Maybe one day we'll find the place where our dreams and reality collide.
30 de marzo de 2012
The Hunger Games.
— ¿Sabes qué? Podríamos hacerlo —dijo Gale en voz baja.
— ¿El qué?
—Dejar el distrito, huir y vivir en el bosque. Tú y yo podríamos hacerlo —No sé cómo responder, la idea es demasiado absurda—. Si no tuviésemos tantos niños —añadió él rápidamente.
No son nuestros niños, claro, pero para el caso es lo mismo. Los dos hermanos pequeños de Gale y su hermana, y Prim. Nuestras madres también podrían entrar en el lote, porque ¿cómo iban a sobrevivir sin nosotros? ¿Quién alimentaría esas bocas que siempre piden más? Aunque los dos cazamos todos los días, alguna vez tenemos que cambiar las presas por manteca de cerdo, cordones de zapatos o lana, así que hay noches en las que nos vamos a la cama con los estómagos vacíos.
—No quiero tener hijos—digo.
—Puede que yo sí, si no viviese aquí.
—Pero vives aquí —le recuerdo, irritada.
—Olvídalo.
Primera Parte: Los Tributos.
Página 18, capítulo 1.
Suzanne Collins.
Suzanne Collins.
9 de marzo de 2012
Mientes.
Uno llama a las personas mentirosos y mentirosas. Pero sabemos que todos mentimos alguna vez. En cualquier cosa, ya sea para que nos dejen salir con nuestros amigos o incluso porque quisimos. Decir "no" cuando es todo lo contrario como respuesta a una pregunta, es mentir. Pero el gran problema de la mentira no es ése. No es que todos mientan, porque la realidad es que hasta el presidente alguna vez habrá mentido para no sentirse menos. Yo le miento a mis padres para que no me castiguen tanto. ¿Pero en algún momento admitimos que mentimos? Sí. Muchos sí. Quizás no admitimos que ciertas cosas fueron mentiras, pero sí algunas de ellas. Y lo sabemos. Y no nos aferramos a esa mentira, la dejamos pasar para no tener problemas el futuro. Yo creo que el gran problema que trae mentir, verbo cuyo significado es inducir a error, y las mentiras, la cual es una expresión o manifestación contraria a lo que se piensa o siente, es que al acostumbrarse a mentir, y al tomarle el gusto, el vicio —es decir aficionarse a éso— puede llevarte a un punto más elevado. No solamente vas a ser un mentiroso/a, sino también una persona que rodea el cinismo, o incluso que lo personifica. Pasás a ser una persona que tiene descaro al mentir o al intentar defender y practicar actitudes totalmente reprochables. ¿Qué van a pensar los demás de vos? ¿Que todas esas mentiras con las que te encargaste de llenar un balde como si fuese el agua más pura, para que cuando se te cayera fuese agua podrida eran solo una tontería? ¿Van a pensar que confiabas en ellos? ¿Que fue solamente un dicho o hecho disparatado o incoherente? NO. No van a pensar eso si mentís todo el tiempo. Van a pensar que tenés problemas, que estás intentando ocultar algo o que te estás inventando una vida que en realidad nunca tuviste para que lo que te pasa adentro quede escondido. Se puede incluso pensar y hacer referencia a la mitomanía. Quizás esto les recuerde a muchos a los actores, porque los mismos convierten a la mitomanía, es decir, la "subliman" en términos psicológicos, en Arte. Se dice que las personas que sufren de dicha enfermedad tienen una visión equivocada y desfigurada de sí mismos (un delirio de grandeza). Es tan grave el problema que las personas que sufren de ésto generan una gran distancia entre quienes creen que son —debido a que llegan a adoptar el "yo" que forman con sus mentiras como el verdadero— de quienes realmente son. Ésta enfermedad se caracteriza por el hecho de las mentiras de forma continua y patológica cambiando la realidad. Las personas que la sufren tienden a mentir sin medir las consecuencias. Además, yo creo que la mitomanía, así como también el cinismo, se relacionan mucho con la estrategia. La definición de ésta es la técnica y conjunto de actividades destinadas a conseguir un objetivo. El objetivo bien pude ser sepultar en lo más profundo un secreto, así como también llegar a alguien, o quizás cualquier otra cosa. También, a la enfermedad antes mencionada se la considera un trastorno de personalidad. Lo que me lleva a pensar y hacer mención de la bipolaridad, los dos extremos de una misma persona. Los extremos de los que salta continuamente. Y por qué no, entonces, lo que sucede con la mitomanía es una especie de bipolaridad, es decir, un trastorno mental. Porque los mitómanos no son conscientes de todo lo que mienten. La persona que te demuestra cariño, amor, ayuda, que no te defrauda y que te cuida, esa es la persona real, la que debajo de la enfermedad y de todos los problemas que tiene, existe. Pero del mismo modo existe el otro extremo. El extremo que miente constantemente sin valorar las consecuencias que ésto le puede traer tanto a ella misma o a él mismo, como a los demás, a quienes lo rodean. Quizás hablar de la mentira y saltar de ésta manera a la mitomanía es algo apresurado, pero de todas formas, creo que hay que tener en cuenta que mentir constantemente puede llevarte a ésto. No es peligroso solamente porque es una enfermedad y porque hay un tratamiento de por medio, sino también por el hecho de que las personas que más te quieren, o mejor dicho aquellos que noten ésta anomalía de utilizar el escape rápido a la mayoría de las cosas, que es la mentira, todo el tiempo, se podrían alejar. Sin embargo creo que cuando alguien sufre de ésta forma, por mucho dolor que su entorno pueda llegar a sentir, todo aquél que quiera al enfermo —en términos médicos—, por llamarlo de alguna forma, tiene que intentar no dejarlo solo al atravesar este camino. Incluso si su mitomanía se puede justificar a partir de la necesidad de las personas que la padecen de esconder diferentes cosas de sus vidas.
6 de marzo de 2012
Vuelta a clases.
Para muchos es durísimo empezar de vuelta el colegio. Volver a levantarse temprano para meterse en el uniforme y salir a esperar el colectivo, o esperar a que alguno de tus viejos esté listo para llevarte. Incluso esperar al remis se vuelve duro. El sólo hecho de pensar en las materias nuevas, sumadas a las de siempre, quitándole las que sólo tenemos por un año o dos. Además de los nuevos profesores, esos que tienen fama de arruinar el tiempo libre de los alumnos. Eso, y los horarios, hacen que muchas de las personas que se levantan, cambian y salen a puras penas de sus casas para llegar al colegio, estén de mal humor. Pero así como ellos detestan estar ahí, a pesar de que ven a esos amigos que no ven hace muchísimo, a muchos otros les encanta la idea de ir al colegio. Es refugio, distracción. Es una obligación que por momentos a los que tenemos la posibilidad de asistir a uno nos hace olvidar todos esos problemas que tenemos puertas adentro, en las familias y en las casas, incluso nuestro propios problemas. Nos da un espacio para descargar algo de todo eso que llevamos colgando en una mochila cargada al hombro, aunque siempre tiene algo malo también. Una injustica, un profesor que nos tomó de punto fijo sin que nosotros dijéramos nada, una mala nota, una tarea no entregada, un compañero o compañera que nos odia o nos hace la vida imposible, un grupo que bardea, alguien que saca el lugar en el que te sentás y miles, miles de cosas más que suceden en los colegios hoy en día. Pero a pesar de todo eso, de lo malo, lo feo, tiene sus cosas buenas. El hecho de ver a nuestros amigos más seguido, el hecho de que cuando terminamos sabemos algo y entendemos lo que sucede a nuestro al rededor. Es por eso que creo que todos aquellos que se levantan de mal humor, que cuando llegan los odian a todos, tendrían que intentar no ofuscar el día de los que prefieren ir al colegio a quedarse en sus casas. Nadie tiene el derecho de estar la estadía de otro algo infernal. La vuelta a clases no es tan mala, a la larga, es algo bueno.
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