31 de enero de 2012

Perelandra II.



—Lo que me has hecho ver es claro como el cielo, pero nunca lo vi antes —contestó la Dama—. Sin embargo ocurre todos los días. Una entra al bosque a buscar alimento y ya la idea de un fruto en vez de otro ha crecido en la mente. Después, puede ser que una encuentre un fruto distinto y no el fruto en el que había pensado. Una espera una alegría y es concedida otra. Pero nunca había notado antes esto: que en el momento mismo del hallazgo hay en la mente una especie de retroceso o de apartamiento. La imagen del fruto que no has hallado aún está por un momento ante ti. Y si lo desearas (si fuera posible desearlo) podrías mantenerlo ahí. Podrías enviar a tu alma en pos del bien que habías esperado, en vez de volverla hacia el bien que has conseguido. Podrías rechazar el bien real, podrías lograr que el fruto real fuera insípido pensando en el otro.


C. S. Lewis.

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