26 de septiembre de 2012

Turn to cry.



   Lloré porque no servía; porque no sirvo. Porque siento que no encuentro mi lugar en el mundo, en mi circulo de amigos, en mi familia. Por tener opiniones diferentes y por lo tanto ser tomada como una decepción. Por los gritos ensordecedores que escuché de chica y que todavía escucho, que me recuerdan lo poco que valgo, lo nada que soy. Por malas notas cuando realmente me había esforzado. Por las buenas noticias. De felicidad por alguien más o por mí. Por emoción. Por sorpresa. Por personas que valieron oro para mí y para las que yo no valía nada, o dejé de valer. Porque los extrañaba, porque los necesitaba. Porque me sentía completamente sola. Por dolores físicos y emocionales. Por ellos, por aquellos y por esos también. Por mí. Lloré mucho por mí. Me castigué llorando por no entenderme y por no saber qué pasaba, por no encontrar a las personas adecuadas. Lloré por personas que no saben que existo, y que aún así me sacan una sonrisa. Por mis mascotas. Por amigos y familia. Por un libro. Por finales felices y tristes. Por canciones que significan todo, que me recuerdan muchísimas cosas. Por recuerdos. Para descargarme. Por bronca. Porque no podía, aunque quisiera. Porque todo era inútil. Lloré mucho. 
   ¿No será tiempo de dejar que otro llore? Aunque sea un rato, quiero parar.

Voldemort.

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