30 de septiembre de 2012

Septiembre.


   Este Septiembre leí The Perks Of Being a Wallflower, mi nuevo libro favorito (además de Uncle's Tom Cabin). Fui a mi primer clase de Filosofía en la vida, gracias a que una amiga me contó de un seminario que dan en la Universidad de Lomas de Zamora. Salí con mi grupo de amigas del curso por primera vez con permiso de mis padres. Me entregaron el boletín. Empecé a ir al curso de Literatura que Alina en el colegio. Pero no fue el mes que yo esperaba. Esperaba de verdad que Septiembre fuera un mes muy, muy bueno. Y a pesar de todo, no lo fue.
   Mi vieja y yo estamos en constante pelea, y ella y mi viejo también. Me tiene harta haciéndose la que no pasó nada cuando me grita para callarme y se ofende. Después viene y me trata bien, me promete cosas que NUNCA, JAMÁS EN LA VIDA, NI POR CASUALIDAD, cumple. Cada día me molesta más el hecho de pedir algo y que NO ME DEN BOLA. Porque no es que no tienen plata, porque a mi hermano le compraron lo que pidió, y no pidió una boludez, sino una play 3, y un par de zapatillas de la re concha de la lora. En mi gastaron un cuarto, en libros. Porque no me quieren comprar una cámara en cuotas, no me quieren dejar ir a ver ninguna banda que me gusta, no me quieren comprar ropa. Pero, OJO, no me quieren dar esos anillos de mierda que tengo desde que soy chica y no uso que yo quiero vender, ni esas cadenas del orto de la virgen y qué se yo qué más, que no me importa porque no creo porque soy Atea, que también quiero vender. OJO. Además de todo eso, hay alguien que no está bien, hay personas con las que no hablo casi. Hay muchas cosas. Y no sé, estoy cansada, agobiada, harta... pero como dicen los filósofos
"no te apesadumbres, siempre hay una puerta abierta".
Saquen sus conclusiones y analicen de qué hablan.

Voldemort.

26 de septiembre de 2012

Turn to cry.



   Lloré porque no servía; porque no sirvo. Porque siento que no encuentro mi lugar en el mundo, en mi circulo de amigos, en mi familia. Por tener opiniones diferentes y por lo tanto ser tomada como una decepción. Por los gritos ensordecedores que escuché de chica y que todavía escucho, que me recuerdan lo poco que valgo, lo nada que soy. Por malas notas cuando realmente me había esforzado. Por las buenas noticias. De felicidad por alguien más o por mí. Por emoción. Por sorpresa. Por personas que valieron oro para mí y para las que yo no valía nada, o dejé de valer. Porque los extrañaba, porque los necesitaba. Porque me sentía completamente sola. Por dolores físicos y emocionales. Por ellos, por aquellos y por esos también. Por mí. Lloré mucho por mí. Me castigué llorando por no entenderme y por no saber qué pasaba, por no encontrar a las personas adecuadas. Lloré por personas que no saben que existo, y que aún así me sacan una sonrisa. Por mis mascotas. Por amigos y familia. Por un libro. Por finales felices y tristes. Por canciones que significan todo, que me recuerdan muchísimas cosas. Por recuerdos. Para descargarme. Por bronca. Porque no podía, aunque quisiera. Porque todo era inútil. Lloré mucho. 
   ¿No será tiempo de dejar que otro llore? Aunque sea un rato, quiero parar.

Voldemort.

20 de septiembre de 2012

Hipócritamente fumadores.



   Mis viejos fuman. No desde ayer, ni desde hace dos años, sino que desde que nací. Desde antes de que yo naciera, en realidad. Mi vieja no sé, realmente, pero sé que mi viejo fuma desde los dieciocho años. Tiene cincuenta y dos. ¿Mucho tiempo, no? Mi abuelo materno también fuma, bastante, no sé si tanto como mi viejo, pero están ahí. Mi abuela materna fuma uno cada tanto. Mi abuela paterna fumaba, pero fue hasta que empezaron sus setenta, y no fumó toda su vida. Además, era un cigarrillo cada dos semanas. Míos únicos dos tíos (el hermano de mi vieja y la prima de mi viejo; sí, están casados. En su casamiento se conocieron mis viejos), también fuman. Sé que mi tío desde los veinte, o por ahí. Mi tía un poco después, pero están los dos arriba de los cuarenta, como mi vieja, y siguen. Mis primos no (aunque la más chica no tiene edad para pensarlo, ni siquiera, jajaja). Mi abuelo paterno no sé, no hablamos nunca de él en casa, pero siempre quise, siempre. Sé que mis dos tías abuelas (una de las cuales es mi madrina) no fuman. Mi tío abuelo tampoco fumaba. Mi tío segundo está cerca de ser una de las personas más sanas del mundo.

   A lo que voy con esto es a que todas esas personas que fuman, se dicen las unas a las otras que no fumen más, que lo dejen, que hace mal. «Ese es el último que te fumás, ¿no?» «¿Cuándo vas a dejar de fumar? Te hace mal». Y después de un rato, cuando entienden que esa hipocresía, esa forma barata del haz lo que yo digo pero no lo que yo hago no sirve, empieza la realidad. «¿Me convidás uno?» «Eu, ¿no me lo prendés?» Pasan, en dos minutos, por ahí diez, o una hora, o tres, o el tiempo que sea que tenga que trascurrir, de hacerse los señores y las señoras "quiero preservar tu salud", a pedir fuego o un pucho. Es hipócrita. Porque después, cuando ven en la calle a un pendejo de dieciséis, diecisiete o dieciocho años fumando, se indignan. Dicen que no pueden creer como son tan descerebrados. ¿Descerebrados? Me imagino, que piensan lo mismo de ustedes mismos, ¿no?

   Creo que lo que me molesta es eso. No solamente de mi familia, sino de todo aquél que fume. Cuando vos fumás, vos sabés que estás entrando en algo de lo que te podés volver muy dependiente, como también podés fumar un cigarrillo cada tanto. Pero lo sabés, sos consciente de que te hace mal y es un peligro. Y si tenés cuarenta años, y fumás, y lo hacés desde tu adolescencia, ¿con qué cara vas a decir que son unos descerebrados? ¿Me estás jodiendo? Fumás. Vos también fumás. Que tengas cuarenta años no te hace menos descerebrada. Si los que fuman son descerebrados, entonces la mitad de la población del mundo, creo yo, es descerebrada, ¿no? No solamente los adolescentes. No solamente sus hijos. Porque la gravedad se ampare de todos nosotros cuando un padre descubre que su hijo fuma. Cuando un padre de estos, digo, lo descubre. «No te podés arruinar la vida así», dicen. ¿Pero no están ellos arruinándose la vida, también? ¿Y se quejan de nosotros?

   Es mí forma de verlo, obvio. Yo fumo cuando me pongo muy, muy nerviosa. Y cuando me convidan. No en presencia de mis viejos. Porque están en contra de que se me ocurra fumar en algún momento de mí vida. Aunque si alguna vez se dan cuenta, está bien... Me retarán, me dirán de todo, pero eso no cambia nada. Van a ser hipócritas siempre. Ellos fuman. Por lo mismo. Mi viejo fuma por los nervios, la tensión. Mi mamá también. ¿Entonces? Yo sé que una flaca de dieciséis años para ustedes no puede tener demasiadas presiones, ni tener los nervios a flor de piel, pero... están equivocados. Muy.

Cada uno se arruina la vida como tiene ganas, al final. 

Voldemort.

17 de septiembre de 2012

Lost.


   Me consume la incógnita de no saber qué. Qué me pasa, qué siento, qué tengo, qué quiero. Es uno de esos momentos en los que el aislamiento alimenta a mi cerebro a seguir pensando y sacando hipótesis. Dejo de estar para pensar y pensar, y me pierdo. Me siento perdida. Pero ese es el problema. Me siento perdida y al mismo tiempo bien, como si estuviera en dónde tengo que estar. Es un poco raro, ya sé. Pero así me siento.

   Tuve ese sentimiento horrible de que estoy a punto de querer a alguien como un espécimen masculino con futuro amoroso en mi vida. Ni jodamos, ya lo bloqueé. Me funcionó bastante bien. Estoy segura, y de verdad segura, de que los homo sapiens sapiens los veo como personas dables y como nada, nada más. Me hace feliz. No me gusta querer, me cansa, me duele. Por lo menos hasta ahora me dolió siempre.

   Escolarmente estoy bien. Dos bajas y una materia en diciembre, pero no es nada nuevo. Escolarmente a nivel compañeros también, podría decir. Hubo una clase de catequesis, hace poco, en la que de verdad me sentí bien en el curso y me di cuenta de que los quiero, a algunos más que a otros, y no siempre a todos, aunque algunos me parezcan insoportables, pero como curso los quiero. Al menos los quise en ese momento de felicidad pura en el que estábamos todos cantando desde canciones religiosas -aunque algunos seamos ateos- para reírnos hasta las canciones del curso.

   Leí un libro que se llama "The Perks Of Being A Wallflower", y me enamoré. No solamente de la historia y del personaje principal, sino también del autor. Me encanta como lo hizo, como lo narró y explicó paso a paso y a su debido tiempo. Es mi nuevo libro favorito, ahora. Creo que hacía mucho no leía algo así: simplemente increíble.

   Socialmente a nivel amistad estoy bien. No es ese bien de que las cosas están perfectas porque cada vez hay un abismo más grande entre algunas personas y yo, pero remontan vuelo. A veces me siento incómoda, sapo de otro pozo, y esas cosas que me pasan. Pero no estoy mal, todavía estoy definiendo internamente quienes me importan de verdad de las personas que considero mis amigos. Bueno, todos me importan, pero quiero saber quienes son esos amigos que se cuentan con las manos.

   Me siento perdida. Como si... estuviera en dónde tengo que estar pero hubiese otro lugar para mí, otro lugar que me podría hacer más feliz que este, otro lugar que me va a llenar los huecos que no sé con qué llenar que tengo. Es raro porque paso de un estado de felicidad a uno de estos, de sentirse perdida. Lejos, afuera. Invisible. Me da más tiempo para pensar, a veces. Me da ánimos para hacerlo, razones. Pero por ahí no es lo mejor. Por ahí maquino tanto que termino perdida.

Voldemort.

12 de septiembre de 2012

Sangre.


   Qué ciclotímica que es esta familia. Pasamos del enojo al amor... bueno, si es que es amor. No sé si lo es, a veces. Porque sí, ¿qué adolescente no siente que sus padres no entienden nada de todo lo que les pasa, etcétera-etcétera, y en un momento de enojo les dicen que los detestan? Aunque no sé si todos los adolescentes sienten lo mismo que yo. A veces tengo un nudo de bronca en el pecho y lo miro a mi viejo y... quisiera no tenerlo. Quisiera, por horrible que parezca, que trabajara toda la noche, para así no tener que verlo. Que se fuera. A veces me da tanta bronca que la miro a mi mamá y no sé cómo es que no se separa. No entiendo, de verdad, por qué no se le pasa por la cabeza el hecho de irse. Más allá del hecho de que con su sueldo ni en pedo nos va a poder mantener a mi hermano y a mí, ¿por qué lo soporta? ¿Por qué cuando no tiene razón no se lo dice? ¿Por qué lo deja sentirse el que todo lo sabe? Yo no puedo. Sé que me tengo que aprender a callar la boca, pero no puedo. Me parece tan estúpido cuando nos manda a callar porque no pensamos como él. No es que mi vieja no lo haga, tampoco. Pero es diferente.

   Estábamos haciendo la cola para pagar la patente del auto ayer martes con mi vieja, y le pregunté qué pensaba del voto para los pendejos de dieciséis años. Cuando me preguntó que pensaba yo le dije lo que yo de verdad pienso: que uno es grande para todo o no es grande para nada. Ella revoleó los ojos y no me dio más bola. Le pregunté qué pasaba y me trató como si fuese una estúpida. No es que no me pase, porque en esta casa de mierda me tratan como si fuese una estúpida todo el tiempo, pero de ella me molesta. Me molesta porque yo no la odio y no la trato así. Me dijo que no le tenía que decir esas pelotudeces a ella, que quejarme era al pedo, qué no se qué. Y yo fui yo enojada, me importó una mierda la gente que estaba en la cola y su cara de mierda porque sabía que yo le iba a contestar. No me tratés como una pelotuda porque no comparta tu opinión, le dije. Ya sé que no sirve de una mierda decirte las cosas a vos, pero me lo preguntaste. Me pidió que bajara la voz. Me reí. Que no compartas pensamiento o como sea no va a hacer que me calle, yo pienso así y punto. Pasó un rato y la tensión se fue. Le dije que no quería que se enojara pero que me rompía las bolas que me tratara como una idiota.

   Es algo que me pasa seguido. Me refiero a que me callan muy seguido. Mi mamá a veces lo hace por mi propio bien, porque no reconozco autoridad en mi viejo y me importa, realmente, muy poco lo que venga después. Se me forma ese nudo de mierda en el pecho y le discuto, porque no tiene razón. Porque me embola que me quiera pasar por encima y que tenga la caradurez de decirme que no me tengo que dejar pasar por encima. Me enferma que no le discutan, que le den la razón. Pero parece que para eso estoy yo. Para la reprimenda también eh, soy la primera. Tengo todos los números comprados. Mi vieja a veces ya ni le discute, se limita a asentir. Mi hermano a veces inicia una especie de pelea, en la que mi viejo se hace el que todo lo sabe, como de costumbre, y nos dice que somos todos una mierda. Y si todos somos una mierda, ¿por qué carajo no te vas y nos dejás de romper las pelotas a todos? Si tanto le molestamos, y si tanto le molesto yo como hija, ¿por qué mierda sigue acá? No lo entiendo. No entiendo qué tanto cariño me puede tener siendo como es. A veces me preguntó si de verdad me querrá.

   Ahora, estos días, estuvimos relativamente bien. Pero su tono de mierda está ahí y en las mínimas cosas. No le dije nada. Estoy un poco cansada. Cansada de no saber qué soy yo para él, y de pensar en cómo esta familia interfirió en la formación de mi carácter. Esta familia y el colegio, y las personas. Las nenas y los nenes que tenía por compañeritos  en primaria que se reían de mí. Todos. Sin embargo, con este carácter y todo, hay veces en las que creo que está "bien" ser como soy. Por lo menos sé que no me va a pasar por arriba como lo hace, ¿no? Qué se yo. Creo que soy buena discutiéndole, pero esa no es mi cualidad. Porque hay veces en las que salgo perdiendo incluso teniendo razón. A veces me pregunto qué siento yo. Y no sé.

Voldemort.

8 de septiembre de 2012

Wish: to talk.


   Hablemos de como no soportan ver a dos personas del mismo sexo demostrándose amor dándose un beso. Hablemos de la intolerancia que tengo yo hacia la carcajada constante ante absolutamente todo cuando uno intenta hablar en serio. Hablemos también de como se sienten cuando están con sus parejas, como sonríen, como se les mueve todo. Podemos hablar de como los mismos monstruos que siempre creímos que estaban debajo de nuestras camas viven en nuestras mentes, de como la situación cambió y nos ayudó a ver mejor lo que nos sucede, del aumento de los impuestos. Hablemos de esa vez que, y del día en que. De él y de ella. Y de la que está más allá, sentada y sola. Hablemos de ellos, de los que nos caen bien y de los que no, de los que nos gustaría ser amigos y de los que no. Tenemos tiempo suficiente, podemos incluso hablar de la importancia de las diferentes materias que tenemos en nuestra educación, de por qué la bandera Argentina es celeste y blanca con un sol en el centro, de las importaciones. Podemos hablar de qué carreras queremos seguir, aunque dudemos entre muchas, hablemos de eso. ¿Qué tal de la importancia de las redes sociales en la vida de los adolescentes? ¿De la relación de dependencia con nuestros celulares? ¿De las peleas que tenemos en nuestras casas porque no nos dejan ser?

   Si les interesa también podemos hablar de por qué la música es un escape, de por qué los libros son tan importantes en la vida de algunos adolescentes. Hablemos de la discriminación racial de todos, de absolutamente todos nosotros para con los demás. Mejorémosla mediante una charla. Hablemos de la diferencia de género y como la misma inside en nuestras vidas. De las series televisivas que vemos, de la música que escuchamos, de los libros que leemos. ¡Podríamos incluso hablar de la existencia de seres extraterrestres! ¡De la existencia de Dios! De como yo pienso que no existe y ella sí. De como él está en contra del comunismo y vos del capitalismo. De lo mucho que me dolía que me dejen de lado y de cómo vos disfrutabas riéndote con las personas que pensaste nunca te ibas a llevar. Hablemos de las presidencias argentinas y de la educación. Hablemos de vos y de mí.

   Hablemos y hablemos hasta que nuestras lenguas se traben de tanto hablar y estemos acalorados porque nos encanta el tema del que hablamos. Hasta que no podamos más y se nos acaben todos los temas de conversación que mencioné y que pueden existir. Me puedo quedar hablando sola, pero hablemos antes de eso. No pido nada más que eso. Estoy cansada de pasar de estar con quienes me rodean a no saber por qué me siento tan lejos. No quiero forzar relaciones, no quiero querer por costumbre y mucho menos que me quieran por lo mismo. Simplemente pido hablar. Quizás funciona, y nadie forzó nada. Quizás no, y las cosas estaban completamente forzadas, pero no sabemos. Nunca sabemos. ¿Y si intentamos? No es complicado, al final. Hablábamos de tantas cosas.

Voldemort.