27 de abril de 2012

Soberanía denegada.




En el primer capítulo de anadieleinteresaloquedigo, voy a hablar de cómo mi mamá pretende controlarme esporádicamente fallando en cada intento, debido a mi continua necesidad de hacer lo que quiero y no, claramente, todo lo que ella me dice.

    El otro día, por ejemplo, vuelve del supermercado (nunca los acompaño porque me da flojera… o sea, paja) y media hora después de que desembolso escucho que mi viejo le dice a mi vieja que este sábado se vaya a hacer la tintura y a cortar las puntas del pelo a la peluquería. A mí me viene bárbaro, porque me quiero cortar el pelo… y entonces, la recordé. Esa caja endemoñada de tintura, con la que mi vieja se tiñe, esa caja que yo había guardado en el baño pensando inocentemente que era para ella… 
qué ilusa.

    Como en muchas cosas, me hice la boluda. Es algo que, en realidad, se me da. Porque soy boluda, así que nadie se da cuenta. Y entonces, una hora más tarde, me dice que este sábado me va a teñir *me tiro al piso porque casi escupo los órganos de la risa que me causó*. Nadie se va a poder imaginar mi cara de “no vas a poder” y su cara de madre autoritaria, claramente fingida, intentando meterme miedo. A mí. 
Claro má, 
CLARO.
   ¿Es que nunca va a entender que no tiene tanto poder sobre mí como el que ella cree tener? ¿No nota que le niego tener una soberanía completa y abarcativa sobre lo que yo represento? Los tiempos cambiaron, y el clima está cambiando como aquella vez… En cualquier momento empieza la cosecha y yo soy un tributo de cabeza, ya que tengo menos suerte que la pobre madre de Katniss… No hay chance, me va a tocar portar el anillo. Y mamá no entiende que no puede controlar cada aspecto de mi vida… si sólo supiera que no sabe ni la mitad de las cosas que cree saber de mí. Pobre. Sé que se las voy a contar, en algún momento. Pero creo que tengo suficiente con esa voz en la cabeza que me dice “usá la fuerza boluda, dale” como para tenerla a ella preguntándome todos los días si arreglé alguno de mis problemas.

Yo paso.

NO QUIERO.


     ¡No me gusta hacer lo que me dicen! Me hace sentir… atada. Está bien, son mis viejos. Pero ¿y? Lo que yo quiero no cuenta nunca, porque ellos supuestamente tienen la última palabra. Ahora, tampoco les pido que me dejen implantarme piel de cocodrilo en los brazos y hacerme cuernos en la cabeza, ni afilarme los colmillos. ¿No es un poco sano, lo que pido?... todo apunta a que voy a terminar hablando de cómo, TAMPOCO, me dejan salir, pero eso viene otro día, cuando mis deseos de empezar mi propia guerra mundial se apacigüen… Ahora, mamá...

¿VES PORQUÉ NO TE DIGO NADA?


     No me encuentro obligada a contarle todo lo que me pasa, ni a obedecerla. Soy su hija, no su esclava. Mi fundamentación para el color de la parte de abajo de mi pelo es que como es MI PELO, le puedo hacer lo que YO QUIERO. Me importa un huevo un ovario si se arruina o no, es mío. No suyo. Su respuesta suele ser que soy menor de edad y no decido yo qué es lo que quiero hacer, y que mientras viva bajo el mismo techo voy a tener que hacer lo que ellos quieran. 

Don’t worry, me voy a ir lo más rápido que pueda. Y al otro día te caigo tatuada, perforada y con la cabeza completamente azul.


Voldemort.

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