30 de abril de 2012

Conflictuada emocionalmente.


  De verdad, no tendría que ser justo que yo tuviera la capacidad de de pensar y mandar a la gente a la mierda directa o indirectamente. No por ellos, porque sinceramente si pienso que necesitás ir a sentarte un ratito al rincón para pensar en todas las pelotudeces que decís, me voy a sentir bastante bien por haberlo hecho. Sino porque a veces me arrepiento, y me odio. Juro que me odio tanto que me golpearía la cabeza contra un poste de luz, a ver si se rompe y me mata. O por lo menos que me duela. Pero no, tengo que tener esa poca y casi nula capacidad de callarme, tengo que ser lo suficientemente pelotuda como para ir y decirlo. Y después me siento mal yo, más si hiero a alguien. Ya sea apropósito o sin quererlo. Tengo una capacidad para preocuparme que me sorprende, de verdad. No puedo creer que me quede tan pendiente de muchas boludeces, y que me ponga mal por eso. Pero ODIO eso. Odio esa capacidad de mierda. Sí, tengo unos problemas emocionales increíbles, lo sé.

  Quién sea que lea esto va a pensar que tengo que ordenar mis prioridades. Bueno, las tengo que ordenadas, y van más o menos así: mi vieja, mi hermano, mis amigos, mi viejo, personas random, yo. Aunque a veces me agarra la locura y se van todos al carajo, y me preocupo por mí y no me importa nada. El problema no es que me preocupe, porque me parece que lo hago porque les doy una importancia grande en mi vida, el conflicto recae en el hecho de esa importancia que le doy a algunas personas o a algunas actitudes de algunas personas. Me supera, porque me consume. Creo que a veces llego a centrar toda mi atención en eso, pero para mi suerte (una de las pocas que agradezco poder hacer), tengo una armadura que, mierda, no lo trasluce. Es como ponerse vidrios polarizados encima, vos ves el afuera y nadie ve el adentro. Un diez, la verdad. Me pone un poquito mejor saber que no le trasmito mi miseria ni mi dolor casi constante a todo ser humano que me rodea. No porque no me guste contar lo que me pasa, aunque no me guste del todo y me guarde casi la mayor parte de las cosas para mí, sino porque así me ahorro una explicación que puede terminar con mi ser derramando lágrimas y una persona X escuchándome para, después, decirme que me entiende. QUE.ME.ENTIENDE. Sí, claro. No, la concha de la lora, no me entienden. Ninguno es yo como para entender lo que me duele ni lo mucho que me llego a odiar cuando me doy cuenta de cómo soy, y de esas actitudes de forra que tengo cuando quiero herir a alguien, solamente porque me hirieron antes. Y sin embargo a veces el impulso me gana y suelto todo lo que me pasa, porque a pesar de que odie los falsos "te entiendo", necesito que alguien me escuche.

  Ahí nos damos cuenta de que me contradigo en cuanto al hecho de guardarme o no lo que me pasa. Quiero pero no quiero. Ahí, también, entra mi odio hacia lo que soy. A veces me gusta el hecho de que puedo llegar a ser buena, o algo como eso, o que creo estar siempre que me necesitan, que son cosas que yo busco en la gente. Me gusta no seguir a la manada, y tener mis propias opiniones sobre las cosas. Pero ese amor no me dura mucho. La mayor parte del tiempo odio casi todo de mí. El no poder evitar putear, el no tener tacto para decir muchas cosas, el herir a la gente, cómo soy físicamente, mi constante necesidad de saber que los demás están para mí, la maestría que parece que tengo para perder personas a las que quiero, mi capacidad para llorar (que a veces parece ser es infinita), y sobre todas las cosas odio profundamente todo lo que me pasa por esas cosas. Todo. Odio saber que la culpa de todas esas cosas la tengo en parte yo y en parte él. Odio no poder expresarme como quiero cuando intento que alguien sepa y pueda, de verdad, entender qué me pasa. El no poder terminar, nunca, de contar las cosas. El miedo con lo que tengo lidiar. Y me odio porque siento que, aunque todo lo que haga sea porque lo quiero hacer, y para demostrarte a vos que aún no siendo lo que vos querés, puedo ser alguien, ser YO, nunca va a ser suficiente. Me frustra. Odio intentarlo todo el tiempo y no poder. Y nunca culparía a alguien que me odie por todo ésto, porque yo me odio.

Es increíble como todo termina con vos. Pero carezco de capacidad para quitarte importancia.
Voldemort.

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