíaca desde su oficina, intentando que todos estuvieran contentos y animados, exigiendo el máximo de sus contadores, con el terror en el alma porque sabía que —por más honrado que fuese— Hacienda siempre descubría errores en la contabilidad.
   Terror en cada una de las personas que había en aquella bonita playa, en aquel atardecer que dejaba sin aliento. terror de quedarse solo, terror de la oscuridad que poblaba la imaginación de demonios, terror de hacer alguna cosa ajena al manual de urbanidad, terror al juicio de Dios, terror de los comentarios de los hombres, terror de la justicia que castigaba cualquier falta, terror de arriesgarse y perder, terror de ganar y tener que convivir con la envidia, terror de amar y ser rechazado, terror de pedir un aumento, de aceptar una invitación, de ir a lugares desconocidos, de no conseguir hablar una lengua extranjera, de no tener capacidad para impresionar a los demás, de hacerse viejo, de morir, de hacerse notar por los defectos, de no ser notado por las cualidades, de no ser notado ni por defectos ni por cualidades.
   Terror, terror, terror. La vida era un régimen de terror; la sombra de la guillotina."
El Demonio y la señorita Prym, Paulo Coelho.
Voldemort.

14 de abril de 2013

Download.

Necesito canalizar. Mi enojo, mi tristeza, mis ganas de mandar todo a la mierda; necesito poner todo eso en algún lugar. No lo soporto, no lo aguanto, no puedo.
Soy una estúpida y me quejo de todo y en este momento me tiene sin cuidado. Me quiero morir pero no me voy a morir pronto y estoy cansada. Quiero dormir muchos días seguidos y levantarme solamente para llorar, porque así canalizo. No quiero hacer nada más.
No soporto nada, ni a mí misma. 

1 de abril de 2013

La tristeza de la necrópolis.

   Ayer, treinta y uno de Marzo, se cumplió un año del fallecimiento de mi abuela paterna -a la cual sí conocí- y el seis de Abril se van a cumplir veinte años del fallecimiento de mi abuelo paterno -al cual no conocí- y la verdad es que tuve tiempo suficiente para reflexionar que por muchas cosas que me pueda haber gritado con mi abuela y de lo mal que nos hayamos llevado muchas veces, yo la amaba y la amo y no puedo decir eso de mi abuelo porque no lo conocí y en mi casa no hablaban mucho de él cuando mi abuela vivía y ahora eso es todavía más nulo. Y también está enterrado el hermano de mi papá, con su urna en el mismo nicho en el que está mi abuelo pero de eso sí que no sé nada, más que existió y falleció de muy chiquito.

   Por estos motivos, fui al cementerio el domingo pasado (ayer) y seguramente vaya el sábado que viene, y creo que hay pocas cosas que detesto más que los cementerios. No solamente por el hecho de que hay una infinidad de muertos enterrados o puestos en nichos. Me pasó que una de las veces que fui todo el pasto de atrás estaba híper crecido, y en esa parte también había tumbas. Tumbas viejas y que quizás ya nadie va a ver, pero no hay necesidad de no cuidarlas de esa manera. Es disgustante. Me pone mal de verdad ver lo poco que cuidan esas tumbas aunque seguramente las remuevan pronto si nadie las va a visitar, y el único granito de arena que puedo aportar es el de enderezar las cosas que se caen (como ejemplo de explicación, ayer cuando fui, acomodé el florerito de una tumba y el caballo de otra, porque no me gusta ver las cosas así).

   Cada vez que piso un cementerio llego a la misma conlusión: quiero que me cremen. A mí no me gusta entrar en las necrópolis porque me inunda la tristeza. No me gusta esta especie de ritual que consiste en ir y llevar un ramo de flores o lo que sea para depositar en el monumento, lápida o tumba de la persona que ya falleció, que está abajo de la tierra, en un cajón, pereciendo. Todo eso, las flores, los objetos, las fotos, las piedritas y el mármol, son formas de, supongo, consentir un poco a quien ya no está. Es más que nada también decoración; es algo visual. Y la realidad es que esa persona no está para verlo y no sirve de mucho hacer todo eso, porque ese alguien está muerto de todas formas.

   Escuché a mi viejo decir que quiere no sé qué cosa para que cuando estemos muertos estemos todos en el mismo lugar, o algo así. No sé bien como se llaman esas cosas, pero no va a servir de nada que lo haga. Si él se quiere enterrar bueno, yo me quiero cremar. No quiero que nadie me vaya a visitar en ningún lado, no quiero estar en un cajón abajo de la tierra, abajo de mármol y piedritas, y que haya personas, si es que las hay, que me dejen flores y esas cosas. No quiero que haya cruces, así como no quiero que haya nada. Tampoco quiero que mis cenizas estén en una urna. No. Quiero que cuando me muera y me cremen tiren mis cenizas en algún lugar que, a la persona que tiene las cenizas, le recuerde a mí. O a algún lugar que yo elija. Si tengo la mala suerte de morirme y que nadie se acuerde de mí solamente espero que si me creman no me pongan en una urna y me tiren por ahí. Voy a estar muerta, no quiero conmemoraciones del tipo físicas. Sí, una foto en la mesita de luz, bueno. Pero nada más.

    No quisiera someter a nadie a ese ritual que tanta tristeza me da y, en realidad, es mi decisión, así que no voy a someter a nadie a eso.


Del polvo venimos y al polvo volvemos.

Voldemort.

Soy una cucaracha, vió usté?

   No es nuevo que yo me queje de algo, porque siendo sincera me quejo bastante pero bueno, la verdad es que soy una pelotuda y necesito quejarme de las cosas de vez en cuando, más que nada porque conozco entes que disfrutan o a los que les gusta algo que a mí no y me preguntan sí me cabe y me veo en el dilema de si contestar amablemente lo que quieren escuchar (¡¿QUÉ?!) o contarles la triste verdad y expresarme de esta manera vulgar. Y bueno, nada, siempre es más divertido la manera vulgar, más que nada cuando te miran como si fueras un bicho raro. SÍ DOÑA, SOY UNA CUCARACHA, VIÓ USTÉ?

   Con todo esto intento ir a un momento en particular, del año pasado, en el que sucedió algo que me marcó mucho como persona y terminó de re definir mi vida (?): la madre de una amiga me dijo que estaba decepcionada. La situación fue algo así: yo, siempre simpática y buena persona, estaba en la casa de una amiga hablando con ella y con su madre, y esperando a que la mía llegara para tomar mates, también, cuando no recuerdo por qué -normalmente cuando algo no me interesa no recuerdo de dónde sale- se empezó a hablar de religión y yo sentí la necesidad de invocar a Hades tuve la genial idea de SEGUIR SIENDO SINCERA y comentar que soy atea, o que, en realidad, no creo en "Dios" (porque no niego que pueda existir alguna fuerza así, pero en "Dios" no creo). Haciendo un paréntesis, tengo que admitir que disfruto mucho la cara de "¡¿POR LA SANTA VIRGEN CÓMO ES ESTO POSIBLE?!" que ponen algunas personas adultas y creyentes cuando alguien confiesa no ser parte de la creencia en este señor inexistente a mi parecer. Y entonces, volviendo a mi interesante relato, la madre de mi amiga me regaló una mirada de incredulidad que rozaba con la molestia y me dijo que no lo podía creer. Palabras van y palabras vienen y, entonces, saca a relucir su lado creyente religioso o como sea y me dice que, según su opinión, que muchas veces me importó mucho y en ese momento me quise pasar por las bolas, no tendría que estar en un colegio católico, porque claro, como no creo no debería estar ahí. Debería pasarme a una pública o quéseyo. Y luego añadió un "la verdad que me decepcionaste con esto" o que el hecho de que no crea la decepciona, pero ambas cosas apuntan a lo mismo: yo la decepcioné porque no creo en este ente inexistente que denominan "Dios". 

   Increíblemente, para la sorpresa de mi propia persona, reaccioné casi como una persona normal y le comenté que a mí en el colegio me metieron por la enseñanza más que nada, porque si querían que me formara hípermegaresuper católicamente me podrían haber metido en algún colegio de curas, como al que iba antes. Y también dije que me parecía medio bobo que alguien se decepcionara por eso, pero que quésabíayo. Al rato llego mi madre, y le comenté la situación en broma -aunque me rompió los ovarios en serio que me dijera eso, porque ¡¿qué carajos?!- y que seguramente no me iba a dejar entrar más en su casa ahora que sabía de mi no-fé. La mujer se rió y me dijo que cómo no me iba a dejar entrar, que eso no cambiaba nadENTONCES POR QUÉ ME DIJISTE QUE ESTABAS DECEPCIONADA?! EXPLÍCAMELO, DALE.

   Después nos reímos, tomamos mate, y en ese momento tan decisivo de mi vida (?) terminé de resolver que: 
a) por más que quisiera nunca me iba a olvidar de ese momento de mierda en el que me dijo que estaba decepcionada por semejante pelotudez.
b) que me importa bastante poco la opinión de los demás sobre mi no-creencia porque si la gente puede andar por ahí profesando que cree yo puedo profesar que no y como ellos pueden decir que yo soy una pelotuda yo puedo decir lo mismo de ellos (aunque no me parece pelotuda la gente religiosa por serlo, sino algunos casos particulares) y que, al final, nos morimos todos y si me los encuentro en algún momento siendo simples almas me voy a reír mucho porque yo, la no creyente, estoy con todos esos creyentes y nada. LOL.

   Otro momento así fue uno en el que me negué a rezar en mi hogar, porque bueno, nada, soy re jarcor. Y se enojaron conmigo, y a mi me importó un huevo, porque no voy a ir en contra de mis creencias por satisfacer a otros. Y básicamente no sé, me quería quejar de que me pone muy de la concha de mal humor que me miren distinto por pensar de otra manera y esas cosas, y bueno, la verdad es que es el día de hoy que me acuerdo de ese momento y me re caliento pero la quiero, y la conozco hace años y bueno, voy a seguirle profesando mi no creencia por simple sed de venganza. Un besito.

Voldemort.