10 de enero de 2012

Perelandra.

En aquél momento eso me invadió. Seguí a los tumbos en el frío y la oscuridad, ya convencido a medias de que debía de estar entrando en lo que llaman demencia. Pero mi opinión sobre la cordura cambiaba a cada instante. ¿Había sido alguna vez algo más que una convención... un cómodo par de anteojeras, un modo acordado de tomar los deseos por la realidad, que excluía de nuestra visión la completa extrañeza y malevolencia del universo que nos vemos obligados a habitar?

C. S. Lewis.

No hay comentarios: