26 de junio de 2015

colour fades

A veces tengo tantas ganas de morirme.

Pero tantas, tantas. No sé, no lo controlo. Ojalá pudiera hacerlo. Si yo pudiera controlar esa ola de necesidad que me llega de repente de no querer existir más, si yo la pudiera erradicar mi ser, sería muy feliz. Y odio tanto todo esto. Y a la vez no.

Yo no sé. No sé qué mierda me pasa, no sé por qué de repente me pongo tan mal. Porque las cosas se me van así de las manos. No quiero que sea así, pero una vez que me pongo a llorar no puedo parar. No le veo el fin. Una cosa me lleva a la otra y me pierdo en un mar de lágrimas que a veces ni siquiera entiendo.

Me siento tan mal. Y no sé por qué. Y no es como antes, porque antes era peor. Ahora es a veces, pero esas veces no tengo ganas de levantarme, y no tengo ganas de seguir, y no tengo ganas de nada más de morirme. Realmente morirme.

Pero yo no me quiero morir. Quiero estudiar, quiero recibirme, quiero ver a mis amigos toda mi vida, quiero casarme con mi novio, quiero tener hijos con él, quiero tener un perro, visitar a mis viejos los domingos, quiero viajar, leer, escribir, quiero hacer mil cosas que implican seguir viva. Y lo que más, más me pudre, me hace hervir la sangre, de esta situación de mierda, es que yo no me quiero morir, pero cuando quiero no lo puedo evitar. Cuando esa mierda me invade, no me pongo a pensar en todo lo que después, más lúcida, me hace SABER que me gusta vivir. Que quiero seguir viviendo.
Tengo miedo. De mí, muchas veces. En un momento de mierda. No sé si de morirme, pero sí de desquitarme. Y NO QUIERO, no quiero hacerlo. Y lo controlo, dentro de todo. Pero quiero que se termine. Quiero que se vaya.

Salir,Quiero que desaparezca. ¿Eso se puede? Por favor. Basta.

Voldemort.

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