Estoy preocupada. Siento algo en el pecho, no sé qué onda. ¿Me estaré volviendo loca? Ah, no, ya estoy loca. Mala mía, perdón. QUIZÁS.
Sucede que yo, así como me ven -ah re que no me ven, porque... bueno, eso-, carezco de mucho auto-control. Véase que digo lo que me pasa por la cabeza y hago cualquier cosa. Pero bueno, no es el punto. Me desvío carajo, ¡VOLDEMORT CONCENTRATE! CON.CEN.TRA.TE. Lo que yo quería decir, es que últimamente estoy demostrando una capacidad evolucionada de auto-control para conmigo. Y eso, es preocupante.
"¿Por qué?" se deben de estar preguntando, queridos mortífagos. Porque resulta que cada vez que logro sentir más o menos lo que creo que no me va a doler, véase amor hacia mis amigos y familia y no amor hacia cualquier otro ser del sexo masculino al que pudiese considerar como pareja, ¡zas! me pasa. ¿Se entiende lo que quiero decir? El universo se complota en mí contra y ¡pum! Cagué. Ahí me empieza a gustar alguien.
Mi gran preocupación es que últimamente no me gusta nadie, y me dejó de gustar quién anteriormente me gustaba, y estoy felizmente alejada de la población masculina. Claro que como siempre estoy esperando a que alguno de mis ídolos vengan y me pidan matrimonio... o a mudarme y empezar a comprar gatos, lo que suceda primero. Pasa que me acostumbré a ser la pelotuda que se enamora del flaco que no le da bola, a la que le gusta el que es un estúpido y la que comienza a robar cunas, sin poder terminar el robo. Pero nada más allá de lo normal.
Entonces, si leemos entre líneas (?) Mi preocupación es que me empiece a gustar alguien. Que me enamore. ME ROMPE LAS BOLAS QUE ME GUSTE ALGUIEN, DE VERDAD. No me gusta, porque pensás en esa persona y sabés que no te va a dar bola y te querés pegar un tiro. Me pone muy nerviosa, porque yo soy una pelotuda -lo admito sin más-. Y estoy segura de que si me gusta alguien voy a ser más pelotuda, y me voy a detestar a mí misma. Y ya tengo suficiente con detestarme de vez en cuando o la mayor parte del tiempo y no necesito que venga alguien a hacer que me ponga más nerviosa de lo que ya, de por sí, me pongo. Pasa que yo soy un ser de sexo femenino que preferiría sacar a alguno de esos personajes que tanto ama de sus libros y ser feliz y comer perdices con ellos que enfrentarse a la triste realidad, la cual implica enamorarse de alguien a quién no conocés y, claro, eso conmigo es un problema porque le tengo miedo a enamorarme, como bien me dijo una vez un duende.
Me siento liviana. Me confesé. Y estando sobria.
Voldemort.

No hay comentarios:
Publicar un comentario