Según
la perspectiva de Luca, el verano es la instancia perfecta para salir todos los
fines de semana con sus amigos y divertirse. Sin importar adónde, o en dónde
podrían aparecer a la mañana siguiente. Viernes y sábados estaban reservados
por todo el verano, nadie podía hacer que cambiara de opinión. En la semana se
dedicaba a visitar a sus amigos en sus casas, a ir a tomar algo con alguna
chica que le interesara, o simplemente a tirarse frente a su televisión a mirar
lo que encontrara. Y quizás dos semanas las pasaba en la costa, con sus amigos
más cercanos, o con sus padres. Pero para su mala suerte, tenía que dedicarle
algunas horas de su vida al estudio. Su papel de chico popular y canchero hacía
que tuviese que ir a rendir materias en Diciembre… o en Febrero. En cualquier
caso, nunca le habían importado mucho. Consideraba sus vacaciones sagradas, y
nada las iba a arruinar… ni siquiera pasar con previas. Su vida veraniega se
basaba en la noche.
Jade
veía el verano de otro modo. Normalmente su madre vacacionaba con su novio las primeras tres semanas de vacaciones, y
volvían para las fiestas. Su padre pasaba en la costa los tres meses, por lo
tanto ella se dedicaba a cuidar a sus tres hermanos. Como en cualquier época
del año, salía a correr temprano en la mañana los sábados y domingos, y las
tardes las pasaba en la casa de alguna de sus amigas, mayoritariamente ayudándolas
con las materias que debían rendir en breve. Salía poco, no estaba acostumbrada
a salir más de dos fines de semana seguidos, y tampoco tenía un grupo con quien
hacerlo. La mayoría de sus amigos tenía semi grupos de los más íntimos, y se arreglaban
entre ellos. Y para colmo su mejor amiga pasaba los primeros dos meses de
vacaciones en Córdoba. Pasaba la mayor parte de sus vacaciones viviendo de día.
Fue
en la primera semana del segundo mes de vacaciones cuando Luca decidió
que se juntaría con su grupo de amigos del club en el que jugaba football para
salir, pidiéndole perdón a sus amigos y prometiéndoles salir cualquier día que
quisieran. Doce y media más de la mitad de sus amigos ya se encontraban semi alcoholizados,
y una cantidad incontable de chicas seguían apareciendo en su casa, pidiéndole
que para la próxima “previa” que
organizara, les avisara. Luca les decía a todas que lo haría, les agradecía por
haber ido y a los pocos minutos le preguntaba a uno de sus amigos si las conocía.
—Qué se yo, gil. ¿Importa quiénes son? —le
contestó el mismo.
Luca negó con la cabeza y se acercó a una de las
chicas para hablarle. No mucho tiempo más tarde él se encontraba cómodamente
sentado en el sillón, con la misma chica sobre sus piernas, mientras se
besaban. No, no le importaba quién era. Él quería salir, divertirse.
La noche transcurrió normal, a las dos estaban
haciendo la cola para ingresar en uno de los boliches que más frecuentaban. Uno
de los hombres de seguridad del lugar que los conocía les hizo señas para que
pasaran sin tener que esperar a ver si los rebotaban o no. No pasó nada que no
les pasara todos los viernes y sábados. Y a las cinco y veinte de la mañana
todos tenían hambre y las chicas ya estaban demasiado enfiestadas como para
estar sólo con ellos.
—Eu, vayamos para la plaza —le dijo uno de sus
amigos. Luca lo miró no muy convencido—. Copate, dale.
—Dale, dale. Vayamos —dijo suspirando. ¿Qué
perdía? Nada.
En el camino a la plaza pasaron por un Mc
Donalds y se detuvieron a contar cuanta plata tenían entre todos. Compraron
hamburguesas, papas y gaseosas para todos. Las pocas cuadras que les faltaban
recorrer las caminaron al doble de la velocidad; estaban muertos de hambre.
El despertador de Jade sonó a las cuatro y media
de la mañana. Lo apagó de un golpe y se permitió dormir otros cinco minutos,
hasta que la voz en su mente que le recordaba que tenía que salir a correr hizo
que se destapara y, semi dormida, ingresara en el baño. Se cepilló los dientes,
lavó la cara y abrió las canillas de su bañadera. Veinte minutos más tarde se
encontraba secándose el cabello, vestida con unas calsas negras, zapatillas
violetas, una musculosa blanca larga y por sobre la misma una remera gris,
vieja y desteñida.
Desayunó jugo de naranja y tostadas y salió
antes de que se hicieran las cinco y diez. Se colocó los auriculares, apretó el
botón que activaba la función aleatoria de su Ipod y se dispuso a correr. No se
dio cuenta cuando, media hora más tarde, corría por el parque. Se detuvo con
facilidad y caminó hasta el bar más cercano para así comprar un té caliente para
llevar. Decidió sentarse bajo uno de los árboles más grandes, con la espalda
apoyada en el tronco. Respiró profundo hasta que su corazón comenzó a latir con
normalidad, y entonces, buscó en su Ipod una de las novelas que había
descargado para leer.
Avanzada su lectura unas cincuenta hojas,
escuchó unas risas provenientes de su derecha. Levantó su cabeza con curiosidad
y se encontró con un grupo de muchachos comiendo hamburguesas y riéndose a
mandíbula suelta. Se imaginó que seguramente salían de algún boliche y se
dispuso a ignorar el tono de sus voces para seguir leyendo, cuando sus ojos se encontraron
con los de uno de ellos. Era alto, de cabello corto y negro azabache.
Diferenció en él la particularidad de unos ojos celestes con manchas color
chocolate. Mantuvo el contacto visual por unos minutos, debatiéndose
internamente si hablarle o no. Aunque no sabía por qué.
Él le sonrió y ella hizo lo mismo por simple inercia.
Pero una vez que los amigos del muchacho comenzaron a notar lo perdido que él
se encontraba en ella, se dieron vuelta uno por uno para observarla. Jade
sintió vergüenza y regresó a su lectura, sin prestarle mucha atención.
— ¿Quién es? —quiso saber uno de los amigos de
Luca.
—No tengo idea —admitió él, mirándolo de reojo.
—No seas cagón y anda a hablarle —lo animó otro.
Lo pensó por unos instantes. ¿Qué podía perder
yendo a hablarle a una chica que no conocía, de quién no tenía idea? Nada.
Podía rechazarlo y aún así las probabilidades de que la volviese a ver eran ínfimas. No conocía ni
su número telefónico, ni su residencia, y menos los lugares a los que salía. Y
por cómo estaba vestida, se daba cuenta de que aquél viernes ella había
preferido quedarse en su hogar, o en cualquier otro lugar.
Se tronó los huesos de las manos —porque siempre
lo hacía y en realidad no se daba cuenta—, y mientras se arreglaba la camisa con
la que había salido el día anterior, y se aseguraba de que la misma no
estuviese manchada, caminaba hasta dónde ella se encontraba sentada.
Jade sintió la presencia de alguien acercarse, y
la curiosidad volvió a invadirla. No tuvo tiempo de hacer preguntas cuando el
muchacho ya se encontraba sentado frente a ella, preguntándole que hacía tan
concentrada.
—Leía —respondió sin mucho ánimo.
Luca la miró a los ojos.
— ¿Te molesta si hablamos un rato? —Le preguntó—
Te devuelvo el tiempo que nos tome con ésta sonrisa, ¿dale?
No tuvo que pensarlo mucho cuando ambos ya se
encontraban preguntándole al otro qué hacía allí en ese horario un sábado. Jade
no se extrañó al saber que él había salido con sus amigos el día anterior, pero
él sí lo hizo cuando ella comentó que era una costumbre salir a correr los
sábados y domingos temprano en la mañana.
Conforme los minutos pasaban, el sol se
hacía cada vez más brillante y enceguecedor. Era dorado como el oro y trasmitía
un calor increíble. Los amigos de Luca le avisaron mediante señas que cada uno
se iba para su casa en remis y le ofrecieron irse con ellos. Estaba cansado y
realmente quería volver a su casa para dormir once horas seguidas.
—Pasame tu celular, así seguimos hablando —le
dijo él, con iniciativa.
Minutos después, él se encontraba subiendo a uno
de los autos de la remisería de en frente, mientras ella arrojaba el vaso
descartable en el que le habían dado su té a la basura —completamente vacío—, y
sonreía como una estúpida.
Y todavía no sabía por qué.
Fue en la tercera semana del segundo mes de
vacaciones cuando Luca y Jade volvieron a encontrarse cuando amanecía, pero en
un boliche. Sus amigas la habían convencido para que saliera, y después de
haberse negado por varias horas, terminó cediendo, pensando que no tenía nada
que perder. Estaba a punto de cerrar el lugar cuando sus miradas volvieron a
encontrarse. Luca se hizo paso entre la multitud y sin ningún permiso la besó.
Algo que ambos habían querido hacer desde la primera vez que se habían visto.
Habían evitado ese beso las tres veces que salieron en esos días. Pero ahí no
había excusa y Luca estaba cansado de esperar, y de que sus amigos se riesen de
él.
—Está bien, pero me tenés que prometer que no me
vas a romper el corazón o me vas a dejar este verano —dijo ella, respondiendo a
una de las preguntas que él pensó que jamás le haría a una chica. Por lo menos
no entonces, y no con esos sentimientos que creía nunca sentiría.
Luca tenía como meta ese verano divertirse,
salir con sus amigos y disfrutar de cada momento. No una novia. Jade estaba en
la misma que todos los años: preocupada porque sus amigas pasaran de año. No
por tener un novio. Pero sin quererlo, ambos se enamoraron. Aunque a decir
verdad, ella siempre supo dentro de sí misma que le pasaría, desde que lo vio.
Aunque él no pueda decir lo mismo.
Las tardes de sus días se vieron más iluminadas
que de costumbre. Los amigos de Luca recibieron a su novia con sorpresa y
alegría. Su amigo se había decidido por una chica y aunque fuese algo increíble
de pensar, los ponía contentos. Las amigas de Jade parecían más emocionadas que
ella el día que les contó que tenía novio. No tardaron ni veinte minutos en
aparecer en su casa dispuestas a escuchar todo el relato, para terminar
pidiéndole que se los presentara.
Todo era perfecto. Ella había conseguido que
Luca le pusiera más empeño al estudio a cambio de que ella saliera a bailar con
él por lo menos un día a la semana. Ambos aceptaron por el otro, no porque
realmente les agradara el hecho de estudiar o de salir todos los fines de
semana, respectivamente. El verano terminaba con días calurosos pero no como
los primeros, con el sol brillando y con la pareja feliz. Las clases comenzaron
y Luca tenía una sola previa, mientras que Jade tenía anécdotas de todas las
salidas.
Era la última semana del último mes de
vacaciones cuando ambos se dieron cuenta de que la relación se había tensado un
poco. Ella por sus inseguridades, bastante disfrazadas, cada vez que él salía
sin ella. Él por el enojo que le despertaba que le cancelara los planes por
estar con sus amigos. Pero el verano aún no terminaba y todavía quedaban días
que disfrutar, que, muy en el fondo, ambos sabían eran definitorios.
Llegó así, tiempo después, luego de peleas,
gritos y reconciliaciones, el primer día del otoño. Luca se encontró con Jade
en el parque en el que se conocieron. Ella presentía que todo estaba mal, y sin
que él le dijera nada, comenzó a llorar.
—Me lo prometiste —le reprochó.
Algunas lágrimas quisieron escapar de los ojos
de Luca al notar lo decepcionada y herida que ella se encontraba. Quiso tomar
su mano, pero Jade apartó la misma violentamente mientras intentaba
tranquilizarse.
—Ya es otoño.
Y sin más, se fue. Dejándola con la ilusión de
algo que en realidad no sería como ella había soñado, con memorias increíbles
de un verano en el que lo tuvo todo, pero del que no le quedó nada más que los
recuerdos.
Voldemort.
Me veo obligada a decir que escribí este one-shot basado en una canción de la banda Panic! at the Disco, que tiene por nombre el título de ésta entrada (When the Day met the Night), gracias a que mi amiga Ro me dijo que quería leer un fic con dicha canción.