9 de abril de 2012

Últimamente.


   Paso la mayor parte de mi tiempo en una irrealidad feliz en vez de en la realidad que me duele. Desde hace alrededor de un mes estoy perdiendo la confianza en algunas personas, por una razón que no puedo lograr definir. Me siento mal, pero no sola. Al contrario, siento que molestaría a los demás si les contara qué me pasa. Últimamente lloro a escondidas. Me parezco a mi viejo, que no llora, no parece que le doliera lo que pasó. Se descarga viendo esas películas o escuchado esas historias que a todos nos parten el alma. Yo lloro con los libros, con las canciones, y con los videos de dos o tres minutos de películas que están hechas para que los espectadores se deshidraten llorando. Sonrío falsamente, como siempre, pero menos. A veces parece que no me importara. Pero de todas formas no quiero demostrarle a los demás qué me pasa. Tengo miedo de aferrarme a las cosas, porque sé que las voy a perder. No quiero estar acompañada cuando lloro, porque odio mostrar mis debilidades. Incluso me di cuenta de que me está dejando de importar todo, de a poco. Me replanteo el porqué de estar viva. Pero ya no me planteo porqué lloro. Si por mi abuela, si por cualquier cosa o si es porque lo necesito. Simplemente lo hago. A veces no sé ni de qué me río. Pero me río. Intento reírme lo más posible, y llorar lo menos. No me sale tan bien como me gustaría, pero supongo que el intento es lo que vale. Tengo un nudo en la garganta; quiero llorar. Pero mi mamá está cerca y no quiero que me pregunte qué me pasa, porque ni yo lo sé. No quiero que ella se sienta mal por mí, suficiente tiene con tener que aguantarse todas las boludeces que yo hago y digo como para tener que escucharme no pudiendo darle una explicación que justifique mi llanto. Lo más probable es que cuando se valla, llore. El otro día me descubrí a mi misma diciéndole a una de mis amigas que estaba bien, porque era normal para mi "estar bien". Esa fue una de las pocas veces que de verdad quise que alguien me dijera que no estaba todo bien, y que me podía sentir tan miserable como quisiera. Sin embargo me abrazó; me sentí bien. Bien de verdad. Escribo todo seguido porque quiero representar el desastre que me invade por dentro. Una cosa le sigue a la otra y no tiene sentido, pero así me siento. O así lo puedo explicar. El otro día mi viejo me dijo que nos quería, y que quería que nos dijéramos esas cosas más seguido porque a veces uno se queda sin decirlas. Se me partió el alma en dos. Y ahora estoy llorando.

Todo lo bueno muere aquí, incluso las estrellas.

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