A veces tengo tantas ganas de
morirme.
Pero tantas, tantas. No sé, no lo
controlo. Ojalá pudiera hacerlo. Si yo pudiera controlar esa ola de necesidad
que me llega de repente de no querer existir más, si yo la pudiera erradicar mi
ser, sería muy feliz. Y odio tanto todo esto. Y a la vez no.
Yo no sé. No sé qué mierda me
pasa, no sé por qué de repente me pongo tan mal. Porque las cosas se me van así
de las manos. No quiero que sea así, pero una vez que me pongo a llorar no
puedo parar. No le veo el fin. Una cosa me lleva a la otra y me pierdo en un
mar de lágrimas que a veces ni siquiera entiendo.
Me siento tan mal. Y no sé por
qué. Y no es como antes, porque antes era peor. Ahora es a veces, pero esas
veces no tengo ganas de levantarme, y no tengo ganas de seguir, y no tengo
ganas de nada más de morirme. Realmente morirme.
Pero yo no me quiero morir.
Quiero estudiar, quiero recibirme, quiero ver a mis amigos toda mi vida, quiero
casarme con mi novio, quiero tener hijos con él, quiero tener un perro, visitar
a mis viejos los domingos, quiero viajar, leer, escribir, quiero hacer mil
cosas que implican seguir viva. Y lo que más, más me pudre, me hace hervir la
sangre, de esta situación de mierda, es que yo no me quiero morir, pero cuando
quiero no lo puedo evitar. Cuando esa mierda me invade, no me pongo a pensar en
todo lo que después, más lúcida, me hace SABER que me gusta vivir. Que quiero
seguir viviendo.
Tengo miedo. De mí, muchas veces.
En un momento de mierda. No sé si de morirme, pero sí de desquitarme. Y NO
QUIERO, no quiero hacerlo. Y lo controlo, dentro de todo. Pero quiero que se
termine. Quiero que se vaya.
Salir,Quiero
que desaparezca. ¿Eso se puede? Por favor. Basta.
Voldemort.
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