10 de julio de 2012

Inanimadanente animados.

   Qué diferentes que son las personas de un objeto inanimado, y qué parecidas, también. Porque, los cuchillos nos lastiman, un libro nos reconforta. Loco, che. Que se parezcan tanto. En especial en el hecho de que tanto las personas como los objetos pueden ser vistos desde diferentes perspectivas, tomados de varias maneras... y también juzgados.

   Vemos una mesa astillada, y lo primero que decimos es que no sirve, que no va a durar, que no la queremos en casa. ¿Por qué? Porque muchos no quieren cosas rotas, diferentes. Con las personas también pasa. Hay algunas que tienen historias que las marcaron de por vida, y muchos se alejan por lo diferentes que dichas personas son el día de hoy. Juzgar nos lleva a perder oportunidades increíbles. ¿Quién dice que esa mesa toda astillada no va a durar más que una nueva? ¿Quién dice que ese chico que sufrió un montón no va a ser una de las mejores personas que vamos a conocer en el tiempo que llevemos vivos? Nadie lo dice, pero todos nos prevenimos.

   ¿Alguna vez agarraron latas abolladas en el supermercado? Seguramente no. Seguramente las corrieron y sacaron las que estaban más atrás, porque esas son las mejores latas a la vista de todos. Aunque, en realidad, ninguna de las dos latas chorrea, una de ellas simplemente está abollada en un costado, defecto que a la vista hace que inmediatamente busquemos algo más. ¿Se nota, al pensarlo, la crueldad que uno posee en cuanto al alrededor? Con las pequeñas cosas vemos más de lo que podríamos llegar a ver con las grandes. Les puedo asegurar que las latas abolladas de salsa de tomate están para chuparse los dedos.

   Sí, estoy comparando el trato con las personas con el trato para con los objetos inanimados. Nunca mejor dicha la frase no juzgues a un libro por su portada. Podríamos decir que no hay que juzgar a las latas por sus abolladuras, a los palos de escoba por su largo... a las personas por sus expresiones faciales.

Voldemort out.

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