28 de mayo de 2012

Words hurt.


   A veces parece que a nadie le importara el hecho de que la violencia no es simplemente física sino también verbal. Un padre puede pegarle a su hijo desde que es pequeño y el mismo puede, de algún modo, estar tan "acostumbrado" a ese abuso que a veces pareciera que ni le doliera. Pero las palabras son diferentes. Si bien un golpe deja un hematoma, ya sea en una parte visible del cuerpo o no, las palabras pueden cavar heridas que nada ni nadie podrá sonar. El maquillaje puede cubrir ese moretón que podés tener el el brazo, sí. Pero esa misma base no va a hacer que el que te digan que no servís para nada, que sos inútil, se disimule. Porque lo vas a manifestar. En algún punto, te van a herir tanto que hasta quizás lo aceptás. Aceptás que no servís, cuando en realidad sí lo hacés. Valés por quién sos y te estás dejando ningunear. A veces si nos lo dice una persona de la que no tenemos registro y a la que no conocemos, no nos importa tanto. Pero cuando alguien a quién conocemos, a quién le cedimos una parte de nuestros corazones, nos trata de ese modo, y nos hace sentir las personas más estúpidas y sin razones para vivir en el mundo, duele tanto que el hecho de dormir veinticuatro horas diarias por lo que resta de nuestras vidas se ve como una de las opciones más factibles.
   El dolor es parte de la vida. Si te duele vas a aprender algo. ¿O te pensás que al Universo le importa que a vos te duela? No. Tenés que pasar lo que tenés que pasar, sí. Pero cuando la vida se torna en un mundo gris en el que todo lo que sabés es que no servís, que las personas que querés se empiezan a alejar, en la que los problemas se intensifican todos los días, no te importa que de todo ésto puedas aprender. NO. Vos lo que querés es que la tormenta pare, que salga el sol. Y lo peor de todo es que en esos momentos sentís que de verdad no podés hacer nada por mejorarlo, porque en vez de cambiar de actitud te quedás llorando por todo lo que pasa. Y llorás un mar de lágrimas que te parecen pocas comparadas con todo el dolor que tenés adentro. Y te sentís realmente inútil. Sentís que tienen razón cuando se desquitan con vos por cosas de las que no tenés idea. Como si realmente tuvieras la culpa.
   Creo que ese dolor se puede comparar con una hoja. Vos tenés una hoja blanca que podés usar para muchas cosas, porque sirve para escribir, dibujar, pintar, etcétera. Y le escribís algo bueno. Y la hoja está bien. Pero entonces le escribís algo que no es bueno. Empezás a escribir cualquier cosa y terminás rompiendo la hoja porque no te sirve. Así es como a uno le rompen despacito y paso a paso el corazón. Empiezan diciendote las cosas de las que no sos capás, te dicen que no sabés nada, que no puede ser que tengas una ideología tan estúpida, y se burlan de todo lo que sos y pensás. Y de a poquito, la hoja se ennegrece, se arruina. Y de tantos golpes que recibís, se arruga. Mucho. Y pensás que no sirve. Pero, ¿te cuento algo? Si sirve. Si estirás el papel, vas a ver las marcas, pero también vas a ver que se recompone. Que se empieza a parecer a lo que era. Si lo planchás, vas a ver que está mejor. Y así, hasta que llegue al punto máximo, y no pueda ser mejor que eso. Y por ahí no va a ser igual que al principio, porque las marcas quedan, pero va a ser un papel que la peleó y que siguió adelante, frente a toda corriente en contra. Y un papel así vale la pena.

   El otro día me dijeron que nadie te puede decir que no servís para algo. Que vos mismo determinás si servís o no. Vos mismo decidís. El mismo día me propuse hacer oídos sordos a todas esas cosas horribles que me pueden llegar a decir. Por ahí a veces no pueda, y me suma en mi misma para llorar hasta no poder más, pero con intentarlo no pierdo nada. Y si yo misma voy a determinar si valgo o no, quiero determinar que valgo. Que considero que tengo cualidades que pueden ser y son útiles para muchas cosas diferentes.

Voldemort.

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