1 de abril de 2013

La tristeza de la necrópolis.

   Ayer, treinta y uno de Marzo, se cumplió un año del fallecimiento de mi abuela paterna -a la cual sí conocí- y el seis de Abril se van a cumplir veinte años del fallecimiento de mi abuelo paterno -al cual no conocí- y la verdad es que tuve tiempo suficiente para reflexionar que por muchas cosas que me pueda haber gritado con mi abuela y de lo mal que nos hayamos llevado muchas veces, yo la amaba y la amo y no puedo decir eso de mi abuelo porque no lo conocí y en mi casa no hablaban mucho de él cuando mi abuela vivía y ahora eso es todavía más nulo. Y también está enterrado el hermano de mi papá, con su urna en el mismo nicho en el que está mi abuelo pero de eso sí que no sé nada, más que existió y falleció de muy chiquito.

   Por estos motivos, fui al cementerio el domingo pasado (ayer) y seguramente vaya el sábado que viene, y creo que hay pocas cosas que detesto más que los cementerios. No solamente por el hecho de que hay una infinidad de muertos enterrados o puestos en nichos. Me pasó que una de las veces que fui todo el pasto de atrás estaba híper crecido, y en esa parte también había tumbas. Tumbas viejas y que quizás ya nadie va a ver, pero no hay necesidad de no cuidarlas de esa manera. Es disgustante. Me pone mal de verdad ver lo poco que cuidan esas tumbas aunque seguramente las remuevan pronto si nadie las va a visitar, y el único granito de arena que puedo aportar es el de enderezar las cosas que se caen (como ejemplo de explicación, ayer cuando fui, acomodé el florerito de una tumba y el caballo de otra, porque no me gusta ver las cosas así).

   Cada vez que piso un cementerio llego a la misma conlusión: quiero que me cremen. A mí no me gusta entrar en las necrópolis porque me inunda la tristeza. No me gusta esta especie de ritual que consiste en ir y llevar un ramo de flores o lo que sea para depositar en el monumento, lápida o tumba de la persona que ya falleció, que está abajo de la tierra, en un cajón, pereciendo. Todo eso, las flores, los objetos, las fotos, las piedritas y el mármol, son formas de, supongo, consentir un poco a quien ya no está. Es más que nada también decoración; es algo visual. Y la realidad es que esa persona no está para verlo y no sirve de mucho hacer todo eso, porque ese alguien está muerto de todas formas.

   Escuché a mi viejo decir que quiere no sé qué cosa para que cuando estemos muertos estemos todos en el mismo lugar, o algo así. No sé bien como se llaman esas cosas, pero no va a servir de nada que lo haga. Si él se quiere enterrar bueno, yo me quiero cremar. No quiero que nadie me vaya a visitar en ningún lado, no quiero estar en un cajón abajo de la tierra, abajo de mármol y piedritas, y que haya personas, si es que las hay, que me dejen flores y esas cosas. No quiero que haya cruces, así como no quiero que haya nada. Tampoco quiero que mis cenizas estén en una urna. No. Quiero que cuando me muera y me cremen tiren mis cenizas en algún lugar que, a la persona que tiene las cenizas, le recuerde a mí. O a algún lugar que yo elija. Si tengo la mala suerte de morirme y que nadie se acuerde de mí solamente espero que si me creman no me pongan en una urna y me tiren por ahí. Voy a estar muerta, no quiero conmemoraciones del tipo físicas. Sí, una foto en la mesita de luz, bueno. Pero nada más.

    No quisiera someter a nadie a ese ritual que tanta tristeza me da y, en realidad, es mi decisión, así que no voy a someter a nadie a eso.


Del polvo venimos y al polvo volvemos.

Voldemort.

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