— ¿Sabes qué? Podríamos hacerlo —dijo Gale en voz baja.
— ¿El qué?
—Dejar el distrito, huir y vivir en el bosque. Tú y yo podríamos hacerlo —No sé cómo responder, la idea es demasiado absurda—. Si no tuviésemos tantos niños —añadió él rápidamente.
No son nuestros niños, claro, pero para el caso es lo mismo. Los dos hermanos pequeños de Gale y su hermana, y Prim. Nuestras madres también podrían entrar en el lote, porque ¿cómo iban a sobrevivir sin nosotros? ¿Quién alimentaría esas bocas que siempre piden más? Aunque los dos cazamos todos los días, alguna vez tenemos que cambiar las presas por manteca de cerdo, cordones de zapatos o lana, así que hay noches en las que nos vamos a la cama con los estómagos vacíos.
—No quiero tener hijos—digo.
—Puede que yo sí, si no viviese aquí.
—Pero vives aquí —le recuerdo, irritada.
—Olvídalo.
Primera Parte: Los Tributos.
Página 18, capítulo 1.
Suzanne Collins.
Suzanne Collins.

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