24 de mayo de 2012

When the Day met the Night.


Según la perspectiva de Luca, el verano es la instancia perfecta para salir todos los fines de semana con sus amigos y divertirse. Sin importar adónde, o en dónde podrían aparecer a la mañana siguiente. Viernes y sábados estaban reservados por todo el verano, nadie podía hacer que cambiara de opinión. En la semana se dedicaba a visitar a sus amigos en sus casas, a ir a tomar algo con alguna chica que le interesara, o simplemente a tirarse frente a su televisión a mirar lo que encontrara. Y quizás dos semanas las pasaba en la costa, con sus amigos más cercanos, o con sus padres. Pero para su mala suerte, tenía que dedicarle algunas horas de su vida al estudio. Su papel de chico popular y canchero hacía que tuviese que ir a rendir materias en Diciembre… o en Febrero. En cualquier caso, nunca le habían importado mucho. Consideraba sus vacaciones sagradas, y nada las iba a arruinar… ni siquiera pasar con previas. Su vida veraniega se basaba en la noche.
Jade veía el verano de otro modo. Normalmente su madre vacacionaba con su novio las primeras tres semanas de vacaciones, y volvían para las fiestas. Su padre pasaba en la costa los tres meses, por lo tanto ella se dedicaba a cuidar a sus tres hermanos. Como en cualquier época del año, salía a correr temprano en la mañana los sábados y domingos, y las tardes las pasaba en la casa de alguna de sus amigas, mayoritariamente ayudándolas con las materias que debían rendir en breve. Salía poco, no estaba acostumbrada a salir más de dos fines de semana seguidos, y tampoco tenía un grupo con quien hacerlo. La mayoría de sus amigos tenía semi grupos de los más íntimos, y se arreglaban entre ellos. Y para colmo su mejor amiga pasaba los primeros dos meses de vacaciones en Córdoba. Pasaba la mayor parte de sus vacaciones viviendo de día.
Fue en la primera semana del segundo mes de vacaciones cuando Luca decidió que se juntaría con su grupo de amigos del club en el que jugaba football para salir, pidiéndole perdón a sus amigos y prometiéndoles salir cualquier día que quisieran. Doce y media más de la mitad de sus amigos ya se encontraban semi alcoholizados, y una cantidad incontable de chicas seguían apareciendo en su casa, pidiéndole que para la próxima “previa” que organizara, les avisara. Luca les decía a todas que lo haría, les agradecía por haber ido y a los pocos minutos le preguntaba a uno de sus amigos si las conocía.
—Qué se yo, gil. ¿Importa quiénes son? —le contestó el mismo.
Luca negó con la cabeza y se acercó a una de las chicas para hablarle. No mucho tiempo más tarde él se encontraba cómodamente sentado en el sillón, con la misma chica sobre sus piernas, mientras se besaban. No, no le importaba quién era. Él quería salir, divertirse.
La noche transcurrió normal, a las dos estaban haciendo la cola para ingresar en uno de los boliches que más frecuentaban. Uno de los hombres de seguridad del lugar que los conocía les hizo señas para que pasaran sin tener que esperar a ver si los rebotaban o no. No pasó nada que no les pasara todos los viernes y sábados. Y a las cinco y veinte de la mañana todos tenían hambre y las chicas ya estaban demasiado enfiestadas como para estar sólo con ellos.
—Eu, vayamos para la plaza —le dijo uno de sus amigos. Luca lo miró no muy convencido—. Copate, dale.
—Dale, dale. Vayamos —dijo suspirando. ¿Qué perdía? Nada.
En el camino a la plaza pasaron por un Mc Donalds y se detuvieron a contar cuanta plata tenían entre todos. Compraron hamburguesas, papas y gaseosas para todos. Las pocas cuadras que les faltaban recorrer las caminaron al doble de la velocidad; estaban muertos de hambre.

El despertador de Jade sonó a las cuatro y media de la mañana. Lo apagó de un golpe y se permitió dormir otros cinco minutos, hasta que la voz en su mente que le recordaba que tenía que salir a correr hizo que se destapara y, semi dormida, ingresara en el baño. Se cepilló los dientes, lavó la cara y abrió las canillas de su bañadera. Veinte minutos más tarde se encontraba secándose el cabello, vestida con unas calsas negras, zapatillas violetas, una musculosa blanca larga y por sobre la misma una remera gris, vieja y desteñida.
Desayunó jugo de naranja y tostadas y salió antes de que se hicieran las cinco y diez. Se colocó los auriculares, apretó el botón que activaba la función aleatoria de su Ipod y se dispuso a correr. No se dio cuenta cuando, media hora más tarde, corría por el parque. Se detuvo con facilidad y caminó hasta el bar más cercano para así comprar un té caliente para llevar. Decidió sentarse bajo uno de los árboles más grandes, con la espalda apoyada en el tronco. Respiró profundo hasta que su corazón comenzó a latir con normalidad, y entonces, buscó en su Ipod una de las novelas que había descargado para leer.
Avanzada su lectura unas cincuenta hojas, escuchó unas risas provenientes de su derecha. Levantó su cabeza con curiosidad y se encontró con un grupo de muchachos comiendo hamburguesas y riéndose a mandíbula suelta. Se imaginó que seguramente salían de algún boliche y se dispuso a ignorar el tono de sus voces para seguir leyendo, cuando sus ojos se encontraron con los de uno de ellos. Era alto, de cabello corto y negro azabache. Diferenció en él la particularidad de unos ojos celestes con manchas color chocolate. Mantuvo el contacto visual por unos minutos, debatiéndose internamente si hablarle o no. Aunque no sabía por qué.
Él le sonrió y ella hizo lo mismo por simple inercia. Pero una vez que los amigos del muchacho comenzaron a notar lo perdido que él se encontraba en ella, se dieron vuelta uno por uno para observarla. Jade sintió vergüenza y regresó a su lectura, sin prestarle mucha atención.
— ¿Quién es? —quiso saber uno de los amigos de Luca.
—No tengo idea —admitió él, mirándolo de reojo.
—No seas cagón y anda a hablarle —lo animó otro.
Lo pensó por unos instantes. ¿Qué podía perder yendo a hablarle a una chica que no conocía, de quién no tenía idea? Nada. Podía rechazarlo y aún así las probabilidades de que  la volviese a ver eran ínfimas. No conocía ni su número telefónico, ni su residencia, y menos los lugares a los que salía. Y por cómo estaba vestida, se daba cuenta de que aquél viernes ella había preferido quedarse en su hogar, o en cualquier otro lugar.
Se tronó los huesos de las manos —porque siempre lo hacía y en realidad no se daba cuenta—, y mientras se arreglaba la camisa con la que había salido el día anterior, y se aseguraba de que la misma no estuviese manchada, caminaba hasta dónde ella se encontraba sentada.
Jade sintió la presencia de alguien acercarse, y la curiosidad volvió a invadirla. No tuvo tiempo de hacer preguntas cuando el muchacho ya se encontraba sentado frente a ella, preguntándole que hacía tan concentrada.
—Leía —respondió sin mucho ánimo.
Luca la miró a los ojos.
— ¿Te molesta si hablamos un rato? —Le preguntó— Te devuelvo el tiempo que nos tome con ésta sonrisa, ¿dale?
No tuvo que pensarlo mucho cuando ambos ya se encontraban preguntándole al otro qué hacía allí en ese horario un sábado. Jade no se extrañó al saber que él había salido con sus amigos el día anterior, pero él sí lo hizo cuando ella comentó que era una costumbre salir a correr los sábados y domingos temprano en la mañana.
Conforme los minutos pasaban, el sol se hacía cada vez más brillante y enceguecedor. Era dorado como el oro y trasmitía un calor increíble. Los amigos de Luca le avisaron mediante señas que cada uno se iba para su casa en remis y le ofrecieron irse con ellos. Estaba cansado y realmente quería volver a su casa para dormir once horas seguidas.
—Pasame tu celular, así seguimos hablando —le dijo él, con iniciativa.
Minutos después, él se encontraba subiendo a uno de los autos de la remisería de en frente, mientras ella arrojaba el vaso descartable en el que le habían dado su té a la basura —completamente vacío—, y sonreía como una estúpida.
Y todavía no sabía por qué.

Fue en la tercera semana del segundo mes de vacaciones cuando Luca y Jade volvieron a encontrarse cuando amanecía, pero en un boliche. Sus amigas la habían convencido para que saliera, y después de haberse negado por varias horas, terminó cediendo, pensando que no tenía nada que perder. Estaba a punto de cerrar el lugar cuando sus miradas volvieron a encontrarse. Luca se hizo paso entre la multitud y sin ningún permiso la besó. Algo que ambos habían querido hacer desde la primera vez que se habían visto. Habían evitado ese beso las tres veces que salieron en esos días. Pero ahí no había excusa y Luca estaba cansado de esperar, y de que sus amigos se riesen de él.

—Está bien, pero me tenés que prometer que no me vas a romper el corazón o me vas a dejar este verano —dijo ella, respondiendo a una de las preguntas que él pensó que jamás le haría a una chica. Por lo menos no entonces, y no con esos sentimientos que creía nunca sentiría.

Luca tenía como meta ese verano divertirse, salir con sus amigos y disfrutar de cada momento. No una novia. Jade estaba en la misma que todos los años: preocupada porque sus amigas pasaran de año. No por tener un novio. Pero sin quererlo, ambos se enamoraron. Aunque a decir verdad, ella siempre supo dentro de sí misma que le pasaría, desde que lo vio. Aunque él no pueda decir lo mismo.
Las tardes de sus días se vieron más iluminadas que de costumbre. Los amigos de Luca recibieron a su novia con sorpresa y alegría. Su amigo se había decidido por una chica y aunque fuese algo increíble de pensar, los ponía contentos. Las amigas de Jade parecían más emocionadas que ella el día que les contó que tenía novio. No tardaron ni veinte minutos en aparecer en su casa dispuestas a escuchar todo el relato, para terminar pidiéndole que se los presentara.
Todo era perfecto. Ella había conseguido que Luca le pusiera más empeño al estudio a cambio de que ella saliera a bailar con él por lo menos un día a la semana. Ambos aceptaron por el otro, no porque realmente les agradara el hecho de estudiar o de salir todos los fines de semana, respectivamente. El verano terminaba con días calurosos pero no como los primeros, con el sol brillando y con la pareja feliz. Las clases comenzaron y Luca tenía una sola previa, mientras que Jade tenía anécdotas de todas las salidas.
Era la última semana del último mes de vacaciones cuando ambos se dieron cuenta de que la relación se había tensado un poco. Ella por sus inseguridades, bastante disfrazadas, cada vez que él salía sin ella. Él por el enojo que le despertaba que le cancelara los planes por estar con sus amigos. Pero el verano aún no terminaba y todavía quedaban días que disfrutar, que, muy en el fondo, ambos sabían eran definitorios.
Llegó así, tiempo después, luego de peleas, gritos y reconciliaciones, el primer día del otoño. Luca se encontró con Jade en el parque en el que se conocieron. Ella presentía que todo estaba mal, y sin que él le dijera nada, comenzó a llorar.
—Me lo prometiste —le reprochó.
Algunas lágrimas quisieron escapar de los ojos de Luca al notar lo decepcionada y herida que ella se encontraba. Quiso tomar su mano, pero Jade apartó la misma violentamente mientras intentaba tranquilizarse.
—Ya es otoño.
Y sin más, se fue. Dejándola con la ilusión de algo que en realidad no sería como ella había soñado, con memorias increíbles de un verano en el que lo tuvo todo, pero del que no le quedó nada más que los recuerdos.



Voldemort.
Me veo obligada a decir que escribí este one-shot basado en una canción de la banda Panic! at the Disco, que tiene por nombre el título de ésta entrada (When the Day met the Night), gracias a que mi amiga Ro me dijo que quería leer un fic con dicha canción.

2 comentarios:

Row dijo...

Hola, acá Row. Cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia ¿no? Jade es tan varias de nosotras y él...él es un forro, un hermoso forro. Lo amé porque las cosas son así, la vida no es siempre verano.
Cambio y fuera.

Anónimo dijo...

¿Cuál es la necesidad de escribir tan bien? Me encantó, lo amé y todo eso. Será que me sentí algo identificada, jejox. Posta, lo amé, seguí escribiendo tan hermoso porque yo te obligo.
Adiósirijillo.