—La tragedia de mi vida —decía— y en realidad la del mundo intelectual moderno en general es la rígida especulación del conocimiento impuesta por la complejidad creciente de lo que se conoce. He compartido esa tragedia, ya que una temprana devoción por la física me impidió prestar la debida atención a la biología hasta que llegué a los cincuenta años. Para hacerme justicia, debo aclarar que el falso ideal humano me atrajo. Siempre quise saber con el propósito de obtener utilidad. Como es natural, al principio esa utilidad se me presentaba en aspectos personas: quería becas, una entrada de dinero fija y una posición reconocida generalmente por el mundo sin la cual un hombre no tiene influencia. Cuando logré estos fines, empecée a tener miras más amplias: ¡lo útil para la raza humana!
Hizo una pausa al terminar la parrafada y Ransom le indicó que continuara con un movimiento de caveza.
—A la larga —continuó Weston—, lo útil para la raza humana depende necesariamente de la posibilidad del viaje interplanetario y hasta interestelar. Solucioné ese problema. La llave del destino humano fue colocada en mis manos. Sería innecesario , y doloroso para ambos, recordarle cómo me fue arrancada en Malacandra por un mimbro de una especie inteligente hostil, cuya existencia, debo admitirlo, no había previsto.
C. S. Lewis.

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