Hice una introspección que no permití durara mucho tiempo y me di cuenta de que en muchas ocasiones me escapo de mi misma. En el momento en el que mi mente empieza a formular una serie de preguntas de las cuales no sé la respuesta, me paraba y me iba, me rodeaba de gente que quizás no consideraba muy cercana, para acallar esas voces que me atormentaban por dentro. Les tenía miedo. Miedo a las palabras que me pudieran decir, a lo que me pudieran plantear. Y es estúpido porque esas voces que tengo en la cabeza son yo, porque son parte de mí, pero de alguna forma estaba aterrada ante la idea de escucharlas decirme todas esas cosas que yo estaba intentando mejorar día a día, o que veía empeorar. Creo que hasta preferí escuchar música que no me gusta, para pensar en lo estúpida que me parecía, y no en todos los problemas que quizás tenía en esos momentos. Hoy no me pasa. Por lo menos no tan seguido.
Mi cerebro se empeña en aprovechar los momentos que tenemos a solas para soltar todas sus inquietudes, y es mi corazón quien le dice que hay que tener esperanza. Decir que discuten es poco. Que se replantean las teorías once veces también. Le buscan la vuelta, las hipótesis, todo. Porque soy una de esas personas que cuando se carcomen la cabeza lo hacen bien, con todas las posibilidades. Y al final de la discusión, Corazón siempre está diciendo que hay tener esperanza, y mi cerebro le contraataca diciendo que es mejor no esperar nada de nadie que ser decepcionado.
Y Alma aparece, después de haberse perdido toda la conversación, la investigación y la pelea. Llega en la resolución, altanera, decidida, y dice que el cerebro tiene razón. Que las ilusiones no sólo lastiman a Corazón, sino que hacen que Cerebro tenga que estar haciéndose tiempo libre para contenerlo, dejando algunas otras obligaciones de lado, provocando dolores en dónde quizás no había dolores antes, tensando algunos músculos... Cerebro queda pendiente del corazón, y es entonces, según dice el alma, el momento justo en el que se unen y ella recibe una nueva tarea: recomponer. El alma tiene que juntar a Autoestima, Confianza y Voluntad para que las cosas mejoren. Tiene que dar todo de sí para que el corazón bombee correctamente otra vez y no se vea consumido por Soledad, tiene que estar pendiente a cada minuto de que Confianza no se sienta decaída. Y, por sobre todas las cosas, tiene que hacer que todo vuelva a funcionar en conjunto. Es una carga pesada para un alma, una simple alma, que refleja la esencia de lo que la persona es, pero Alma está ahí, siendo persona, siendo humano, ayudando a sus compañeros. Los levanta, los encamina.
Cerebro le promete a Corazón que la próxima vez va a hacer hasta lo imposible para que cambie de opinión y no se lance a un callejón del que pensó que podría salir, pero en el que descubrió un muro. Pero también, en un acto de bondad pura, que si encuentra una forma de trepar ese muro, se lo va a decir. El corazón sonríe. Ve a Confianza, que está erguida, aunque un tanto magullada. Desde hacía tiempo se encontraba sosteniendo a Autoestima, que no dudaría ni un minuto si la dejasen tirarse desde un acantilado. Se sentía completamente devastada. Y entonces Voluntad le promete ayuda, y junto con Confianza, logran poner a Autoestima en pie, quien le dedica una desganada sonrisa al corazón. El mismo promete que todo va a estar bien al final, que tiene que ser fuerte, porque si ella cae, Confianza caería con ella. Y Voluntad no podría hacer mucho sola.
Es entonces cuando Calma aparece en escena. Pide silencio. Pide al cerebro que espere. Dice haber hablado con los demás órganos del cuerpo, y con todos los sentimientos y pensamientos. Dice que ellos se quejaban de la poca responsabilidad de sus líderes, principalmente los órganos, pero que les había explicado que todos podrían llegar a sentirse heridos y sin ganas de nada en algún momento. Dice que hay que combatir al miedo. Les hizo prometer que iban a dar lo mejor de sí desde ese mismo día, poniendo como ejemplo los dolores habían comenzado a sentir al estar desprovistos de mando. Hizo que los sentimientos formaran una alianza: si uno de ellos caía, los demás se veían en la responsabilidad de ayudarlo a reponerse. Y, por último, contó que los pensamientos estaban de acuerdo con ella cuando propuso que el cerebro debía escucharla antes de cometer algún acto estúpido. Corazón se rió burlonamente, pero Calma le dijo que él también tenía que aprender a escuchar, que la unidad de todos dependía de la escucha, de los debates que nunca llegaban a una resolución.
Cerebro dio un paso adelante y prometió escuchar a Calma cuando esto fuese necesario, advirtiendo que no le gustaba que lo mandaran y que, a pesar de todo, seguía siendo quien decidía sobre el resto, pero dijo que lo haría con mayor responsabilidad. Corazón admitió hacer lo que quería, al igual que Cerebro. Sin embargo, aseguró que consultaría sus planes antes de llevarlos a cabo. Alma sonrió a sus tres fieles amigas (Confianza, Autoestima y Voluntad) y prometió acudir apenas fuese necesario. Por último, Calma sonrió radiante y prometió, frente a todos, estar presente en todas las decisiones que se tomarían desde ese día en adelante, procurando velar por la seguridad del cuerpo. Pensamientos y sentimientos, a partir de ese entonces, fueron tomados en cuenta con la misma cautela, filtrándolos. Y aunque al corazón le hubiese gustado decir que había cambiado completamente, aún seguía haciendo estupideces, pero no tan seguido.
Miedo se había alejado. Quizás no tanto como a Corazón le hubiese gustado, pero Seguridad solía hacer rondas cerca para ayudarlo a superarlo. Quizás no tanto como para que Alma se sintiese aliviada, pero Alivio, cada algunos días, profesaba cerca las mejores noticias del día, sacándole una sonrisa. Quizás no tanto como para que Cerebro hubiese podido, al fin, centrarse simplemente en los órganos del cuerpo, pero éstos sabían entenderlo cuando cuestiones de fuerza mayor lo obligaban a abandonar el mando. Quizás no tanto como Calma hubiese deseado, pero si lo suficientemente lejos como para dejarla mostrarse fuerte frente a sus compañeros. Fingía, pero les daba valentía. Esperanza. Y aunque Corazón era quien siempre estaba brindando esperanza, Calma no pudo evitar fingir para que los demás comenzaran a sentirse seguros.
Fue así como un buen día, Calma se enfrentó a Miedo. Gritó, pero no salió corriendo. El miedo estaba ahí, mirándola. Sin embargo, ella sabía que no le iba a hacer daño, porque de algún modo se dio cuenta de que el miedo es parte de la vida, porque en la vida se aprende de Miedo, y Calma había aprendido a apartarlo y a superarlo. Pero no a olvidarlo. Porque siempre tenía presente que en cualquier momento, Miedo podría aparecer por allí. Aunque en realidad, quizás ella quería que apareciera por allí, para liberar las tensiones que se sufrían. Quizás ella misma sentía que necesitaba al miedo, para ser ella. Porque sin el miedo, no habría una calma. ¿Y si Calma no existiera, a quién atormentaría Miedo?
Voldemort.
(salió de la nada; me gustó)