27 de julio de 2012

No soy.


   Tuve tiempo de sobra para yacer en mi cama mirando al techo y pensar en mí, en ellos, en vos, en ustedes, en todos y en nadie. Sin embargo utilicé menos tiempo del que disponía, y me gasté el resto, como monedas de un peso en el colectivo, leyendo, hablando con personas que se encuentran al otro lado de una pantalla y me conocen bastante, y visitando a algunos de mis amigos. Pero el tiempo que usé me ayudó a darme cuenta de que la idea que doy de mi misma no parece buena. Me pasó el otro día que dije algo totalmente sin intención de herir, y lo tomaron a mal. No creo que diga tantas cosas malas al día, en serio. No me considero una persona excelente, pero ¿de verdad soy tan mala?

   Por ahí sí. Por ahí soy una persona realmente horrible. Por ahí me merezco que todo lo que diga se tome a mal, pero no estoy segura. Esta es una de las pocas veces que voy a decir algo a mí favor: no soy tan mala. Simplemente creo que esto de decir lo que me pasa por la cabeza la mayor parte del tiempo, hace que los demás crean que todo lo que digo lo digo con mala intención. No creo ser una persona realmente, realmente mala, aunque estoy segura que no soy de las mejores.

   Soy irritable. Me molestan muchas cosas. Las personas hipócritas me ponen nerviosa. Los amigos que hacen oídos sordos cuando les hablás sacan lo peor de mí. La actitud autoritaria de mi viejo me sobrepasa. La poca importancia que le dan algunos a sus amigos me hace sentir una pesada. Te voy a decir que estoy bien aunque me esté sintiendo la persona más desdichada del mundo. Pero no soy una pelotuda más. No soy la mierda que aparento ser.

Voldemort.

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